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Video: Caballos en libertad


La fuerza del caballo
Fuente: Estilo de vida (adaptado y resumido)

Cuidar y montar un caballo es una escuela de vida.

La complicidad que se experimenta con este animal fomenta la responsabilidad y la autonomía personal.

El hecho de aprender a interpretar el lenguaje del animal es muy instructivo para el ser humano. Por todo ello, tal vez los mayores beneficios para el jinete son los que se producen a nivel psicológico.

“La hípica una actividad bastante absorbente, te libera de otras obsesiones. Te obliga a un orden, y a una disciplina y a una vida sana. En este sentido, ir a caballo es un poco volver a los orígenes del hombre, se experimenta una sensación de libertad”, dice Jordà.
“Se va en una posición muy elevada respecto al suelo y por sí sola esta postura mejora la autoestima”, asegura Olivia del Rosario. “El hecho de ocuparse de un animal tan grande contribuye a desarrollar seguridad”, añade. Cuando el animal confía en nosotros y se mueve al ritmo que marcamos se produce un momento casi catártico, ya que dirigimos un ser vivo, salvaje y poderoso. Esta simbiosis aumenta la valoración que tenemos de nosotros mismos.

“Practicar la hípica es la única actividad que reúne tres características a la vez: es una relación estrecha con un ser vivo, se pasa tiempo en la naturaleza y al mismo tiempo es un deporte”, recuerda Maya Pou, subdirectora del Centro de Adiestramiento Víctor Álvarez de Girona.

El secreto está en conseguir el binomio perfecto entre hombre y animal. “Jamás puedes prever del todo la reacción que tendrá el caballo, dependerá también de su estado de ánimo y de la capacidad que tiene el jinete de entender su comportamiento. La clave consiste en adelantarse a sus movimientos y adivinar cómo van a reflejarse ante los agentes externos”, dice Maya Pou.

Un buen jinete no sólo precisa intuición, sino que tiene que ser metódico y tener criterio. “El caballo te escucha a ti. Es un diálogo constante. Lo mejor no es tratarlo con fuerza, sino convencerlo de que si se comporta de una forma determinada, será lo mejor para él. Más que castigarlo con imposiciones, es mejor premiarlo con la gratificación”, señala.

Desde luego, no es una tarea sencilla. El tamaño y la fuerza del caballo pueden resultar intimidatorios. Montar es un reto que pone a prueba el afán de superación de cualquiera. Sin embargo, no hay que dejarse engañar por su aspecto exterior. El caballo puede llegar a ser muy tranquilo, pero no se ha de olvidar su extrema sensibilidad.