El amanse previo del caballo. Requisito fundamental para herrar sin riesgo

Daniel Anz
Herrador profesional

Durante su trabajo cotidiano, el herrador suele enfrentarse a animales que no han sido amansados correctamente. Bien es sabido que el trabajo del herrador es herrar y no amansar. Pero existe una gran variedad de situaciones donde contar con conocimientos sobre amanse ayuda a disminuir los riesgos que tantos accidentes suelen ocasionar. Patadas, mordiscos, espantadas repentinas, falta de confianza en el herrador, intenciones de escapes, miedo, etc. Todas, actitudes que ponen en riesgo la integridad física de quien debe estar en íntimo contacto físico con el caballo.

Por lo tanto, tener en conocimiento algunas técnicas de amanse puede significar una gran diferencia entre trabajar tranquilo o bajo permanente estrés.

Todo comienza en el potrillo. Debido a que la mejor inversión que puede realizar un criador de caballos es comenzar a cuidar los pies de sus potrillos, el herrador se ve en la necesidad de aprender (y cada vez más) a tratar con estos caballos adolescentes.

Si bien los potrillos requieren de un trato más suave -de movimientos lentos, repletos de confianza por parte del herrador- por otro lado, se cuenta con la ventaja de que el carácter del potrillo se encuentra abierto, es decir, todavía maleable.

Un caballo adulto, con el carácter ya formado, necesita de un trato adaptado a ese carácter específico, en cambio, un potrillo, es todavía manejable y asumirá el aprendizaje de una manera más directa.

Son innumerables las técnicas de sujeción o métodos para que el animal permanezca inmóvil, y muchas de ellas requieren de cierta violencia o de sistemas que inmovilizan por dolor. Son sólo útiles a corto plazo y nunca dejan de causar efectos secundarios en la conducta del animal.

Lo que se busca es un método que permita al animal aprender por voluntad propia. Se debe llegar a la raíz de lo que luego concluirá en una gran confianza hacia el herrador. Y es esto la base de un buen amanse: confianza plena hacia quien será el nuevo maestro o líder.



Trabajar desde la raíz de la conducta del animal, sea potrillo o caballo adulto, es comenzar por otorgar el liderazgo a quien será el nuevo maestro.

Cuando intentamos tomar la mano o pata de un potrillo, o de un caballo que está acostumbrado a ser él quien marca el ritmo de aprendizaje, nos enfrentamos a una situación donde nosotros somos los alumnos y el caballo es quien nos pretende enseñar qué debe hacerse y qué no debe hacerse. Es el potrillo o caballo que nos enseña a que la mano no debe tocarse, a que la pata no debe levantarse, a que él no debe estar sujeto a algo, etc.

Entonces, cuando el herrador pretende enseñar desde la posición de alumno, es cuando se produce una reacción negativa por parte de ambos: ambos son alumnos pero, a su vez, ambos desean ser el maestro. Normalmente, se concluye en una enseñanza a través de la violencia.

Un acertado dicho dice, "acabando la habilidad comienza la violencia".

Pues entonces, habrá que recurrir a la habilidad y aprender la forma de traspasar el liderazgo desde el caballo hacia el herrador, con el objetivo de enseñar desde la posición de maestros.

Al comenzar a trabajar con un potrillo, debemos establecer nuestro liderazgo sobre él. Debido a que, por naturaleza, el caballo común confía y, en cierta forma, se somete al líder de la manada, el herrador debe considerar esta conducta natural en beneficio de una enseñanza basada en la confianza. El potrillo debe confiar en el herrador, y lo hará si el herrador cuenta con aptitudes de líder.



Cabe mencionar que de nada sirve pretender ser el líder para poder castigar desmedidamente al animal desde una posición, jerárquicamente, superior. No debe confundirse liderar por confianza mutua a liderar sólo por sometimiento.

Para traspasar el liderazgo desde el potrillo o caballo hacia el herrador, previamente, se debe generar en el animal la duda que le hará preguntarse ¿quién, finalmente, es el verdadero líder, yo como potrillo o él como herrador? Para generar esta pregunta en el animal, se debe ejercer cierta presión psicológica. Y para llegar a este punto, previamente, el herrador deberá posicionarse como un individuo de mayor fortaleza de carácter.

Lo hará obligando al caballo a realizar algo que naturalmente no hace. Debido a que los caballos no caminan hacia atrás de forma natural y voluntaria, el herrador puede aprovechar esta condición con el fin de posicionarse sin recurrir a la violencia.

Presionando mediante el cabestro del bozal, hará caminar hacia atrás al potrillo hasta que éste ofrezca cierta resistencia. Durante este acto, el herrador permanecerá en contacto físico con el animal, con el fin de demostrar que no hay actitud de agresión física. Lo empujará hacia atrás ejerciendo presión mediante el cabestro y su hombro.

Cuando ambos se hayan detenido, el herrador, con posición erguida, casi altanera, permanecerá junto al potrillo, sin mirarlo a los ojos pero sí atento a los movimientos del hocico, ojos, cuello y orejas. Y permanecerá junto a él hasta que el potrillo acepte el reto, hasta que ceda parte de su liderazgo.

Habrá aceptado la derrota psicológica mediante movimientos con la boca, semejantes a mascar, indicadores de relajación. Es hasta este momento que se le habrá ejercido al animal la mayor presión psicológica. Los potrillos o caballos de carácter fuerte, suelen demorar varios minutos en ceder el liderazgo. Se muestran nerviosos y buscan cualquier excusa con tal de no ceder el liderazgo, como comer pasto, torcer el cuello, dirigir la vista hacia un lado y otro, pretender irse, bajar y subir la cabeza nerviosamente, mover las orejas, etc. Pero cuando lo han cedido, habrán entregado al herrador gran parte de sí mismos, algo valiosísimo, el haber aceptado "estoy de acuerdo, tu mandas".

Ni bien el potrillo o caballo manifiesta su aceptación mediante movimientos de relajación con la boca, el herrador cambiará a adoptar una actitud relajada, deberá deshacer su posición erguida y altanera y concederá al animal el placer de no recibir más presión psicológica. Al mismo tiempo, dará la espalda al animal y regresará caminando, lentamente y relajado, al espacio establecido para trabajar.

El mostrar la espalda significa que no habrá más presión, significa "aceptas que yo mande, entonces no te presionaré más" En este momento, si el potrillo ha cedido realmente su liderazgo, caminará tras el herrador sin necesidad de que éste deba ejercer presión desde el cabestro.



De nada sirve hacer caminar al caballo hacia atrás sin permitir o esperar a que este acepte el reto de ceder el liderazgo. Cuando no se cumple con esta etapa, el caballo siempre permanecerá con la posición de maestro.

Tanto en potrillos como en caballos adultos, el adueñarse del liderazgo, es una técnica que permite al herrador asegurarse de que el animal ya no responderá con actitudes agresivas. Esto es debido a que al líder de la manada, naturalmente, no se lo agrede, el caballo común no cuenta con ese permiso.

Esta primera etapa de traspaso de liderazgo es la etapa previa al acostumbramiento, ya que luego el animal deberá acostumbrarse a que se le tomen las manos y las patas, a permanecer en tres patas, a la molestia que causa el herraje, al contacto físico directo por parte del herrador, etc. Esto quiere decir que el verdadero amanse comienza luego de haber traspasado el liderazgo del potrillo o caballo hacia el herrador.

No obstante, hay que considerar que muchos caballos, sobre todo adultos y de carácter fuerte o acostumbrados a ser los líderes, en variadas oportunidades intentarán recuperar el liderazgo, y esto puede llevar a situaciones de riesgo que expongan al herrador a posibles accidentes o reacciones imprevistas por parte del animal. Con el tiempo, el herrador aprenderá a detectar los diferentes caracteres de cada caballo individuo.



El trabajar con caballos mansos permite al herrador disminuir los riesgos por accidentes, pero además, le posibilita realizar un trabajo correcto, con plena libertad de concentrar sus manos y mente en su verdadero trabajo, el de otorgar al animal el beneficio de contar con pies bien aplomados o con una herradura que le signifique confort al moverse o permanecer en estación.