Acerca de las flexiones

José Manuel Sales Pons
Experto profesor de equitación y entrenador de exitosos jinetes


Casi siempre, el primer problema que nos plantea un caballo en la mano es que, o bien nos tira, o nos pesa a la mano o se nos encapota... para, a continuación, tirar fuerte.
Lo más común es notar muchos kilos en la mano.
Sólo hay dos motivos para que esto ocurra: uno psíquico o mental y el otro, físico.

Motivo mental: un caballo manifiesta sus desacuerdos con nosotros a través de las resistencias que nos opone su mandíbula.
Pongo un ejemplo para entenderlo mejor: cuando un niño que está jugando con un perro o un gato se pone muy pesado, el animalito acaba enviándole señales inconfundibles para que lo deje en paz, o gruñe (señal auditiva) o enseña los dientes (señal visual).
Hago una aclaración: el niño ni está montado en el perro o el gato, ni les tira de la boca... Pero resulta que la señal que nos envía el caballo para enviarnos el mensaje de que no está de acuerdo con nosotros no es ni auditiva ni visual, sino táctil: resiste a nuestra mano tirando de la rienda.
Motivo físico: el caballo no está equilibrado o no puede equilibrarse en la posición que queremos, dejándosenos caer en las manos como si fueran su quinta pata. Lógicamente, contrayendo la mandíbula y pesando lo suyo a la mano.

Solución: flexiones, pero con una mano educada.

¿Qué entiendo por mano educada?
La que antes de mandar, se ocupa en ajustar las riendas (no "tira" directamente) y la tensión que transmite la da con los dedos y NUNCA con el BICEPS.

El buen caballista sólo utiliza este músculo indirectamente. Muy importante es el ángulo de las riendas, porque el caballo sólo entiende el principio de acción y reacción (prácticamente como nosotros).
La educación se consigue a base de repetir y repetir sabiendo que las cien primeras veces nos va a salir mal o casi; que a partir de ahí y durante otros cientos de veces el progreso va a ser mínimo, hasta que un buen día diremos: ¡milagro! ya me sale la mano educada. A partir de entonces, más de una vez le diremos a un colega: "mira lo fácil que es manejar un caballo".

Cómo hay que flexionar un caballo: sencillamente doblándole el cuello.

El resto del caballo, o sea, su cuerpo, sus articulaciones intervertebrales apenas sí se pueden incurvar. Así pues hay que centrarse en el cuello y no sólo en su inserción con la cabeza -la nuca- sino principalmente en su inserción con el tórax.
Esa articulación que no se ve, es tan importante como la nuca, la mandíbula y el dorso (zona lumbar).

Cuando un caballo está rígido y se le flexiona bien, el proceso que le hacemos seguir al caballo es el siguiente: si se ha puesto rígido, lo primero que vemos es el cuello invertido y como consecuencia, el dorso hundido y los abdominales de adorno. Vamos, una pena de ver.
Al flexionarle doblándole el cuello lo que realmente le estamos haciendo es que, como los músculos de doblar el cuello y los de invertirlo son antagónicos (no pueden funcionar simultáneamente), no le queda más remedio que desinvertir y estirar el cuello que es lo que nos interesa.
Como este gesto nuevo para el caballo es un gesto confortable, tarda bien poco en relajar la mandíbula y como consecuencia, descontraerá el resto de articulaciones.