Comunicación y liderazgo I - La confianza

Juan Araquistain
Con la filosofía de la doma natural, este jinete con un destacado nivel deportivo, crea un rancho de adiestramiento y de trabajo western en las faldas de la montaña de Monserrat: Natural Hipic, Naturalhorsemanship & Western riding center.


Con este artículo voy a intentar explicar cuáles son los fundamentos que necesitamos para conseguir ocupar la posición de líder con nuestro caballo. La expresión liderazgo, muchas veces ha llevado a equívocos, en función de las distintas interpretaciones que se le ha venido dando. La verdad es que la palabra que usemos no es lo importante, sino que quede claro el concepto que defina bien el tipo de relación que estamos buscando con nuestro caballo. Probablemente hay tantos tipos de relaciones como parejas entre humanos y caballos se formen y no seré yo quien diga cómo ha de ser esa relación. Cada persona deberá decidir qué tipo de relación quiere establecer con su caballo y actuar en consecuencia.

Para mí el liderazgo, no es más que ser capaz de conseguir que nuestro caballo acepte nuestras decisiones sin oponer resistencia y haga lo que le pedimos de forma voluntaria, incluso aunque no le apetezca hacerlo en ese momento. Por lo tanto, es la actitud correcta para que, tras establecer una comunicación con el caballo obtengamos la respuesta deseada.
Para conseguir establecer ese liderazgo necesitaremos construirlo sobre una sólida base formada por tres pilares. Si falla alguno de ellos el liderazgo será débil e inestable. Tales pilares son la confianza, el respeto y la obediencia. Los tres son igual de importantes, pues se complementan. Para poder conseguirlo, necesitaríamos antes, establecer un canal claro de comunicación con el caballo, si no somos capaces de comunicarnos con él, difícilmente podremos pedirle que confíe en nosotros, nos respete o nos obedezca.

El primer problema que se nos plantea, es la propia comunicación. Somos especies tan diferentes y hablamos lenguajes tan dispares que la comunicación podría a simple vista parecer imposible. Lo que es evidente, es que si queremos comunicarnos con los caballos deberemos ser nosotros los que hagamos el esfuerzo de aprender a hablar su lenguaje, pues no en vano se nos supone una especie más inteligente.
Para mí la gran diferencia entre el Natural horsemanship y la doma tradicional, es la búsqueda de una clara comunicación del primero a la ausencia total de la misma en la segunda. En los sistemas tradicionales, se trata de conseguir un caballo lo suficientemente dócil para que no oponga resistencia a dejarse manipular, arrastrar por unas riendas, cuerdas o empujar. Pero no se le pide nada, simplemente se le hace hacer. Los que tengan sensibilidad y buen corazón lo intentarán sin causar dolor al caballo, pero por desgracia para muchos el dolor es un medio de sometimiento de la voluntad del caballo. El Natural horsemanship pretende establecer un canal de comunicación mediante el cual podamos enseñar al caballo a comprender que nuestras señales tienen un significado, que esperamos respuestas concretas a señales concretas y le enseñamos a identificarlas y luego, mediante nuestro liderazgo, conseguimos que nos de esas respuestas siempre que se lo pidamos.
Como decía para poder comunicarnos con ellos, lo primero es conocerlos lo mejor posible y ser conscientes de lo diferentes que somos. Debemos comprender como funciona su mente, pues si somos capaces de controlar su mente también controlaremos su cuerpo. Debemos saber que el comportamiento de un individuo es de dos clases. Hay una parte que viene establecido en sus genes y otra que es el resultado del aprendizaje. Los comportamientos genéticos y por tanto comunes a todos los caballos son el resultado de su propia evolución, al igual que lo es su propia morfología. El caballo actual debió adaptarse a vivir en un medio muy hostil, las grandes praderas. Al igual que su cuerpo se fue modificando hasta alcanzar su estado actual, creció para ver por encima de la hierba, sus ojos colocados lateralmente, junto a sus orejas que se mueven en todas direcciones y ayudan a su finísimo oído a detectar los más leves sonidos, su olfato y su gran sensibilidad al tacto, le permitió ser un animal con una capacidad asombrosa de detectar los posibles peligros y así poder usar un cuerpo diseñado para correr largas distancias a una velocidad increíble. Eso le permitió llegar hasta nuestros días. Para conocer bien a este animal debemos tener en cuenta una serie de características que al ser tan diferentes a las de nuestra propia especie, hacen muy difícil la comunicación entre nosotros, pero que a la vez, su conocimiento nos permite aprovechar esas características para establecer una fácil comunicación.

El caballo huye de los problemas
Hay muchos sistemas de defensa en el reino animal, unos se defienden atacando con sus cuernos o colmillos, otros se camuflan, otros usan venenos, el hombre se protege en una cueva, castillo, fortaleza, pero el caballo simplemente corre. Para el caballo es tan importante correr porque de ello depende su vida. Por eso su huida es desenfrenada y muchas veces sufren accidentes, ya que primero corren y cuando se creen seguros paran y se preguntan de que estaban corriendo. La verdad es que la huida que tan útil es para los caballos salvajes, puede ser un problema para los domésticos, pues muchas veces en su carrera se topan con infinidad de obstáculos que no deberían estar ahí. Es nuestra responsabilidad ayudar al caballo a entender que en nuestro hábitat, la huida no es siempre la mejor solución. Que puede aprender a confiar en nosotros, que le enseñaremos que no debe tener miedo, a no sentirse constantemente amenazado. Eso sí, si el caballo acaba confiando en nosotros no podemos traicionar esa confianza.
Para que la huida sea efectiva ha de reaccionar lo más rápidamente posible ante el peligro, es por ello que el caballo tiene una asombrosa capacidad de percepción de los estímulos externos, incluyendo una gran sensibilidad sobre su piel. Como complemento a su capacidad perceptiva, destaca su gran velocidad de reacción. Una vez detectado el peligro debe ponerse en movimiento lo más rápidamente posible. Para su supervivencia necesita disponer de una gran memoria, que le permitirá no volver a caer en situaciones peligrosas. Igualmente el caballo aprende con mucha rapidez. Pero debemos saber que lo aprende todo muy rápido, tanto lo que para nosotros puede ser positivo o negativo, todo dependerá de cómo se lo presentemos al caballo. El caballo es un ser muy asustadizo y desconfiado. Esa desconfianza le ha permitido sobrevivir como especie. Pero también es capaz de desensibilizarse de estímulos que en un principio le pueden parecer peligrosos, pues en caso contrario, estaría siempre huyendo sin parar y moriría. Su capacidad de desensibilización, va muy relacionada con su gran curiosidad, sobre todo en los potros. Aunque tengan mucho miedo a un estímulo desconocido, si pueden comprobar que es inofensivo pierden el temor rápidamente.

El caballo necesita compañía
Es una necesidad vital para el caballo. El grupo le da seguridad, en primer lugar porque aumenta el nivel de percepción, muchos ojos ven más que dos. En segundo lugar, en la huida en manada los depredadores tienen más dificultades para abatir a su presa. Pero para que un grupo actúe como tal, necesita a alguien que lo dirija, que tome las decisiones, pues si cada miembro del grupo toma sus propias decisiones el grupo deja de existir. Por lo tanto el hecho de seguir a un líder es innato en los caballos.
El líder del grupo será aquel caballo que por su experiencia y carácter tome las decisiones adecuadas. El líder debe demostrar que está capacitado para serlo, sino el resto del grupo, simplemente no lo seguirá. Hay dos formas de establecer el liderazgo. En los grupos salvajes el liderazgo normalmente ya está establecido, cuando nace un potro, en esa manada ya existe un líder, normalmente una de las yeguas más viejas y expertas a la que ese potro seguirá porque así lo hace su madre. Los sementales no son los líderes, pues en un grupo puede ir cambiando con el tiempo. De todas formas el semental sí que tiene capacidad de control de la manada y cuando cree que es necesario pondrá en movimiento al grupo dirigiéndolo desde detrás.
Podríamos decir que la yegua ejerce un liderazgo pasivo y el semental un liderazgo activo. Cuando se forma un grupo nuevo, los caballos determinan su posición dentro del grupo mediante juegos. Juegan a simular peleas y a perseguirse, donde siempre hay uno que domina el juego. El que es capaz de controlar los movimientos del otro está asumiendo un papel claramente de líder. Para los caballos el grupo y su líder representan la seguridad, por lo que su tendencia natural es a buscar compañía y a dejarse guiar.

Para poder vivir en grupo, los caballos necesitan comunicarse entre ellos y lo hacen sobre todo mediante lenguaje corporal. Casi no usan los sonidos para comunicarse, por lo que para ellos es muy importante poder observar en todo momento al resto del grupo para poder comunicarse con ellos. Es por ello que cuando separas a un caballo y pierde de vista al grupo se pone nervioso y empieza a relinchar, haciendo saber al resto del grupo donde se encuentra. El lenguaje de los caballos no es demasiado complejo, emiten señales con la actitud general de su cuerpo, relajación o tensión. Atendiendo a sus orejas puedes saber donde está centrada su atención, o cual es su estado de ánimo. Su cola también habla sin parar, mostrando cuando está incómodo con algo, o advirtiéndonos que respetemos su espacio. La posición de su cabeza o la tensión o relajación de sus labios y mandíbulas también nos indican si está tenso o relajado, así como si adopta una posición más o menos de sumisión, como hará el potro pequeño cuando se acerca a un adulto abriendo y cerrando la boca.
Para mejorar nuestra capacidad para comunicarnos con los caballos deberíamos profundizar en el estudio de estas características que hemos señalado y sobre todo escuchar mucho y hablar poco. Los hombres tenemos la tendencia de dar órdenes sin parar sin detenernos a escuchar que quiere decirnos el caballo, mejor nos irían las cosas si escucháramos más y habláramos menos.
El camino que yo suelo seguir para establecer el liderazgo es empezar por la confianza, seguir por el respeto y terminar por la obediencia, pero este camino se adaptará a cada circunstancia. Será siempre el propio caballo el que nos dirá que es lo que necesita en cada momento. Es verdad que hay ejercicios que podemos hacer que trabajan más un concepto que otro, pero en realidad en casi todos los ejercicios se combinan varios de estos elementos.
En este capítulo nos centraremos en cómo conseguir esa confianza del caballo, dejando para capítulos posteriores el trabajo sobre el respeto y la obediencia. Quiero dejar muy claro que todas las explicaciones de esta serie de artículos están encaminadas para poder relacionarnos con caballos ya amansados. No estamos hablando de caballos cerriles o resabiados. La verdad es que para trabajar con ellos no hay muchas diferencias de lo que aquí planteo, pero si hay matices importantes que deberían tenerse en cuenta. Pero de todas formas, los principios básicos del Natural horsemanship valen para cualquier tipo de caballo.

La Confianza
La confianza, debemos entenderla como confianza mutua. Si vamos a pedirle al caballo que confíe en nosotros, nosotros deberemos confiar también en él. Cuando hablo de confiar hablo de confianza plena, total, absoluta. Si nosotros no somos capaces de confiar en el caballo de esta manera, no estaremos siendo justos y además, él lo notará. Debemos saber que cuando le pedimos al caballo que confíe en nosotros, que deje que le guiemos, le estamos pidiendo que ponga su vida en nuestras manos y eso es una decisión muy importante para el caballo. Si el caballo da ese paso no podemos defraudarle. Ese es uno de los fundamentos del liderazgo, nunca defraudar al caballo. Si le convencemos de que puede confiar en nosotros, de que en realidad no somos peligrosos sino todo lo contrario, no podemos de repente romper esa confianza.

Para tener éxito en esta empresa lo primero que debemos hacer es cambiar nuestra actitud, debemos mostrarnos al caballo de una forma más próxima a su naturaleza, debemos eliminar de nuestro comportamiento aquellas actitudes que nos identifican como el depredador que somos. Por lo tanto estamos hablando de que "tenemos que trabajar más sobre nosotros mismos que sobre el caballo" (Ray Hunt). Lo primero que tenemos que hacer es presentarnos ante el caballo como seres inofensivos, por lo que debemos cuidar mucho nuestro lenguaje corporal para no parecer un depredador en el momento de la caza. Nosotros por naturaleza somos muy directos y eso resulta muy intimidatorio para el caballo. Cuando un humano quiere algo, centra su foco sobre lo que quiere y se dirige directamente hacia el objeto y lo coge. Estamos cazando. Un caballo nunca haría algo semejante. Cuando un caballo siente interés por algo, primero lo estudiará desde una distancia prudencial, mirándolo con los dos ojos, para lo que volteará su cabeza varias veces. Luego, despacio, se irá acercando, tal vez incluso retroceda de vez en cuando, hasta que vaya sintiéndose más confiado y llegue hasta el objeto. Una vez allí, lo primero que hará será olfatearlo bien para identificarlo. Los caballos identifican las cosas por el olor, no mediante la vista.
Una de las consecuencias más comunes de la falta de confianza es la dificultad que mucha gente tiene de coger a su caballo cuando está en espacios abiertos. Para superar este problema de confianza suele dar muy buen resultado acercarnos a él mediante lo que llamamos "aproximación y repliegue". El caballo vive dentro de una zona que lo rodea que podemos denominar zona de huida. Si algún elemento extraño entra dentro de esa zona el caballo se pone en movimiento, manteniendo siempre una distancia de seguridad con lo que teme.
Para entenderlo, es como si el caballo estuviera dentro de una burbuja, en la que sólo pueden entrar aquellos en los que el caballo confía. Ese es el motivo de que sea tan sencillo mover un caballo en libertad y a distancia, sólo con presionar el extremo de la zona de huida el caballo se pone en marcha, gira, para, etc. Dependiendo de lo tímido o asustadizo que sea el caballo la zona de huida será mayor o menor.
Para poder acercarnos a él sin que huya, lo debemos hacer con una postura relajada, que no se nos vea en tensión. Sin mirar directamente al caballo, no debe notar la presión de nuestra mirada. Debemos estar seguros de nosotros mismos, no podemos mostrarnos dubitativos, pero eso no es ser directos. Nos acercaremos hasta el borde de la zona de huida que descubriremos en el momento en que el caballo se mueva, y en dirección a uno de sus hombros. Si queremos evitar que se mueva, justo antes de llegar al límite el caballo girará su cabeza para poder vernos con sus dos ojos. Necesita hacer esto para poder calcular bien la distancia a la que nos encontramos. Al llegar a ese punto nos detendremos y quitaremos presión dando un paso atrás. En el momento en que el caballo mire hacia delante, es decir nos observe sólo con un ojo, podemos avanzar un paso más. Seguiremos este proceso hasta que estemos lo suficientemente cerca para que pueda olernos. En ese momento le presentaremos nuestra mano con la palma hacia abajo y con un movimiento de abajo a arriba, pues es mucho menos amenazador que de arriba a abajo, para que nos huela y nos pueda identificar. Será por medio del olor que el caballo nos recordará para siempre. Dependerá de nosotros que sus experiencias a nuestro lado a partir de ese momento sean o no agradables.

Es verdad que durante el proceso de entrenamiento y durante la propia convivencia diaria habrá momentos en que el caballo se sentirá incomodado, molesto, cansado, etc. Pero dependerá de cómo le presentemos esas situaciones que el caballo pierda la confianza que un día puso en nosotros.
Es muy bueno que el caballo entienda que la convivencia en el grupo que acabamos de formar hay unas normas, que si las sigue se asegurará de no tener problemas. Pero si no, los problemas aparecerán. Tiene que quedarle claro que depende de sus decisiones tener o no problemas. Cuanto más claro tenga el caballo las normas, más seguro y confiado se sentirá. Eso sí, nuestra responsabilidad es grande, debemos saber explicarle esas normas con claridad y ser siempre consecuentes. No nos está permitido aplicarlas unas veces sí y otras no, o cambiar nuestra actitud en función de nuestro estado de ánimo, o cualquier otra circunstancia. Pondré un ejemplo que creo se entenderá fácilmente: si hemos decidido que en nuestro grupo no se puede morder, ni como muestra de amistad, debemos mantenerlo siempre. No vale que le dejemos mordisquear la ropa de trabajo en busca de una zanahoria, en cambio que el día que vamos en manga corta le golpeemos por que nos ha hecho daño. O se puede morder siempre o no se puede morder nunca. No vale que se pueda rascar en nuestro brazo al quitarle la cabezada para aliviarse el picor del sudor, pero el día de concurso, que llevamos nuestra mejor camisa le corrijamos por que nos la ha manchado. Si nuestra actitud es variable, el caballo nunca sabrá a qué atenerse y lógicamente empezará a desconfiar de nosotros.
Otro consejo muy útil es que cuando lo quieras coger, nunca te acerques con la intención de cogerlo, pues tu lenguaje corporal te delatará y a los ojos del caballo parecerás un cazador. Y en ningún caso trates de engañarlo escondiendo la cabezada de cuadra. El lenguaje corporal no admite los engaños, es por eso que los caballos son tan sinceros. Debes acercarte a él con la intención de ponerte a su lado para acariciarlo, y mostrando claramente la cabezada y el ramal, es más acariciándole con ellas. Una vez que el caballo se encuentre a gusto en esa situación puedes ponerle la cabezada y pedirle amablemente que te siga, lo más probable es que lo haga gustoso, pues a tu lado se encuentra relajado, cómodo y seguro.
Una vez que el caballo ha decidido que no eres una amenaza y te deja entrar en su zona de huida e incluso deja que lo toques, esto es una vez que se ha producido el primer contacto, empieza el verdadero reto, como transmitirle al caballo que puede confiar en nosotros de verdad. Para mí sin duda la mejor forma de hacerlo es mediante las caricias. Decía Ray Hunt que "nunca se acaricia demasiado a un caballo". Y es verdad, pero no hay que confundirse, no se trata de acariciar siempre, sino cuando es el momento adecuado. Una caricia en un mal momento podrá fijar en el caballo comportamientos indeseables.

De todos los maestros con los que he podido trabajar es Steve Harris el que ha hecho de la caricia el absoluto centro de su sistema de trabajo, "The Touch of Love". Es la forma en la que nos mostramos al caballo con todo nuestro corazón, donde le ofrecemos mediante nuestras caricias toda nuestra ayuda desde ese momento y para siempre. Es un compromiso que establecemos con el caballo de que si nos da su confianza, que si pone su vida en nuestras manos, no le defraudaremos.

The Touch of Love (El poder de las caricias)
La forma que tiene Steve de empezar a relacionarse con un caballo puede parecer muy similar al Join Up de Monty Roberts, pero en realidad es bastante diferente. Voy a intentar explicar cómo podemos hacer The Touch of Love. Para empezar, dejaremos al potro suelto en el corral redondo durante un rato para que conozca el sitio, se revuelque si quiere, huela todo lo que le resulte interesante, etc. Es importante que el potro sea consciente de que no tiene escapatoria, así si se siente amenazado o presionado no intentará escapar, simplemente huirá en círculos y tampoco se distraerá intentando captar algún olor interesante o queriéndose revolcar.
SI hablamos de doma natural, es porque aprovecharemos los instintos naturales del caballo para comunicarnos con ellos y conseguir ocupar el puesto de líderes. Es natural para un caballo dejar que otro lo guíe. Pero no nos engañemos, por mucho que lo intentemos nunca seremos para un caballo igual que la yegua líder pues resulta evidente que no somos una yegua. Lo que si podemos hacer es intentar tener el comportamiento adecuado de un líder. Como señalábamos antes, en la manada hay dos tipos de liderazgo, el pasivo ejercido por la yegua veterana, que simplemente toma sus propias decisiones que los demás siguen voluntariamente, es decir, un liderazgo sin órdenes y el del semental, que conduce al grupo y lo mantiene unido. Éste sí que da órdenes y en caso de que lo ignoren pone presión a para que se cumplan. Por lo tanto para ser un buen líder deberemos aparecer ante nuestro caballo a veces con el comportamiento de la yegua y otras con el del semental. Saber en qué momento necesitamos parecernos más a uno u a otro nos lo dará la propia experiencia.
Dependiendo del carácter de cada caballo, deberemos trabajar con más o menos intensidad el respeto del espacio. Si el caballo es más tímido habrá que tener cuidado en no intimidarle demasiado y si es muy confiado, o un poco consentido habrá que trabajar más el control del espacio.
Otro tema muy importante a tener en cuenta antes de entrar en el corral con el caballo es saber que para poder comunicarnos con el caballo necesitaremos un claro lenguaje corporal y en buen control de nuestra posición. Nuestra posición en relación con el caballo hará que seamos capaces de moverlo en una u otra dirección, detenerlo o impulsarlo. Además hay que saber explicarle al caballo cuáles son nuestras intenciones, y eso lo haremos mediante el lenguaje corporal. Si quiero presionarlo, impulsarlo, adoptaré una actitud presionante hacia el caballo, debo dirigir toda mi energía al punto del caballo que quiera mover. Si quiero que se mueva a delante la presión vendrá por detrás de su centro de equilibrio, esto es, un poco por detrás de la cruz. Si quiero que gire a uno u otro lado la presión deberé dirigirla hacia sus hombros. Es importante que el caballo entienda que tiene que moverse en círculo, por lo que nosotros nos moveremos en círculo, formando con el caballo dos líneas paralelas. Si el caballo viene hacia el centro podemos poner presión hacia el centro de su cuerpo para que se desplace lateralmente hacia la valla. Si queremos detenerlo simplemente debemos cambiar nuestra posición y pasar a adelantar su hombro. Si además queremos que gire adelantaremos nuestra posición y presionaremos hacia su hombro.
Para que el caballo nos entienda mejor podemos usar herramientas que nos sirvan de amplificador de nuestras señales, como por ejemplo cuerdas, banderas, etc. Hay que entender que estas herramientas deben servir para que nuestras señales se perciban con más claridad, pero lo que hace la señal no es la herramienta, sigue siendo nuestro cuerpo. Las herramientas no serán más que una prolongación de nuestro cuerpo. Eso es exactamente lo que pasa cuando montamos. Las herramientas que usamos deben ser una prolongación de nuestro cuerpo, de nuestros brazos las riendas y de nuestras piernas las espuelas.

Para empezar, una vez que el caballo ya ha inspeccionado el corral, entraremos en él y se producirá nuestro primer encuentro. Cuando ponemos dos caballos que no se conocen en un corral, lo primero que hacen es determinar quién de los dos estará por encima del otro. Eso es lo que debemos hacer nada más entrar. Debe quedar claro desde el primer momento que nosotros estamos por encima del caballo. Que somos capaces de controlar sus movimientos. Para ello, con una actitud presionante y desde el centro del corral, mirando directamente a sus ojos constantemente haremos que corra a nuestro alrededor. Le miraremos siempre directamente a los ojos por dos razones, la primera porque en ese momento estamos metiendo presión de la que queremos que el caballo huya y segunda, porque así el caballo, aunque pierda en algún momento su atención, cuando la recupere verá que seguimos fijos en su ojo, que nosotros sí que estamos totalmente pendientes de él, por lo tanto que tenemos el control. Tanto de sus movimientos, como de la situación por si pasa algo y tuviéramos que ayudar a nuestro caballo. Se trata de que el caballo nos vea realmente como al líder que está pendiente todo el tiempo de su manada. Una vez que el caballo nos da una serie de señales, como mostrarnos constante atención, esto es que su oreja interior esté fija en nosotros de forma continuada, relajamiento general de su cuerpo, quitar la tensión de la mandíbula y dirigirla ligeramente hacia el centro y para terminar, bajar la cabeza hacia el suelo, podremos dejarle parar y que se encuentre con nosotros. Para ello, quitaremos nuestra presión visual y toda la energía que proyectábamos hacia el caballo la absorberemos desde nuestro ombligo y retrocediendo en línea recta invitaremos al caballo a que venga con nosotros. Si no viene pero gira hacia el centro del corral y se detiene mirándonos, ya es suficiente. Ese es el momento clave, en que tras presentarnos ofreciéndole nuestra mano para que la huela, pues es mediante el olfato que los caballos se reconocen entre ellos, pasaremos a realizar el Touch of Love. Esta forma de acariciar el caballo intentando hacerlo de forma semejante a que lo hace la yegua cuando lame a su potro recién nacido y que supone la primera experiencia sensorial del potro, lo que establece el vínculo con su madre, nos ayudará a transmitir al caballo, que una vez le hemos demostrado que nosotros tenemos pleno control sobre sus movimientos, también podemos ser como su madre y que aceptamos la responsabilidad de cuidarlos.
Las caricias se realizarán ejerciendo cierta presión sobre su piel y empezaremos desde el centro de su frente, donde están los remolinos. Desde allí y siempre en la dirección que nace el pelo lo iremos acariciando por toda su cabeza, desde la frente a cada lado de los ojos, pasando luego a las quijadas y bajando hasta el hocico, para llegar más tarde a las orejas.
Al estar frente al caballo, nos colocamos en su zona ciega, por lo que es probable que el caballo quiera desplazar su cabeza para poder vernos con uno de sus ojos, pero intentaremos que no saque su cabeza de la zona de nuestro pecho en donde no puede ver prácticamente nada, lo que es una primera muestra de gran confianza. Si el caballo saca la cabeza, de algún modo está huyendo de nosotros. Para evitarlo, al igual que ponemos límites cuando lo trabajamos suelto a la hora de establecer el liderazgo, para lo que usamos el corral redondo, en este caso para la cabeza, con nuestras manos colocadas a cada lado de su cabeza crearemos un límite, como si otro corral redondo rodeara su cabeza. Se trata de que sin sujetarlo el caballo entienda que hay unos límites que no puede superar y a la vez que si acepta quedarse dentro de esos límites estará seguro y recibirá estímulos agradables. Esta idea del corral redondo la podemos aplicar igualmente a distintas partes de su cuerpo, como las patas, los flancos, etc, para lo que utilizaremos un lazo.
Una vez que conseguimos que el caballo acepte dejar ahí su cabeza y disfrute de las caricias, pasaremos a acariciar todo el cuerpo del caballo. Empezaremos por el cuello y en vertical de arriba abajo, luego los hombros y bajaremos por sus brazos, hasta llegar al casco. Le pediremos que levante la mano pero sin llegar a sujetarla en el aire. Bajaremos desde la cruz por sus flancos, toda la caja torácica hasta llegar a la grupa, por donde bajaremos por el anca hasta llegar al casco, pidiendo que levante el pie sin sujetarlo. "Es como si pintáramos todo el caballo de otro color usando nuestra mano en vez de una brocha" explica Steve para comprender la forma de acariciar al caballo. Si lo hacemos poniendo en ello todo nuestro amor y compromiso con ese caballo los resultados son fascinantes.
Una buena prueba de que la confianza se ha establecido es conseguir que el caballo quiera seguirnos por todo el corral, si prefiere estar con nosotros a quedarse sólo lo más difícil ya está conseguido.