Notas sobre la enseñanza de Nuno Oliveira

Jeanne Boisseau
Publicado por: José Manuel Sales Pons
Experto profesor de equitación y entrenador de exitosos jinetes


Doma, tacto

El drama de la equitación es que, a pesar de todo el saber de los jinetes, el caballo tiene reflejos más rápidos que el hombre. A caballo no hay que dejar de observar.

La equitación no es una ciencia exacta. Hay que SENTIR y no tener un SISTEMA en la cabeza.

No hay trucos en equitación. Hay simplemente jinetes que tienen más o menos tacto ecuestre y los otros.

Hay dos cosas en equitación: la técnica y el alma.

La equitación está hecha de una cantidad de pequeños detalles que deben ser respetados.

La equitación no es la búsqueda de éxitos en público y la autosatisfacción después de algunos aplausos. Es el diálogo “tete a tete” con el caballo, es la búsqueda del entendimiento y de la perfección.

En equitación, no puede haber verdadero método, cada caballo es un caso.

La doma no consiste en ejecutar aires difíciles, sino hacer al caballo más dócil, más flexible y darle un mejor equilibrio.

La doma, es el perfeccionamiento de los tres aires naturales del caballo. El arte ecuestre es la poesía de todo esto.

Un caballo domado es un caballo elástico, agradable de montar, feliz y no un caballo que hace gesticulaciones.

La técnica puede llevar a un cierto nivel. Pero por encima de ello, hace falta la adhesión psicológica del caballo.

El Arte Ecuestre está hecho de una infinita cantidad de pequeños detalles y del sentimiento del jinete.

El Arte Ecuestre comienza por la perfección de las cosas simples.

El Arte Ecuestre, es para el jinete, el arte de permanecer tranquilo y de mantener, a su caballo derecho.

Abandona un poco la técnica y monta con tú corazón. Hay que sentir y llegar hasta la emoción.

El tacto ecuestre, no es solamente la delicadeza de las ayudas, sino también el sentido para elegir las ayudas a emplear. Y esto es la firmeza en la acción de conjunto.

Actúa de manera que el caballo acepte voluntariamente el trabajo y que no se sienta molesto.

No empleéis jamás la fuerza, salvo cuando rehúse ir adelante.

Busca la pureza de los tres aires. El resto vendrá con facilidad.

No hay que permitir que sea el caballo el que mande, pero hay que conseguirlo sin lucha; entonces permanece conciliador para evitar la lucha.

Toma el hábito de acariciar cuando el caballo se ha entregado.

Cuando un caballo se enerva al pedirle un ejercicio nuevo, hay que calmarle en el ejercicio, si no se enervará cada vez que se le exija algo más o nuevo.

Si tú caballo se excita, no te enfades. Acarícialo con la voz.

Cuando un caballo tiene tendencia a excitarse, hay que abordar los ejercicios con tal diplomacia que no se dé cuenta de que va a hacerlo.

No juegues todo el tiempo al patrón. La dificultad está en sentir cual es la dosis de intervención a emplear.

No exijas siempre que el caballo dé el máximo. Aprende a esperar a que sea capaz.

Si un caballo joven hace bien un trabajo simple, aprecia su buena voluntad. Si un caballo viejo vence sus rigideces para complacerte aprécialo también.

Si estás únicamente interesado por los puntos, si éste es tú único criterio de contento o de decepción, mi equitación no te interesa.