Acerca de las flexiones II

José Manuel Sales Pons
Experto profesor de equitación y entrenador de exitosos jinetes


Lo que más me interesa: que para estirar a un caballo, lo primero que hay que hacer es incurvar, o sea, la primera flexión que se le debe hacer a un caballo.

Siguiente cosa que ocurre cuando al incurvar el cuello, éste se estira: pues que al alejarse la nuca de la cruz, el ligamento nucal se tensa, lo que a su vez tensa el ligamento supraespinoso, que es con el que lleva nuestros kilos, porque hasta el momento, no conozco a ningún jinete que sea espíritu puro. Para que me entendáis: cuando nosotros nos echamos un saco de 50/60 kilos a la espalda (ahora ya no existen esos sacos), lo primero que hacemos es agachar la cabeza y doblar la espalda, con lo cual llevamos la carga con el ligamento, y los músculos del dorso los utilizamos para caminar, porque es para lo que están diseñados, o sea, su función natural.

Pues con el caballo ocurre lo mismo, sólo que su columna vertebral no es una columna como tal (yo sólo conozco columnas verticales), sino más bien un "puente vertebral" (tampoco conozco puentes verticales...).

Respecto a la sinergia cuello-riñones propia de los humanos, el único animal doméstico en el que encontramos algo similar es el caballo (y gracias a esta sinergia, podemos disfrutar de los caballos como lo hacemos).

Y el que se cabrea con un caballo es porque no es ni aprendiz de caballista.

El camélido es montable gracias a la joroba o jorobas que le dan consistencia a su dorso. El resto de animales son montables esporádicamente.
Así pues, la primera función que conseguimos al incurvar al caballo es la de que pueda llevarnos bien, que es, yo creo, lo primero que necesita el caballo cuando nos sentamos sobre su dorso.

Y si mi primera sentada es sin dejarme caer en la montura, mejor que mejor. No entiendo cómo esto, y otras muchísimas cosas primordiales, no se enseñan en los cursos de formación.

Si yo pintara algo, lo primero que haría sería que los profesionales del caballo se empaparan bien de los libros del Comandante Licart. El militar que, después de Perico Domínguez Manjón, más respeto me merece.

Si, al incurvar, ya tenemos al caballo largo de delante, ahora hay que conseguir que se ponga corto de detrás.
Para ello, lo mantenemos en un círculo que nos ayuda a tenerlo incurvado, y con la pierna interior actuando sobre el abdominal correspondiente del caballo le hacemos que cruce el pie interior. Pero resulta que, al contrario que nosotros, para cruzar el pie antes debe de meterlo un poco, por lo que a su dorso no le queda más remedio que descontraerse y abombarse para facilitar que entre el pie y lo cruce.

Largo de delante y corto de atrás, es la silueta perfecta y que más nos gusta ver de un caballo. Es la posición ideal para que un caballo nos lleve bien y que, cada vez estoy más convencido, es su primera función, luego lo primero que hemos de conseguir de él. A partir de aquí, la descontracción y relajación y el ritmo, vienen por sí mismos -es la consecuencia lógica-.

Sigo asombrándome del cuerpo y mente tan maravillosos del caballo. Lo digo porque todo lo que hacemos bien, montados, tiene su sentido aún cuando lo expresemos verbalmente mal. Me refiero a lo que acabo de exponeros sobre el cruzamiento correcto del pie interior; para conseguirlo el caballo previamente debe meter los pies, y para conseguir esto resulta que debe descontraer el dorso y abombarlo. O sea, que matamos varios pájaros de un tiro.

El próximo pájaro sería la espalda adentro, la aspirina de la Equitación. Pero aún hay que seguir con las flexiones.