La Extraordinaria Capacidad Sensorial del Caballo



M. C. Francisco Ramírez Kohler.
Éste es el tercer artículo de la serie “Algunos de los aspectos más relevantes de la psicología del caballo y cómo aprovecharlos para mejorar nuestra relación con ellos” basada en el libro de Robert Miller “Understanding the Ancient Secrets of the Horse’s Mind”, publicado en 1999.


La percepción consiste en estar al tanto de los estímulos del medio ambiente. Las especies depredadas deben ser más perceptivas que los depredadores para sobrevivir. Ésta es la razón por la cual el caballo es una especie altamente perceptiva, de hecho, la más perceptiva de las especies domésticas comunes. Los humanos, como especie depredadora somos mucho menos perceptivos. Es muy difícil para nosotros entender y dimensionar cabalmente la finísima capacidad sensorial de los caballos.

Los caballos poseen los mismos cinco sentidos que nosotros: vista, tacto, oído, gusto y olfato.
Los humanos evolucionamos como cazadores y recolectores. Nuestra comida se obtiene durante el día y en la noche nos guarecemos en lugares encerrados (cuevas, casas, etc.), por lo cual no tenemos una buena visión nocturna. Como cazadores diurnos, nuestra principal herramienta es la vista. Tenemos los ojos al frente, lo que nos brinda una excelente visión binocular y estereoscópica con un sentido muy preciso de la profundidad. Nuestra capacidad de enfoque es sobresaliente, pudiendo cambiar nuestro enfoque de unos cuantos centímetros hasta el infinito con mucha rapidez.

Nuestro sentido del oído es deficiente, comparado con el perro, el gato o el caballo. También nuestro sentido del olfato está menos desarrollado que el de la mayoría de las especies. Aunque tenemos mejor sentido del gusto, éste sentido no es muy útil como herramienta de supervivencia. Respecto al sentido del tacto, en realidad éste también es inferior que el del caballo, exceptuando las yemas de los dedos.

Tendemos a subestimar el entendimiento que tiene el caballo de una situación, porque su percepción sobrepasa a la nuestra. El caballo puede detectar estímulos mucho más vagos que nosotros como sonidos, olores o hasta muestras de hostilidad o agresión de nuestra parte, lo cual desencadena frecuentemente la reacción de escape.

Si el caballo está imposibilitado a huir por estar encerrado o amarrado, esta reacción de escape se manifestará como pánico, un intento violento de huir, o como un comportamiento alterno de defensa (golpear o patear). El hombre, al no percibir la causa, atribuirá este comportamiento como estupidez o perversidad del animal.

Visión. - La visión del caballo constituye en su principal sensor de peligro y este sentido es el que más cuesta entender al humano. En algunos aspectos, la visión del caballo es inferior a la del humano, sin embargo, ésta fue diseñada con otro propósito. Los caballos tienen una visión pobre de colores, perciben la mayoría de las cosas en tonos negros, grises y blancos, por lo cual el blanco y el negro son los colores más visibles para ellos de forma que los objetos de estos colores son los más atemorizantes para el caballo, especialmente si éste no se encuentra familiarizado con ellos.

El poder de enfoque del caballo no se basa en lentes elásticos, como nosotros, que pueden cambiar de forma, sino en una retina diseñada de tal forma que diferentes partes de ella pueden ver claramente objetos a distancias específicas. Es como si los caballos usaran lentes trifocales, lo cual determina que, por ejemplo, el caballo debe memorizar la ubicación y la altura del obstáculo antes del salto, pues, de hecho, el caballo no puede verlo cuando está muy cerca de él. Por esta razón los caballos tienen que menear su cabeza y arquear el cuello para ver un objeto en el suelo al frente de ellos, y por qué bajan la nariz y huelen el objeto para identificar lo que no distinguen claramente.

Los caballos no tienen nuestra percepción de la profundidad. Al igual que otras especies depredadas, sus ojos están ubicados a los lados de su cabeza para poder descubrir a los depredadores al acecho. Ésta es la causa de la desconfianza del caballo a los charcos de agua: el caballo no puede saber si el charco tiene sólo unos centímetros de profundidad o varios metros. Igualmente, el interior de un remolque o una caballeriza es para el caballo un túnel o una cueva sin fin. En su estado natural, para el caballo los depredadores provienen de las cuevas.

Por otro lado, tener los ojos a los lados tiene sus ventajas: hay sólo un punto ciego enfrente de la cabeza y otro justo detrás, pero con una simple flexión del cuello a cada lado, el caballo puede ver todo lo que hay a su alrededor, a los 360°. Con este diseño, cada ojo ve distintas cosas, y manda distintas señales al cerebro.

Los ojos de los caballos brillan en la oscuridad debido a que poseen un reflector especial llamado “tapetum lucidum”. Esta estructura incrementa significativamente su habilidad de ver de noche. De hecho, la visión nocturna del caballo es tal, que los humanos difícilmente podemos imaginarla. El ojo equino, además tiene una habilidad inigualable de detectar movimiento. Un caballo no deja de percibir un pájaro revoloteando entre los árboles, o el movimiento de la oreja de una vaca escondida entre los matorrales. Los caballos son por esto más nerviosos cuando hay fuertes vientos. Si un caballo no manifiesta una reacción de alarma ante algo que se mueve inesperadamente, se debe a que está desensibilizado a este tipo de estímulo, no a que le haya pasado desapercibido.


Tacto. - La sensibilidad al tacto que el caballo tiene en todo su cuerpo, el humano sólo la tiene en la punta de sus dedos. Un caballo percibe perfectamente a una mosca posarse en su pelo (no se diga en su piel). El caballo siente el cambio más sutil en la postura o peso del jinete, a través del sudadero y la montura. La base de la alta escuela y el adiestramiento consiste en la respuesta condicionada del caballo a las ayudas táctiles del asiento, piernas y manos.

Esta sensibilidad combinada con la capacidad atlética del caballo es la responsable, por ejemplo, de los reparos en el caballo de jineteo, o de los problemas de manejo de muchos caballos durante el herrado o durante los procedimientos veterinarios.

Esta capacidad de los caballos también puede ser aprovechada: luego de ser desensibilizados a un estímulo táctil, a los caballos les gusta ser frotados intensamente. Ante un caballo que muestra miedo o evasión a un estímulo como cepillado, herrado, ensillado o hasta palpación, la persona puede transformar este comportamiento en otro de aceptación y relajamiento, siempre y cuando no se involucre ningún dolor y se utilicen las técnicas apropiadas.


Oído. - El sentido del oído de los caballos es mucho más agudo que el de los humanos. Ellos pueden detectar sonidos que nosotros no somos capaces de percibir y, al igual que con los estímulos visuales, los categorizar y memorizan con extraordinaria habilidad.

Por esta razón es importante que revisemos nuestros estímulos auditivos hacia los caballos, por ejemplo el “clic clic” para que el caballo avance y el “oh” para que se detenga. Si constantemente estamos apurando al caballo con el “clic clic” éste se desensibilizará y dejará de responder. Si usamos el “oh” para que el caballo se detenga, para que baje su velocidad, para que permanezca quieto, para que se tranquilice, etc., le estamos mandando una señal confusa, pues el “oh” debe tener un solo significado.


Gusto. - Como ya se dijo, el sentido del gusto es menos importante que los demás en cuanto a supervivencia se trata.
Al observar a los caballos morder las cercas de madera, la cama de la caballeriza (aserrín u otro material), los arreos y guarniciones con que los manejamos, etc., podemos pensar que tienen un sentido del gusto indiscriminado.

Sin embargo, esto no es cierto, los caballos son muy cuidadosos de lo que comen y sobre todo del agua que beben. Un cambio en el agua puede ocasionar que dejen de beber. A los caballos no les gusta el sabor del agua estancada, sucia o contaminada, o el agua que no tiene sabor. Si el alimento contiene algún ingrediente que desagrade al caballo, podemos observar cómo consume aquéllas porciones que no contienen dicho ingrediente y dejará todo lo que pueda de él.


Olfato. - El sentido del olfato del caballo, igual que el del perro, es tan superior al nuestro que ni siquiera podemos imaginarlo. Siendo un animal depredado, el caballo es especialmente sensible al olor de los depredadores (incluido el hombre), los cuales, dado que comemos carne y grasa animal, olemos a carne y grasa animal.

En nuestra relación con los caballos, frecuentemente encontramos que muestran reacciones de alarma sin “ninguna razón”, sin embargo, con nuestros sentidos menos desarrollados o diseñados en forma distinta, ésta es nuestra interpretación. Los agudos sentidos del caballo le indican que el peligro puede estar cerca, y su reacción inmediata será huir.

Si, como respuesta a este comportamiento, nosotros castigamos al caballo y le inflingimos algún dolor, entonces le estamos confirmando que él tenía razón al querer escapar y para la siguiente ocasión que perciba el mismo estímulo, reaccionará con más violencia.

La clave para la correcta interpretación del comportamiento del caballo consiste en entender el mundo desde su perspectiva. Su apreciación del mundo se basa en sus sentidos. La motivación del caballo es buscar la seguridad y la comodidad. Él da por sentado que debe escapar para protegerse si siente algún peligro. Un caballo no soportará voluntariamente la incomodidad por mucho tiempo. Si continuamente respondemos con un comportamiento que le causa más incomodidad o que atenta contra su sentido de seguridad, estaremos generando un deseo de huida.

La percepción del caballo es diferente a la nuestra, así que, para ente