Pasaje del Capítulo IV del libro "Yo frente a mí: lo invisible de la vida y el lado mágico de los caballos"

Graciela Arroyo de Bofill: Lic en Psicología, amazona de primer nivel - Máximas Exigencias (Adiestramiento), instructora de nivel Avanzado de la Federación Ecuestre Argentina y Coach Level One de la Federación Ecuestre Internacional

YO FRENTE A MÍ: LO INVISIBLE DE LA VIDA Y EL LADO MÁGICO DE LOS CABALLOS Filosofía, Psicología y Autoayuda deportiva
Volumen II





Un breve pasaje del Capítulo IV:

Ver es dudar...Oír es continuar dudando...Sentir es creer -
Ed Parker
  • El sentir o tacto ecuestre
  • El verdadero cambio
  • La sabiduría tolteca como facilitadora del cambio
  • Poesía: Tú mismo – Graciela Arroyo
Para entrar en la sutileza, deberemos esforzarnos por ser capaces de sentir cada vez más todo lo que pasa en nosotros, externa e internamente y por supuesto todo lo que pasa interna y externamente en el otro, o sea en nuestro caballo.
Nuno Oliveira claramente expone al respecto: "La equitación no es una ciencia exacta. Hay que sentir y no tener un sistema en la cabeza".

En un principio, los jinetes no son capaces de sentir sutilmente lo que está pasando en su propio cuerpo o en el de su caballo tales como el equilibrio lateral y longitudinal, la relajación, el centro de gravedad, la energía, el movimiento interno, la respiración, el tono muscular, el desbloqueo o bloqueo de cualquier articulación, la propulsión, la regularidad, la tensión de la columna vertebral, los posteriores bajo la masa, las contracciones musculares, qué nos dice el caballo con la boca en nuestras manos, a dónde se halla el propio peso o el suyo, etc.

Muchos jinetes permanecen entonces como anestesiados a estas sensaciones, careciendo por lo tanto de tacto ecuestre.
Nuno Oliveira brinda una definición muy simple pero muy cierta acerca del significado de tacto ecuestre, escribiendo en su libro "Reflexiones sobre el arte ecuestre": "La única definición posible es el propio descubrimiento; llegar un día, después de muchas horas de monta, y de pronto sentimos y percibimos el auténtico significado del tacto ecuestre" y agrega: "La persona que ame al caballo, le comprenda y sienta sus necesidades, será la única que pueda tener tacto ecuestre.
La mayor delicadeza del jinete, debe ser su tacto con el fin de obtener la mayor flexibilidad y movilidad posibles, resultando una educación física superior".

Es posible "sentir" tanto el estado físico como el estado mental del caballo y de esta forma, se podrá actuar fácilmente en consecuencia.



Algunas personas tienen más facilidad que otras para "sentir" a su caballo, aunque pueden siempre, a pesar de tener esta habilidad, seguir perfeccionándola aún más para continuar elevando su "sentir" a la máxima expresión posible, llegando a alcanzar una sutileza suprema, hecho que convertirá en deleite todo el trabajo.
Pero no se puede excluir y privar de esta posibilidad a aquellos que les es más difícil acceder a estas sensaciones.
El entrenador (o sí mismo si se tiene la suerte de poder ser autodidacta), debe ayudarlos a que puedan descubrir y mejorar todas las sensaciones que reciban tanto de su propio cuerpo como las que reciban del cuerpo su caballo, ya que más adelante deberán percibir dichas sensaciones como sólo una, o sea las sensaciones de ambos cuerpos y de ambos estados de ánimo a la vez, ya que estos funcionarán armoniosamente al unísono.

Desde ya que se necesita una práctica correcta que haga posible que las sensaciones afloren, una enseñanza para detectarlas llevada a cabo en forma regular, una práctica permanente, tener además el anhelo de descubrir dichas sensaciones estando dispuesto a dar respuesta a ellas para que se cree un verdadero feedback y hallarse intrínsicamente motivado para seguir encontrando más sensaciones permanentemente durante todo el tiempo en que se monta.
Sobre todo en los comienzos de este aprendizaje, se debe permanecer con una mente abierta para poder encontrar cualquier sentimiento, ya que el jinete que está incursionando en estos descubrimientos, no sabe bien aún que es lo que está buscando puesto que es algo totalmente nuevo para él. Además, el sentimiento no puede ser transmitido en forma concreta y objetiva como se hace habitualmente con otro tipo de enseñanzas.

Para poder descubrir el "sentir" ecuestre, se puede comenzar por:
  • Tener una idea recogida de la experiencia de otros. Esto se logra a través de lecturas afines o de profesores que transmitan sus propias sensaciones. En esta etapa es necesario que el jinete aprendiz que aún no sabe claramente lo que busca, tenga la certeza que existe algo más allá de lo que él ya conoce y que aún no ha descubierto ni experimentado. En base a la idea original de lo que se pretendía encontrar al sentir, deberá incursionar y animarse a probar en torno a dicha idea a fin de rescatar las sensaciones que vayan surgiendo.
  • Luego, es útil observar a quienes tengan una monta correcta para tratar de reproducir su actitud además de pedirle que vaya explicando lo que siente y lo que hace en respuesta a ello, para escuchar y ver a la vez qué es lo que ejecuta como ayuda a modo de respuesta a su caballo, qué va sintiendo y los resultados que obtiene con su accionar.
  • Pero es sólo a través de la experiencia, que no se consigue de un día para el otro, que el jinete podrá encontrar el "sentir".
         En los inicios del descubrimiento podrá sentir una vez algo,
         luego perderlo, luego volverlo a encontrar hasta que por fin,
         lo encuentra para siempre.
         Valga el dicho: "El que hace un cesto, hace cientos".
         La experiencia será ardua pues se logra a través de incansables
         repeticiones correctas, gracias a las cuales es factible aprender,
         pasando por momentos de meseta en el aprendizaje durante el
         cual el jinete estará empantanado en la planicie sin hallar salida
         a su problema, hasta que por fin, encuentra el conocimiento buscado.
         El jinete habrá aprendido a sentir precisamente durante su
         estancia en el momento de meseta, aunque él no se esté dando
         cuenta de ello, ya que el aprendizaje no se produce en el
         momento preciso en que siente que obtuvo el logro deseado,
         sino que se aprende recorriendo el doloroso camino de la espera
         y de la búsqueda para poder descubrirlo, debiendo además ser
         capaz de superar todo tipo de frustraciones encontradas en el camino.
Cuando el jinete es capaz de "sentir" a su caballo, puede actuar con anticipación, o sea antes de que se produzcan los errores, pues le es posible responder con la ligereza necesaria para evitarlos. Mediante la anticipación, el jinete será capaz de poder actuar con mayor prontitud de movimientos o ideas que el caballo.
Pierre Chambry, profesor y jinete de la escuela de Equitación de l'Orcherè dice al respecto: "Es a partir del sentimiento de los movimientos del caballo como el jinete puede obrar con tacto, concertando sus ayudas con precisión, medida y tino".

En síntesis, se trata de poder distinguir:
  • entre un correcto movimiento muscular del caballo y una correcta colocación de su esqueleto en una posición tal, que le permita lograr lo que se le solicita hacer y
  • entre una condición incorrecta de dichos aspectos que no le va a poder permitir una ejecución adecuada.
Bellier, con una analogía que hace más que comprensible lo que significa sentir al caballo, agrega en referencia a esto: "Un jinete que no sienta a su caballo puede compararse a un músico que no tenga oído".