"Equs", el lenguaje para comunicarse con los caballos

Heidi Schmidlin Moore, publicado en Conciencia Animal

Equs, el caballo "habla" con el cuerpo

Cuando Alejandro Magno adquiere a "Bucéfalo", Filippo, su padre, le sugiere sacrificarlo por fiero e indócil, pero el conquistador se resiste: - "¡Qué caballo nos perdemos! ¡Y todo por no tener conocimientos ni resolución para manejarlo!", dijo. Tenía razón: domado, "Bucéfalo" resultó ser el caballo más rápido y resistente que ha existido. Juntos construyeron un imperio de más de 20 millones de kilómetros cuadrados.

Como en la conquista, en cualquier actividad que involucra hombre y caballo, la imposición no basta. Se necesita una sinergia de fuerzas que empate la inteligencia equina con la humana. Pasar de binomio o de hombre montado sobre caballo, a centauro: que ambos se entiendan como un solo ser a través del cuerpo y las señas.

Existe un verdadero lenguaje que permite comunicarse y entender al caballo. Se trata de Equs, sistema de señas que el vaquero norteamericano aprendió de los indios Chickasaw, y que posteriormente domadores, como Monty Roberts o Diane Sullivan, sistematizaron por áreas de conducta.

Equs, señales, gestos y sonidos

Para entender el lenguaje equino se toman en consideración tres tipos de señas: las posturas corporales, que abarcan los movimientos de cabeza (incluidos ojos y labios, orejas), la cola y los sonidos. Las orejas transmiten pensamientos, la cola estados de ánimo y el cuerpo intenciones; todas señales que se interpretan en el contexto de la edad, sexo, raza y hábitat. Facilita el aprendizaje observar el comportamiento comunicativo entre pares: cómo responde, quiénes se comunican. Según Monty Roberts en el cuerpo están las expresiones y en los sonidos, ciertos énfasis.

Por ejemplo, el caballo muestra felicidad cuando deja caer la cabeza entre las patas, luego la lanza hacia atrás y hace círculos en el aire con la nariz. Se comporta alerta, despierto. Suelta risas, recoge el labio superior, exponiendo la dentadura y haciendo corveteos a cola alzada. Es una invitación a jugar o coqueteo entre ejemplares en edad de apareamiento.

El caballo, orgulloso, se exhibe con pomposidad, alzando el pecho y los cascos. Camina a paso largo o medio galope. Apunta las orejas hacia adelante, suelta los hoyuelos de la nariz y apunta ésta al suelo, mientras arquea el cuello. Se sabe en su mejor postura. Las yeguas introducen así a los nuevos nacidos en la manada, también los potros al percibir la aceptación de un grupo de yeguas.

Pero no todos los caballos se asumen con esta gracia. Hay quienes lo intentan con frialdad y sólo logran una figura de "gato tibio", con apariencia de tener todo bajo control y no "estar ni ahí". Los demás, suelen rechazar estos ademanes y no responden, obligándole a una triste retirada de cuello y orejas gachas, señal de sumisión.

El caballo entretenido es, según Monty, aquel que alinea la cabeza, cuello y lomo, fija la mirada y lengüetea suavemente con abundante salivación. En cambio, las señales de impaciencia se reflejan en intermitentes patadas, agitación de la cabeza, saltitos laterales. Muescas similares aparecen en un caballo nervioso, pero será más duro de boca, incontrolable y hasta peligroso.

Sin embargo, se puede calmar si se le habla como aquietando a un bebé. Agradece la solidaridad entregándose al mando humano. De manera similar, el susto, enojo o aflicción se refleja cuando entierra una pezuña en el suelo, como preparando una patada, tensa el cuello y abre los ojos hasta mostrar algo del blanco ocular.

El lenguaje sexual es una mezcla de sonidos y posturas. Las yeguas sueltan gritos intermitentes agudos y cortos se ubican de frente al potro, abren las patas traseras, alzan la cola hacia un costado, echan las orejas hacia atrás, pegadas a la cabeza, y se orinan. El potro responde con la cabeza erguida, encrespa el labio superior, arquea el cuello, tensa la cola y hace una erección. Si le es permitido, orina en el mismo lugar de la yegua, como adjudicándosela.

Los gestos son enfatizados emitiendo relinchos, bramidos, gritos y lloriqueos, aunque suelen ser menos precisos que el lenguaje corporal. Los etólogos, científicos que estudian las conductas animales, aseguran que al ser humano le es difícil detectar el rango de percepción que maneja el caballo, que es mucho más amplia. De hecho, los resoplidos se suelen interpretar como un despeje de narices, cuando en realidad anuncian el advenimiento de un temblor o tormenta.

Habitualmente, sin embargo, los bufidos son señales de juego o demostraciones de impaciencia y aprensión. Para entender los mensajes hay que relacionar los sonidos con el contexto corporal. Hay relinchos largos y profundos: llamados a las crías o a otros ejemplares, también saludos al pasar un caballar cerca de otro o avisos de alguna presencia.

Del hablar caballuno depende tener la capacidad de ser un simple binomio o un poderoso centauro, que es la compenetración más eficiente. Es la manera más directa de obtener su colaboración para así aprovechar al máximo su potencial.