Oración del caballo



Te ruego, amo mío, que escuches y atiendas mi oración, aliméntame y calma mi sed.

Después de terminado el trabajo y la tarea del día llévame a una cuadra limpia.

Háblame mucho, porque la voz, es más eficaz que las riendas y las espuelas.

Acaríciame y enséñame a trabajar, con paciencia y buena voluntad.

No me hostigues en las subidas, ni tires de las riendas en las bajadas.

Si no entiendo enseguida, no uses la fusta, mira primero, si las herraduras me lastiman, los cascos, la cincha o el bocado me aprietan demasiado.

Si crees que desdeño el pienso examíname los dientes.

No me cortes la cola, es la defensa contra las moscas que me molestan y atormentan.

Quiero amo, que cuando la edad me haya debilitado e inutilizado, no me envíes al matadero, ni me condenes a morir de hambre. Mátame con tu propia mano, tan querida para mí, para que no sufra inútilmente.

Perdóname que acuda a ti con esta súplica humilde, en recuerdo de aquel, que como yo, también nació en un establo.