La doma y el entrenamiento - Western - Parte 1

Pilar Massaguer
Directora en Catalunya de las asociaciones AQHAS y APHCS promoviendo las razas en España
Libros editados:
Monta Americana, Iniciación a la equitación Western
La monta Western
Iniciación a la Cría
Diez guías prácticas
Vídeo en dos partes sobre la Monta Western de la cual fue traductora


La psicología del caballo

El objeto del manejo del caballo es moldearlo, no doblegarlo. Presentar al caballo las lecciones de forma progresiva y bien planificadas, que alteren su comportamiento de forma sutil, es lo que se llama el arte de domar un caballo.
Es de vital importancia para conseguir este fin que, el domador conozca la psicología del caballo. De esta manera podrá comunicarse con él para decirle qué es lo que quiere que haga.
El caballo evolucionó hasta llegar a ser tal y como lo conocemos ahora, a lo largo de miles de años. Gracias a su instinto de conservación y así evitar a los predadores, el caballo se vio obligado a una serie de cambios físicos y a una adaptación a su entorno, para lo cual desarrolló un sistema de locomoción movido por rápidos reflejos y velocidad.

Desde su domesticación hace ya más de 5.000 años, espacio de tiempo muy corto en relación al tiempo que éste existe, la habilidad del caballo para adaptarse a las demandas del hombre, ha sido impresionante.
El caballo es un animal gregario por naturaleza y siempre tiende a vivir y moverse en grupos para su propia seguridad. De esta manera en todas las manadas existe una jerarquía en la que los caballos se disponen en un orden según su autoridad. Algunos factores que influyen en esta posición son la edad, la talla, la fuerza, el sexo, el tiempo que llevan en la manada y el temperamento.
Para poder comunicarse y domar un caballo, el hombre debe establecerse indiscutiblemente como el caballo más superior.

Los tres puntos a tener en cuenta para domar un caballo son:
  1. El caballo debe ser domado con paciencia y entendimiento hasta que éste acepte y entienda lo que se le pide.
  2. Cada caballo es diferente de los demás. Aunque muchos de los principios se pueden aplicar a la mayoría de los caballos, cada individuo requiere una aproximación diferente.
  3. Es mejor tomarse el tiempo necesario para tratar al caballo con calma y buenos tratos en lugar de hacerlo por la fuerza y el castigo, ya que al final se ahorrará tiempo y dará unos resultados mucho mejores.

Por supuesto que la disciplina tiene un lugar importante en el proceso de la doma, pero sólo y únicamente debe ser utilizada en el momento oportuno y de la forma apropiada.
Los tres instintos básicos del caballo son: comer, reproducirse y sentirse seguro, y es sobre este último instinto sobre el que el domador deberá poner mayor atención para que con gran ventaja, llegue a su meta: la doma del caballo.
Si un caballo está asustado o en una situación de stress no atenderá a sus otros dos impulsos naturales, comer y reproducirse, por lo tanto, no se puede esperar que el caballo aprenda aquello que se le trata de enseñar si éste tiene miedo.
Por ello es necesario que el caballo se sienta seguro pues de esta manera llegará a confiar en su domador o jinete por encima de todos los miedos. El caballo aprende pronto que los sonidos suaves y calmados significan cosas buenas, positivas y seguras. En cambio sonidos agudos, fuertes y furiosos son negativos o que producen miedo.

El caballo asociará cada señal recibida, positiva o negativa, con lo que está haciendo en ese momento. Si consistentemente recibe sensaciones positivas cuando se relaja y se somete al manejo del domador, el caballo aprenderá a adoptar estas actitudes para poder seguir recibiendo estas sensaciones placenteras. Si por el contrario, recibe un golpe -sensación negativa- cuando por ejemplo intenta pellizcar, el caballo aprenderá a no seguir haciéndolo para evitar consecuencias no placenteras. El caballo es un animal rutinario, por lo que aprenderá por repetición a formar hábitos sencillos o naturales sobre los que construir hábitos más complejos. Por ello el domador deberá pedir al caballo, tan sólo un poco cada vez, premiándolo generosamente con cese de presión, a la mínima respuesta. El domador no debe tratar de enseñar al caballo dos cosas a la vez, ya que le confundiría. Cuanto más simple sea la tarea, más rápidamente la aprenderá el caballo.

En cambio, el domador tiene que ser consistente, utilizando la misma señal cada vez que le pide al caballo la misma respuesta. Estas señales deben ser definitivas para que el caballo no tenga que "adivinar" qué es lo que se quiere de él. La formación de hábitos es el resultado final del aprendizaje. Una respuesta aprendida a una cierta señal dada, se repite y se refuerza hasta convertirse en una reacción de costumbre. Cuando se llega al punto en que automáticamente, el caballo responde de una cierta manera a un estímulo dado, se dice que se ha establecido un hábito. Cuando la conducta aprendida consiste en acciones deseadas por el domador, se le llama buen hábito. Cuando son acciones no deseadas, se le llama mal hábito. Por ello el domador debe recordar siempre que un caballo no nace ni con buenos ni con malos hábitos, sino que los aprende.

Antes de que un mal hábito pueda "romperse", sus partes componentes deben ser "desaprendidas" y una nueva respuesta debe colocarse en su lugar a base de repetición y refuerzo hasta que se aprenda y forme así un buen hábito.
Ciertamente, no todos los caballos se comportan igual ante el mismo estímulo. En ciertos casos, unos sentidos limitados o defectuosos, pueden poner al caballo en un estado de inseguridad. Por ejemplo, un caballo con los ojos pequeños o situados bajos en la cabeza pueden propiciar al caballo a tener una mala disposición ya que su campo de visión está parcialmente bloqueado de manera que puede reaccionar impredeciblemente a la vista de ciertos objetos o al oído de ciertos sonidos. Estas lacras en los sentidos ya desde el nacimiento, producirán diferencias en la disposición, actitud, personalidad y temperamento de un caballo, lo que los hace más difíciles de educar, ya que el stress o el miedo ante lo desconocido es muchas veces la causa de un comportamiento neurótico.

Muchos caballos se estropean o se les enseña a adquirir malos hábitos como resultado de un manejo erróneo o abusivo.
Por un lado, hay personas que piensan o creen que pueden ganarse la cooperación o lealtad del caballo siendo indulgentes con él, cosa que les desilusionará ya que no entienden que lo que el caballo necesita es una sensación de seguridad y si éste debe aprender a confiar en su domador ante todo debe aprender a respetarlo.
Por el contrario, el domador con manos rudas cuya fusta o espuelas son la solución a todos los problemas, crea en todo momento una sensación de aprensión en el caballo. El animal vive en un constante miedo, esperando el próximo fustazo o golpe de espuelas. Esta sensación invade al caballo que cada vez tiene más miedo. El stress se va acumulando y el entrenador debe abusar cada vez más para hacerse con el caballo hasta que éste se convierta en intratable y resabiado o se quebranta su espíritu completamente. Es como si fuera una crisis nerviosa. El caballo que se da cuenta de su situación desesperanzada, finalmente se rinde. El resultado será la "sombra de un caballo" que nunca será una montura en la que se podrá confiar, y todo gracias a su "domador".

Finalmente el domador que conoce la psicología del caballo, será capaz incluso de "arreglar" el caballo resabiado que fue objeto de un mal manejo. Veamos el caso de un caballo que se asustó terriblemente, la primera vez que se le enganchó a un carro.
El caballo está algo nervioso por una situación de la que se desconoce qué elemento o elementos pudiera turbar al caballo -quizá todos- El caballo no se muestra aparentemente nervioso cuando se le colocan los arneses, aunque puede ser que no se encuentre muy a gusto así. Tampoco parece que su manejo a las riendas largas le incomode, pero algo sí.
Quizá incluso soporte el hecho de arrastrar algún objeto. Sin embargo, cualquiera o todas estas sub-tareas pueden contribuir a su miedo. El caballo se siente totalmente al borde de su miedo y, finalmente, cuando se le engancha al carro, explota.

Pero ahora el domador, intenta un camino diferente.
Un día tan sólo pone los arneses al caballo, de una forma tranquila y sosegada. Habla al caballo, le acaricia y quizá incluso le da alguna golosina. A continuación y de la misma forma tranquila y sosegada, le retira los arneses y devuelve el caballo a su cuadra.
Al día siguiente hace lo mismo, y así sucesivamente, de manera que, al final de la semana, el caballo piensa que el hecho de que le pongan los arneses, no es nada malo.
Después de esto, el caballo no se perturba cuando el domador lo lleva fuera y le da cuerda con los arneses puestos. Unos cuantos días así, y el caballo aceptará la idea de que llevar los arneses y moverse con ellos no le causa miedo. Cada vez que el caballo realiza una sub-tarea y recibe premio o compensación en lugar de trauma, éste recibe un refuerzo positivo. Gradualmente el domador añade nuevas sub-tareas -sólo una cada vez- de manera que cada vez que algo nuevo se añade y el caballo lo acepta de buen grado, éste regresa a la cuadra.

Finalmente, cuando todas las sub-tareas preliminares forman parte de un hábito positivo, con el cual el caballo se siente confortable, el hecho de enganchado al carro no es ya el detonador del "barril de pólvora" -porque el barril está vacío.
El domador que tiene paciencia, es sutil y sabe dar seguridad al caballo, tendrá en éste un colaborador confiado y obediente que será un placer montar.

El entrenamiento de Impresión
¿A qué edad debe empezarse a domar un caballo Western? - Tan pronto como el potro nace - es la respuesta.

De hecho, cualquiera que sea la disciplina hípica a la que se vaya a destinar el caballo, éste se beneficiará grandemente de lo que se llama "entrenamiento de impresión".

Este entrenamiento de impresión se puede definir como el proceso de aprendizaje que tiene lugar justo al nacer y durante los 20 ó 30 primeros minutos de la vida del potro, tiempo durante el cual se puede establecer un patrón de comportamiento. A pesar de que comúnmente se dice que no se debe manipular un potro recién nacido porque puede interferir en la vinculación entre madre e hijo, ciertos veterinarios y científicos, han demostrado que esta manipulación no sólo no interfiere en el vínculo maternal, sino que ayuda al potro en lo que más tarde será su verdadero entrenamiento.

El caballo se encuentra entre las que se llaman "especies precoces", es decir, que nacen prácticamente desarrollados en muchas de sus facetas, jugando dos de ellas, la visión y el olfato, un importante papel en el entrenamiento de impresión.
Durante estos primeros minutos de vida, el potro aprende a seguir y a admitir cualquier objeto grande que esté por encima de él. Si el potro, además de a su madre, ve a su "domador", para siempre quedará impreso en su cerebro que la presencia de un ser humano, es totalmente normal y de la que no hay que temer.
Al mismo tiempo, si durante su presencia, el domador, acaricia al potro que todavía está en el suelo y suavemente le toca por todas partes como las patas, interior de la boca y las orejas, etc. al tiempo que deja que éste le olfatee, no habrá problema más adelante en que el potro se deje coger las patas para arreglarle los cascos o permitir que le manipulen las orejas para esquilarlas.

El objeto del entrenamiento de impresión se puede resumir en dos aspectos:
  • El vínculo y sumisión al ser humano.
  • La insensibilización a ciertos estímulos y la sensibilización a ciertos otros estímulos.
Ciertamente y, aunque el entrenamiento de impresión es muy aconsejable, no siempre es posible.
Existen numerosos factores en contra, como es que muchas yeguas, si no la mayoría, paren durante la noche o bien de madrugada, por lo que ya es demasiado tarde cuando por la mañana el domador encuentra al potro que ya lleva de pie varias horas.
A veces las yeguas son muy celosas y se vuelven agresivas contra las personas que quieren tocar a su potrillo. Por último, en las explotaciones ganaderas en las que anualmente nacen una gran cantidad de potros, es prácticamente imposible estar por todos ellos a la vez.

La primera lección
Tanto si el potro ha podido recibir su entrenamiento de impresión como si no, es necesario que la doma del futuro caballo Western, comience de inmediato, ya que el potro crece rápidamente y es mejor que su domador pueda controlarlo, antes de que el potro lo controle a él.
Por otro lado, a los 6 u 8 meses de edad el potro participará en su primer concurso morfológico para lo cual, se requerirá de él que aparte de una buena conformación y movimientos, sepa comportarse bien y sepa posar atentamente y con sus cuatro patas formando un cuadro bajo su masa cuando sea puntuado por el juez.
El primer paso en la doma del joven potro es ponerle la cabezada de cuadra. Si el potro recibió el entrenamiento de impresión, este ejercicio será muy fácil, si no, será necesaria la intervención de uno o dos ayudantes, ya que por lo general el potro no se dejará tocar y menos aún, coger.

Un ayudante sujetará a la yegua y la colocará de forma que el potrillo quede "atrapado" en una esquina de la cuadra. El domador, en una acción rápida cogerá al potrillo pasándole un brazo alrededor del cuello y sujetándole la cola por la base hacia arriba con la otra mano. El segundo ayudante procederá a colocarle al potrillo la cabezada de cuadra, acariciándole al mismo tiempo.
Es importante que, la cabezada de cuadra sea fuerte, resistente y de la medida apropiada.
Durante unos minutos el domador y el ayudante seguirán acariciando al potrillo y le hablarán con tonos suaves para que éste vaya perdiendo el miedo al ser humano.
Este ejercicio se puede repetir diariamente con la precaución de no dejarle al potrillo la cabezada de cuadra puesta durante todo el día ya que existe el peligro de que se enganche una pata trasera en ella al ir a rascarse la cabeza.

La conducción del ronzal
Cuando el potrillo tiene varias semanas de vida se ajustará un fuerte ronzal mediante un mosquetón a la cabezada de cuadra. Mientras el ayudante conduce a la yegua, el domador llevará al potrillo del ronzal.

De hecho el potrillo querrá seguir instintivamente a su madre de manera que el domador se limitará a acompañarlo. A este nivel no conviene ejercer mucha presión, tan sólo bastará con que el potrillo ceda un poco la cabeza con una ligera presión del ronzal. Después de unas cuantas sesiones, el potrillo no objetará que el domador camine pegado a su lado, sin embargo, todavía es pronto para que éste aprenda a dejarse conducir.
El paso siguiente será comenzar a enseñar al potro a ser conducido del ronzal.

Los tres métodos más comunes son los siguientes:
  1. El domador situado en frente pero hacia un lado del potro, aplicará una ligera presión tirando del ronzal. En cuanto el potro dé un paso la presión deberá cesar.
    Situándose ahora el domador al otro lado del potro, repetirá la operación. Pronto el potro aprenderá a seguir del ronzal a la mínima presión.
  2. El domador colocará una cuerda gruesa y suave en forma de lazada con un nudo fijo, alrededor de las ancas del potro de manera que se ajuste a la medida de éste y pasando el otro extremo de la cuerda por la anilla de la cabezada, donde está ajustado el ronzal. El domador animará al potro a ir hacia delante tirando suavemente de la cuerda de la lazada que empujará al potro desde atrás.
    En cuanto el potro comience a caminar, se cesará la presión sobre la cuerda de la lazada.
  3. Este método es igual al anterior con la diferencia que la lazada irá alrededor del cuerpo del potro, justo detrás de la cruz, saliendo el extremo de la lazada entre las patas delanteras.
    En cualquiera de los casos es conveniente que la yegua esté presente y cerca del potro.
Antes de cada paso es necesario que el potro esté totalmente relajado y tranquilo. Las sesiones de trabajo no deben durar más de 15 minutos. Ahora que el potro ya comienza a seguir del ronzal deberá aprender dos palabras. Una de ellas será la cosa más importante que el futuro caballo aprenda a lo largo de su doma.

"Las primeras palabras"
La primera de ellas indicará movimientos hacia delante, por ejemplo se puede utilizar la palabra: ¡VAMOS!.
La segunda y más importante indicará parar del todo, por ejemplo se puede utilizar la palabra: ¡WHOA!.
Muy pronto el potro asociará la palabra VAMOS con un ligero tirón del ronzal hacia delante para comenzar a caminar y la palabra WHOA con un ligero tirón del ronzal hacia abajo para parar.
Más adelante cuando el potro conozca perfectamente el significado de estas dos palabras podrá el domador comenzar a enseñarle una nueva palabra y un nuevo movimiento: el paso atrás.
Para enseñar al potro el paso atrás, el domador ejercerá una presión intermitente hacia atrás con el ronzal, indicando con la voz por ejemplo la palabra: ¡TRAS!.
Si el domador no consigue la mínima respuesta por parte del potro, podrá ayudarse empujándole en el pecho con dos dedos de su mano, también de forma intermitente.
El domador deberá permitir al potro un amplio espacio de tiempo para responder a su petición.

Atar al potro a un poste
Cuando el potro tiene ya varios meses, pero está todavía con su madre, puede ser atado por vez primera. Es muy importante que la estructura a la cual el potro se va a atar, sea completamente segura y no se rompa o suelte si el potro tira de la cuerda, ya que no sólo podría herirse gravemente o incluso matarse si no que podría convertirse en una experiencia aterradora.

Una anilla bien sujeta en la pared de una cuadra o bien un poste (no un travesaño) de la cerca de un picadero serán lo ideal.
El potro puede atarse directamente con una cuerda fuerte, o mejor aún atar ésta a la cámara de un neumático y con otra cuerda atar la cámara a la anilla o poste con un nudo que el potro no pueda soltar pero que el domador pueda deshacerlo fácilmente.
La altura a la que debe ser atado el potro es al nivel de sus ojos o incluso más arriba, lo suficientemente corto como para que no se pueda trabar una pata, pero suficientemente largo para que esté cómodo. Como la goma del neumático es elástica dará alivio al potro, que lo más seguro es que tire de la cuerda, pero que al mismo tiempo le sujetará. Pronto el potro entenderá que tirar de la cuerda es hacerse las cosas difíciles a sí mismo y aprenderá a tener paciencia, permaneciendo quieto con la cuerda floja.

Nuevas experiencias: cepillado, levantar las patas
Después de que el potro aprenda a permanecer quieto mientras está atado, el domador le irá acostumbrando a cepillado y a cogerle las patas. A estas alturas el potro estará suficientemente acostumbrado a la presencia de su domador y a dejarse tocar por éste, por lo que dejarse cepillar suavemente no supondrá un inconveniente.

El domador le mostrará al potro el cepillo para que pueda olfatearlo y se acostumbre a verlo y a sentirlo sin asustarse. Suavemente y comenzando por el cuello, el domador cepillará todo el cuerpo del potro. Con un paño o trozo de tela le frotará suavemente partes más sensibles, como la cara, barriga, patas y región genital.
Hay que tener en cuenta que ciertos potros son más sensibles de piel que otros y es posible que no les guste que los cepillen, pero con un poco de paciencia el potro ser irá acostumbrando a ello.
Coger las patas del potro es importantísimo para poder no sólo limpiarle los cascos, sino también para que el herrador pueda arreglarle los cascos y más adelante herrarlo, sin que después resulte un trauma.

Para ello, el domador comenzará acariciando el cuello del potro, pasando después hacia el hombro y bajando por la pata hasta el casco. Si el potro lo ha aceptado bien, entonces el domador podrá comenzar a cogerle una mano por la cuartilla y tratará despacio de levantársela. A la mínima respuesta por parte del potro se cesará para ir pidiéndole más elevación de la pata y durante más tiempo, de una forma progresiva. Se repetirá el proceso con cada una de las cuatro patas.

Durante el tiempo que el potro pase con su madre en el cercado o en el picadero, pueden dejarse allí objetos con los que no pueda hacerse daño para que se familiarice con ellos, como por ejemplo un saco, un neumático de coche, una pelota grande, alguna bolsa de plástico, etc... El potro se acostumbrará a ver cosas diferentes y su curiosidad natural le llevará a inspeccionarlas, llegándolas a tocar y a pasar por encima sin ningún temor.