Pasaje del Capítulo IX del libro “Yo frente a mí: lo invisible de la vida y el lado mágico de los caballos”

Graciela Arroyo de Bofill: Lic en Psicología, amazona de primer nivel - Máximas Exigencias (Adiestramiento), instructora de nivel Avanzado de la Federación Ecuestre Argentina y Coach Level One de la Federación Ecuestre Internacional

YO FRENTE A MÍ: LO INVISIBLE DE LA VIDA Y EL LADO MÁGICO DE LOS CABALLOS Filosofía, Psicología y Autoayuda deportiva
Volumen II





Un breve pasaje del Capítulo IX:
Si se deja de hacer lo incorrecto, lo correcto surge por sí mismo – F. Matthias Alexander

  • Relajación y energía
  • Movimiento y tono muscular
  • Ítems a tener en cuenta para un mejor desempeño
  • La lógica de la efectividad
  • La educación y el Principio Biocéntrico
Cada persona posee, sin estar realizando ninguna acción determinada, un tono muscular base que lo caracteriza.
Es importante para el jinete poder recurrir a distintos matices del tono ya que según cada circunstancia, deberá emplear el grado justo de tensión necesario para cada movimiento en ese instante preciso.
O sea, si tiene un tono más alto o más bajo que el que la circunstancia requiere, el jinete verá dificultada la ejecución correcta.
El uso del tono apropiado imprime elegancia y sutileza al desempeño además de fuerza.
Joaquín Benito Vallejo dice: “El tono propicia por un lado, la atención y la concentración y por otro, la precisión, la continuidad, la coordinación, la secuencialidad, las calidades de la acción relacionadas con la duración, el mantenimiento, la temporalidad y el ritmo.
En definitiva, el equilibrio, la armonía y la economía del movimiento”.

El tono muscular se encuentra relacionado con:
  • la respiración,
  • la afectividad y
  • con el modo relacional del individuo
El Dr. Julián de Ajuriaguerra, neuropsiquiatra y psicoanalista, utilizó el término “diálogo tónico” para referirse a la primitiva forma de comunicación que se produce en la temprana relación entre el bebé y su mamá
. Se trata de la primera forma de comunicarse, previa al lenguaje, que tiene el pequeño para poder relacionarse con el otro manifestando sus necesidades, lo que acepta o lo que rechaza, sus deseos, etc, produciéndose a través del contacto corporal mutuo en donde también interviene el tono materno, buscando una acomodación corporal entre ambos en un intercambio permanente de distintas posturas buscando a través de la movilidad, que dichas posturas resulten confortables para ambos cuerpos, tanto para el que sostiene como para el que es sostenido.

La madre tiene un papel significativo en la configuración tónica del niño a través de las vivencias infantiles en etapas tempranas, dado que nuestro tono se encuentra influenciado por el tono de las demás personas que es a su vez quien nos manifiesta su forma de ser y cómo responde a las circunstancias.
Se trata entonces de la acomodación entre el cuerpo de la madre y el cuerpo del niño en los brazos de ella que es quien lo mantiene.
El término mantener no quiere decir estar fijado sino que está referido a la acomodación recíproca.
Existe un lenguaje de gestos y actitudes que representan una comunicación afectiva y un lenguaje de acción ejercido a través del movimiento.
Ajuriaguerra dice: “El niño puede cambiar de postura para encontrar una sensación de bienestar o para encontrar formas de regulación de la proximidad y de la distancia o aún para expresar cualquier cosa.
A veces, sin embargo, estas actitudes pueden corresponder a mecanismos innatos que no traducen una necesidad de comunicar, mientras que el adulto las puede percibir como una señal y responder a través de una acomodación del mantenimiento”.

Analizando este diálogo tónico que se produce en la relación madre-hijo, surge que este concepto es sumamente válido para entender el diálogo tónico que existe en la relación entre el caballo y su jinete y que se produce también a través del contacto corporal, siendo a la vez un lenguaje no simbólico ni hablado y en el cual permanentemente se está buscando una acomodación de ambos cuerpos entre jinete y caballo a fin permanecer unidos confortablemente.

Las ayudas de la mano, de la pierna y del asiento están perfectamente encuadradas dentro de este diálogo tónico, utilizadas para comunicarle cosas al caballo. El jinete debe percibir entre otras, las señales emitidas a nivel tónico por su caballo respondiendo a través de una acomodación del mantenimiento de su caballo que está entre sus piernas y bajo su asiento.

También se trata de una acomodación recíproca.
Dado que el diálogo tónico es comunicarse a través del tono por el contacto corporal, los diferentes grados de tono muscular utilizados según las circunstancias tanto por el caballo como por el jinete, sirven para comunicarse mutuamente el estado psico-físico actual de cada uno porque a través del contacto corporal, se transmite el estado de ánimo de ambos ya sea de serenidad o agitación, de desprecio o afecto, de distracción o de concentración, de aflicción o de alegría, de agrado o de disgusto, de ira o de paciencia...
En este aspecto, el caballo por naturaleza, capta más fácilmente que el hombre este tipo de diálogo.
De allí que como él sabe leer nuestro cuerpo y escucharlo, puede percibir a través de un tono tranquilo y relajado, que su jinete está montando placenteramente, o percibirá a través de su tono crispado que tiene miedo y desconfianza, o percibirá un tono bajo en el cual podrá advertirle sobre la pérdida de la energía vital del jinete; a través de un tono fuerte, intuye ira, rabia, enojo, que lo pondrá ansioso dado que será fuerte y a la vez crispado, pudiendo diferenciarlo de un tono fuerte pero vital y liviano que acompaña a la alegría y no al enojo.

El jinete, a diferencia del caballo, además de no poder diferenciar los distintos tonos musculares del mismo ni mucho menos los distintos matices dentro de un mismo tono, debe recordar y reaprender aquel sentir original en el diálogo tónico con su madre para estar a la altura de este tipo de diálogo con su animal y entenderle pudiendo darle respuestas coherentes.
Queda claro entonces que el tono nos indica de manera sutil lo que está sucediendo en el cuerpo tanto del jinete como del caballo, dado que el cuerpo jamás permanece neutral.
El poder regular el tono muscular especificándolo para cada movimiento, se puede ir aprendiendo, como así también el poder trabajar en forma independiente las distintas partes del cuerpo para luego poder coordinarlas entre sí.
El tono muscular es un aspecto importante de la energía y es quien fija la energía indispensable para que un movimiento pueda ser ejecutado.
Podemos hablar de cantidad y de calidad de la energía, la cual depende directamente del estado emocional. Podemos entonces hablar, como dijéramos, corroborar la existencia de un tono psico-físico que posee cada persona y que la caracteriza de acuerdo a su historia personal.
De ahí que resulta complicado rectificar el tono, ya que implica una reflexiva toma de conciencia con respecto a sí mismo además de aprender otro tono a través de una práctica que lo haga posible.
En realidad se trataría de volver al estado inicial del tono muscular normal que debido a distintos factores se fue degenerando perdiendo así sus cualidades esenciales.

Existen diferentes grados de tensión que van desde la hipotonía hasta la hipertonía.

Están quienes poseen un tono alto, excesivo, que es limitador del movimiento, presentando una consistencia muscular fuerte y rígida, que provoca su acortamiento y contractura y unas articulaciones con movilidad limitada, resultando rígido a la palpación.
Acumulan y retienen mayor cantidad de tensión que la necesaria lo cual complica su estado psico-físico.
Los movimientos resultan bruscos e impulsivos y el cuerpo funciona como un bloque sin poder separar las partes, dificultando además la postura.
Como resulta obvio, carecen de fluidez y en general no ayuda su carácter inflexible.

En el otro extremo se encuentran aquellos sujetos que poseen un tono bajo, escaso, laxo, débil.
Las articulaciones presentan demasiada extensibilidad y flexibilidad y los músculos son blandos y poco resistentes, resultan flácidos a la palpación, careciendo de la posibilidad de acortamiento y contracción, con lo cual también existe falta de elasticidad como en el caso anterior.
Les resulta insuficiente la potencia necesaria para cualquier accionar porque existe escasez de energía.

Un tercer tipo corresponde a un tono fijo intermedio entre ambos.
Es un tono neutro y estas personas pueden denominarse atónicas.


La aplicación de tonos inadecuados muestra jinetes incapaces, confusos y desordenados que tienen que emplear un mayor esfuerzo que va en detrimento de su concentración.

El tono óptimo es aquel que puede acomodarse a cualquier accionar, presentando una amplia gama de expresiones.
Las articulaciones permanecen libres y los músculos permanecen flexibles y elásticos, no sufriendo consecuencias perjudiciales.
Esto permite movimientos coordinados, fluidos y exactos con un tono óptimo para cada accionar, pudiendo establecer zonas corporales activas y pasivas dentro de un mismo movimiento.
Los jinetes noveles no pueden por ejemplo utilizar una pierna pasiva y otra activa según el ejercicio, utilizando ambas piernas a la vez y con la misma intensidad.

Resumiendo: los animales y los niños pequeños, perciben con facilidad la actitud, el diálogo tónico y el gesto del otro y esta capacidad es la que debe rescatar el jinete de su pasada infancia ya que el caballo, además de ser un profundo conocedor del lenguaje corporal, puede también conocer nuestro verdadero sentir interior. Somos transparentes ante su mirada, lo cual hace muy difícil poder mentirle.
El jinete no sólo debe tener muy claro qué es lo que le está pasando a él, sino también debe tener muy claro qué es lo que le está pasando a su caballo.
El jinete debe intentar mantenerse apacible, sosegado, con la tranquilidad necesaria que le permita sentirse internamente seguro para que ello se traduzca en su actitud y en el lenguaje de su cuerpo.