Domesticando (A propósito de "El Principito")

José Manuel Sales Pons
Experto profesor de equitación y entrenador de exitosos jinetes.


En estas fechas vacantes y familiares, mis nietos iban un día con sendas camisetas de "El Principito", por delante con la serpiente –que no el sombrero- y en la espalda la frase más universal: "lo esencial es invisible a los ojos". Primera incitación a escribir sobre "El Principito".

Desde hace poco más de diez años, la buena literatura hípica francófona se prodiga en citar el principio del capítulo XXI, aquel en donde el zorro le dice al Principito que para una buena relación entre ambos, primero le tiene que domesticar. Segunda incitación.

Tercera incitación: desde hace al menos un cuarto de siglo es el libro pedagógico que más utilizo en mis clases porque me ayudó a abrir un poco más los ojos. Casi como intento en este momento hacer con algunos de vosotros. ¿Por qué? Porque muchos de los que me leéis lo habréis leído. Y añado una frase de mis frasares que espero que os sirva: "si nunca segundas partes fueron buenas, siempre segundas lecturas han sido maravillosas". Os invito y os incito a que lo releáis.

Cuarta incitación: es uno de los mejores libros que he leído en mi vida. Hace años lo regalaba en algunos de los cursillos que daba y hoy en día, sigo recurriendo a él y recomendándolo encarecidamente. Para practicar la Equitación del siglo XXI hay que empaparse de la filosofía del capítulo XXI. Las mujeres seguro que me entendéis mejor. Un inciso: en cuanto se me presenta la ocasión, aprovecho para decir que la Equitación actual es casi más femenina que masculina. A los resultados me remito.

¿Qué me sugiere el capítulo XXI?

- Según el zorro del Principito, domesticar requiere "establecer lazos". Dominique Olivier lo dice con estas palabras: "Si el hombre, en su relación con el Caballo razonara más en términos de COOPERACIÓN que en términos de SUMISIÓN, desarrollaría una cultura que estaría por encima de la mera satisfacción de ser obedecido por el animal". ("Equitation: emploi des forces du cheval").

- Domesticar supone conocer mejor: "Sólo se conocen bien aquellas cosas que se domestican –dijo el zorro-".

- Domesticar supone responsabilidad: "Uno se hace responsable de lo que domestica".

- Domesticar requiere paciencia y para ello, hay que echarle tiempo.

-Domesticar requiere también un ritual. Y el rito –los "hábitos" para el caballo– son importantísimos. Os repito una frase de S. Kierkegaard: "debemos de aprender de los niños a tomarle gusto a la repetición". Y yo añado, que sin repetición no hay correcta ejecución.

- La perfección no existe, pero sí la progresión: en el planeta del Principito no hay cazadores, pero tampoco gallinas. "Nada es perfecto –suspiró el zorro-".

- La despedida del zorro: "Adiós –repuso el zorro-. He aquí mi secreto. Es muy sencillo. Consiste en que no se ve bien sino con el corazón, pues lo esencial es invisible a los ojos". Yo lo interpreto como que sólo cuando somos capaces de ponernos en el sitio del caballo (a esto hoy en día se le llama "empatía") podemos entrar en el camino de la verdad. Un interesante libro australiano, cuyo título ya es sugerente: "Los caballos están hechos para ser caballos" ("Horses are made to be horses" de Franz Mairinger).

Paz y espero que os sirva a alguien.