COMENTARIO
Una nueva y enriquecedora visión acerca de cómo poder acrecentar nuestro nivel de conciencia a través de la interacción con nuestro caballo.

El enunciado Yo frente a mí, ya está marcando una necesidad de mirar hacia dentro de nosotros mismos y dado que ello resulta bastante difícil puesto que debemos aceptarnos con nuestros aciertos y desatinos, nada mejor que el caballo, que refleja en sus acciones nuestros estados de ánimo, nuestra personalidad, siendo un espejo fiel de nuestra manera de ser. Más allá de la equitación también está marcando un camino, pues es a través de superarnos no sólo como jinetes sino como personas, que podremos llegar a comunicarnos vivencialmente con nuestro caballo.

Trabajando con una mente abierta e incursionando en niveles superiores de conciencia, surge un despertar a un modo diferente de comunicación, donde prevalece la intención, el lenguaje corporal, la intuición, las sensaciones internas y externas y el conocimiento de la psicología y lógica equina, siendo éste el mundo comunicacional en el cual se manejan habitualmente todos los caballos.

La intuición, es el sentido aumentado de conciencia y por ende, aumenta al máximo la sensibilidad.

Estos conocimientos, aportan un total beneficio a la hora de entrenar un caballo, ya que se apunta directamente a un auténtico vínculo hombre-caballo, manejándose dentro de la lógica equina, como estrato básico fundamental para obtener un resultado genuino, producto de la comprensión y del mutuo respeto y no como resultado del sometimiento y del castigo.

Rescata la importancia del Trabajo a pie en Tierra, incluso con el caballo en libertad, considerado ya por muchos autores como parte esencial de muchos sistemas abordados por la Doma Natural y que están al alcance de todos aquellos que deseen alcanzar un relación total con su caballo.
Este trabajo de Piso, incluso previo al trabajo de Cuerda, esclarece totalmente el uso de las ayudas una vez montados, cediendo el caballo a las presiones en forma natural, sin resistirse.

Resalta la importancia también de la capacidad, innata o no de la persona, en el dominio y manejo de mente-cuerpo como una unidad y del uso correcto de su fuerza interior, manifestado en forma de energía positiva, hecho hondamente conocido, por ejemplo, en la ejecución de las artes marciales.

Marca un camino, en donde cada uno es, en primer lugar, responsable de su propio desarrollo, no solamente técnico, sino fundamentalmente emocional, como para poder comunicarse con seres tan sutiles como son los caballos, que intuitivamente son capaces de captar la intención del otro, como lo hacen habitualmente entre ellos.

Por suerte, como dice Robert Happé entre otros tantos, en la actualidad, el hombre se encuentra en vías de cambios importantes tanto en su conciencia como en su actitud.
La razón por la cual gran parte de las personas fracasan en la comprensión de los demás, incluyendo en nuestro caso a los caballos, es porque ellas no se comprenden a sí mismas. Esas personas, se encuentran en un nivel de su evolución en el cual piensan siempre en términos de dualidad y siempre se encuentran en conflicto con algo o con alguien.
Pero la polaridad puede eliminarse dejando de juzgar y permitiéndose aprender a estar equilibrado.

No es fácil observarse a sí mismo y entender la manera en que uno se expresa en el mundo.
Cuando se habla de cambio, se está hablando de salir de la negatividad, ya que liberándose de ella, es fácil expresar paz y amor.
Por ahora, se vive en un mundo de polaridades y el aprendizaje, justamente radica en aprender a encontrar el centro, o sea, como ya dijimos, a equilibrarse.

Permaneciendo equilibrado, es posible dominar nuestra energía.
Pero sólo en el presente se encuentran las soluciones y ellas consisten en aceptar la vida tal cual se presenta y justamente, en poder mantenerse equilibrado.

Se debe buscar la armonía interior, el poder estar en armonía con los otros seres y con la naturaleza toda, teniendo la capacidad de poder relacionarse positivamente con todo lo que existe.

Happé comenta que la violencia es una pobre estrategia de supervivencia que ocurre donde hay falta de amor y de inteligencia.
Debemos descubrir la conexión entre todas las cosas, de la misma forma en que cada gota de agua está conectada a las demás para formar ese preciado líquido, y es allí, en ese momento, donde el ser es capaz de sentir amor, cuando comprende que cada uno de nosotros somos parte del Todo en el cual estamos inmersos.

Cada uno de nosotros puede despertar, empezando por la elección de querer ser diferentes y decidir a qué tipo de pensamientos deseamos dedicar nuestra energía.

Todas las criaturas de la Naturaleza, entre ellas nuestros caballos, tienen algo que ofrecer y que enseñar. Desgraciadamente, debido a la pérdida de nuestra falta de sensibilidad, hemos perdido también sintonía con el mundo natural y sólo miramos a los animales como algo comestible o de utilidad a nuestros propósitos, desperdiciando las enseñanzas que ese mundo tiene para brindarnos.

El hombre, a través de aprender a autoequilibrarse mental, física y espiritualmente, puede entonces entrar primero en armonía consigo mismo y luego con los demás, sean éstos de cualquier especie.

Teniendo en cuenta esta Filosofía, es que el entrenamiento se vuelve fácil, comprensible para ambos, jinete y caballo.
La técnica pasa entonces a formar parte del necesario bagaje intelectual. Pero a ello se agrega lo más interesante y creativo, que está referido al despertar de nuestras más íntimas vivencias que deberán ahora estar en concordancia con las de otro ser vivo, caballo en este caso, al cual podremos hacer feliz o desdichado, confiado o amedrentado, castigado o mimado, distante o vinculado.

En cualquier ámbito, el aprendizaje sólo es posible dentro de un marco de relajación, donde el individuo en cuestión se encuentre en sus mejores condiciones receptivas. Sabemos que bajo un estado de tensión y miedo, nadie puede aprender y lo que aquí importa, es enseñar, no demostrar el sometimiento del otro, que en dicho caso ejecuta lo que se exige por miedo y dolor, cuando bien podría hacerlo por un correcto método de enseñanza.

Siendo el caballo una criatura de vuelo, ligero en su huida, para qué cortar su fluidez y gallardía montándolo atrapado en correajes que lo acalambran, a veces con bocas ensangrentadas y muecas de dolor y sufrimiento que son ignoradas por desaprensión e insensibilidad ante el dolor de los demás? Por qué no estudiar el camino del conocimiento y la comprensión para hacer algo juntos siendo ambos felices?

Se trata entonces de una nueva propuesta que busca armonía para cada uno, para el jinete y para el caballo, para que puedan funcionar juntos como una unidad sin discordancias, empezando desde la capacidad de poder vincularse genuinamente.

Se trata de poder encontrar la belleza del movimiento, la poesía que encierra una hermosa forma, el lento fluir sin prisa pero sin pausa, la flexibilidad que posibilita una gran potencia, el brillo que nace de la seguridad con que se ejecuta algo, la confianza mutua, la magia ancestral de lo rítmico y la alegría…ese estado maravilloso que coloca a todos, en el estado óptimo que hace posible la realización exitosa de cualquier emprendimiento.