El caballo del alba

David Muriel Holgado
Salamanca. Iniciado en la Doma Natural con el método de la etóloga equina Lucy Rees. Se dedica a la doma de caballos Pura Raza Española.


Hace 65 millones de años un asteroide colisiono contra nuestro Planeta, haciendo desaparecer las condiciones de vida existentes, surgiendo nuevas. Entonces muchos seres desaparecieron al no poder adaptarse a estas nuevas condiciones, entre los que se extinguieron estaban los dinosaurios. Algunos mamíferos pudieron adaptarse.

Nuestro primer caballo conocido como Eohippus con una antigüedad de 55 millones de años, también conocido como "el caballo del alba", sobrevivió al tener la temperatura controlada.

Este herbívoro era muy pequeño, del tamaño de un zorro. Constancia de ello es el fósil de un ejemplar descubierto en Norteamérica en 1867.
Se averiguó que este antepasado del caballo media 30 centímetros y pesaba alrededor de 5 kilos, tenía cuatro almohadillas en las manos y tres en las patas, similares a la de los perros, habitaba en zonas de selva y en pantanos. Su pelo con la textura parecida a la del pelo de un ciervo, tenía manchas claras sobre fondo oscuro que le servía de camuflaje. Su dentadura no era muy fuerte y se alimentaba de brotes y hojas ramoneando los arbustos. También sus ojos los tenía situados centrados en la cabeza, no tenía visión lateral, que más adelante la desarrolló como parte del sistema defensivo cuando su hábitat lo estableció en espacios más abiertos. Se cree que desapareció hace de 45 a 35 millones de años, en el periodo Oligoceno inferior.

Evolucionó surgiendo el Mesohippus, hace 40 millones de años debido al cambio del clima, la hierba crecía alta.
Éste era más grande con sus 45 centímetros de altura, con su dorso arqueado, sus patas se alargaron y su cuello se estiró, se alargo su hocico sobre todo para poder ver por encima de la hierba cuando estaba comiendo, tenía tres pezuñas en cada extremidad y una dentadura con capacidad de corte, más potente para comer una vegetación variada como cualquier tipo de follaje. Sus ojos se fueron colocando a los lados consiguiendo mucho más campo de visión. Empezó a vivir en zonas de bosque donde abundaban arbustos y matorrales y empezó a desarrollar como sistema defensivo el método de la huida, así sus manchas y rayas que le servían para camuflaje fueron desapareciendo.

Siguió evolucionando en el mioceno medio y superior surgiendo el Merychippus, época en la que tuvo mucha progresión, se fue acercando al prototipo del Equus, con algún parecido al burro actual, con una alzada de 90 centímetros. Su cuello era más largo y podía alimentarse del suelo, con un alto radio de visión, sus dientes tenían capacidad de moler hierbajos duros. Tridigitado, quiere decir que tiene tres dedos que fueron desapareciendo y quedando uno principal en el centro que era el que tocaba el suelo y otros dos, uno a cada lado que se fueron atrofiando. Así podía correr mejor alcanzando mucha velocidad y recorriendo muchas distancias, utilizando la huida como defensa de los depredadores. El merychippus vivía en zonas de bosque donde el terreno era más duro.

El Pliohippus, especie que existió hace cinco millones de años, ascendiente directo del Equus Caballus ya tenia proporciones del caballo moderno, con una altura a su espalda de 122 centímetros, fue el primero que tenia los cascos formados, habían desaparecido los dedos laterales. Solípedo es el cuadrúpedo provisto de un solo dedo, cuya uña, engrosada, constituye una funda protectora muy fuerte denominada casco. Del mismo origen subgenérico del que son las cebras y los asnos salvajes.

Los anteriormente descritos son los ascendientes de lo que conocemos como Equus Caballus, extendiéndose por Asia, Europa y África.
La especie evolucionó surgiendo cuatro tipos: el caballo del bosque, el caballo de la meseta, el caballo de la estepa y el caballo de la tundra. De estos cuatro tipos y sus razas surgen las razas de los caballos actuales. Un ascendiente en el continente europeo que desapareció fue el caballo Tarpán. Hoy existen razas de caballos con algunas de sus características. Relacionados con el Equus quedaron en Europa y Asia los caballos, en África asnos y cebras y en Oriente Medio los onagros.

Qué derecho tenemos sobre él cuando lleva en la Tierra casi 60 millones de años más que el Homo Erectus. Con una antigüedad entre 15000 y 20000 años aparece en las pinturas rupestres como Equus Caballus, pintadas por el hombre de Cromagnon. En las estepas euroasiáticas los nómadas arios comenzaron su domesticación hace 6000 años.

Los llamados puentes naturales comunicaban los continentes, por ese motivo se extendieron por el continente Europeo en el período Eoceno, que es la segunda época del período terciario y abarca desde hace 58 millones de años hasta hace 37 millones de años. Estos puentes naturales se mantuvieron hasta el fin de la época glaciar 9000 A.C. y por éstos es por donde el equus caballus se expandió por Asia, Sudamérica, Europa, África. Uno de estos puentes estaba en el Estrecho de Bering.

El espejuelo de nuestros caballos, que aparece como excrecencia córnea que tienen en la parte interior e interna del antebrazo y también en las patas traseras, es utilizado muchas veces para identificarlos al ser único en cada caballo, como nuestra huella dactilar. El espejuelo es una reminiscencia del último dedo que desapareció en el caballo. También muchos caballos tienen en la punta del menudillo, en su cerneja o espolón una pequeña callosidad de lo que le quedó al desaparecer las almohadillas de sus dedos.

Hace ocho mil años en la era glacial no se sabe por qué motivos el caballo desapareció del continente americano.
Volviendo a América como lo conocemos ahora, en la época de su descubrimiento, lo introdujeron de nuevo los conquistadores españoles, por el año 1519 Hernán Cortés en una de sus expediciones llegó a ese continente con 16 caballos españoles.
Utilizando para ello unas embarcaciones llamadas carabelas, en sus bodegas había unas vigas fuertes que poseían unas argollas que a través de correas de cuero y unos arneses en forma de hamacas, recogían el vientre y las costillas de los caballos, tirando del extremo de las argollas podían ser alzados del suelo, si fueran sueltos estarían continuamente moviéndose, así conseguían su inmovilidad y no sufrían los vaivenes de la mar, se ponían en dos filas, unos en frente de otros, al verse estaban más tranquilos, también para que no cocearan y pateasen, les unían sus patas con cintas de cuero. Llegaban a su destino en condiciones lamentables, muchos se mareaban, algunos morían y los tiraban por la borda.