Impronta equina

Miguel Tellez
Master en etología clínica universidad autónoma de Barcelona, diplomado en farmacologia y terapeutica equina. Propietario de la clínica veterinaria Dálmata. Barcelona. Profesor en la Real Sociedad Canina de Catalunya. España.


Estudios realizados por científicos e investigadores confirman que el acercamiento del hombre al potrillo recién nacido disminuye el miedo, mejora la relación hombre-animal y disminuye el tiempo de su doma. Es lo que se conoce como imprinting, que no es más que educar con el tacto.

El término impronta proviene de la traducción de la palabra inglesa imprinting. Inicialmente, el término imprinting surgió por el estudio que realizó el premio Nóbel Konrad Lorenz (1935) en ocas y patos, quien observó que tras la eclosión (nacimiento del ave), los polluelos en vez de tener una reacción de fuga ante su presencia, desarrollaban la conducta de seguirlo. Es importante aclarar que la tendencia normal es que los polluelos sigan a su madre en función de su desarrollo locomotriz y del temor a lo desconocido. Lorenz observó que los polluelos tenían la capacidad de seguir a animales de otras especies, si estos estaban presentes durante el periodo de la impronta. En sus experimentos, Lorenz también observó que estos animales tenían problemas para aceptar a otros animales de su propia especie y que dicha impronta era muy resistente al cambio. Por tal motivo este proceso fue denominado como imprinting. Otras palabras empleadas para definir imprinting son: improntación, troquelado o estampación.

Existe un periodo posterior al nacimiento, denominado “disposición de acuñación”, en el que el animal puede desarrollar esquemas de relación con el medio ambiente. Por ejemplo, el potro durante las primeras horas de vida recibe información de su madre y aprende a comportarse como un animal de presa, por lo que se mantiene continuamente atento al entorno y aprende a identificar las situaciones de posible peligro. Algunos de los comportamientos típicos de los caballos adultos se desarrollan como resultado de este aprendizaje.

Otra situación normal en los caballos que pastan libremente es que las madres se retiran de su grupo social para tener sus crías apartadas del máximo número de estímulos y peligros. Esto conlleva a que el potro nazca y no se familiarice con una gran gama de estímulos que tendrá el resto de la vida. Como consecuencia, muchos potros no reconocen al hombre como parte de su grupo social y éste es el principal motivo por el que un potro reacciona con miedo ante la presencia del humano. Por otra parte, los potros aprenden patrones propios de su especie, ya que es con los miembros de su grupo familiar y social con los que pasa las primeras horas de vida. Es por este motivo, que la impronta condiciona el comportamiento del animal.

Actualmente, muchos criadores de caballos y veterinarios están presentes en el nacimiento del potro y durante las primeras horas de su vida para realizar el troquelado o impronta del animal. Además, tratan de familiarizar al potrillo con muchos de los objetos y actividades que el futuro caballo desarrollará, como el contacto físico, manipulación de la cabeza, orejas, extremidades y cola, entre otros.

La impronta realizada con el hombre se basa en una técnica de aprendizaje llamada habituación, donde desaparecen las respuestas naturales de defensa y huida.

Robert Miller observó que los potrillos en los que había presenciado su nacimiento respondían de una mejor manera a su posterior manipulación, sin manifestar comportamientos de huida y miedo; además, se comportaban con tranquilidad y permisividad, facilitaban su examen médico y eran más dóciles durante su posterior doma. La técnica creada para la impronta con humanos se basa en la habituación del potrillo al hombre, mediante la manipulación en diferentes circunstancias.

La importancia de la impronta con personas radica en el hecho que el animal puede aceptar a los humanos como seres confiables, como parte de su propia manada, sin aislarlos de su espacio personal o “zona de seguridad”, la cual le permitiría escapar si fuera necesario.

El imprinting mejora la relación hombre-animal, produce una mejor garantía del trabajo de doma y optimiza los resultados de la misma.

También disminuye tanto el tiempo de doma, como los comportamientos de temor y miedo del caballo y permite conocer mejor al animal. La técnica de impronta con humanos se inicia con el potrillo recién nacido al lado de la madre; para ello es necesario sujetar a la yegua y así poder realizar todas las acciones correspondientes.

Técnica de imprinting

Se ha observado que la realización del imprinting en potrillos recién nacidos o en potros con algunos meses de vida no presenta diferencia en la respuesta de estos animales. Sin embargo, la importancia de la ejecución de esta técnica radica en que el animal no la interprete como algo agresivo o traumático. Los movimientos deben ser tranquilos, amables, seguros y agradables. No se debe permitir que el potro escape cuando manifieste un comportamiento de huida, pues esto será interpretado como una agresión. En general, la manipulación del potro recién nacido o con varios meses de vida es similar y está basado en tocar (acariciar) diferentes partes de su cuerpo con las manos de las personas y con diferentes materiales e implementos que serán de uso frecuente en la vida del caballo. Durante la manipulación general de potros se pueden realizar las siguientes actividades:

Sujetar al potro de forma firme para que no escape sin causarle dolor, mientras que otra persona sujeta a la madre para evitar que pueda lesionar al operario en defensa de su cría. Se deberá permitir que sus cabezas estén cercanas para lamerse y olerse.

Frotar la frente buscando que el potro se tranquilice; esto en el futuro permitirá mejorar el manejo en el momento de embridarlo. Además, en general este masaje tranquiliza a los caballos

Acariciar el puente de la nariz, mentón y quijada; esto permitirá reforzar la habituación a la manipulación y facilitará el manejo de la cabezada.

Hablar al potro mientras se le manipula, esto lo acostumbra a la voz del humano.

Manipular las orejas, mejilla y frente, no sólo con las manos, sino también con peines y peladoras para acostumbrar al potro al peinado y al corte de la crin.

Manipular el hocico y ollares; esto facilitará el examen clínico del veterinario.

Manipular la zona de la crin, cuello y el surco yugular; esto facilitará el acercamiento, peinado y manejo veterinario.

Manipular la zona de la cruz, espalda, hombros y costillas; esto habituará al potrillo a la silla. Para esto no sólo se le pasaran las manos, sino también trapos o bolsas plásticas de colores.

Manipular las extremidades. Primero los miembros anteriores y luego los posteriores.

Manipular los cascos; se iniciará por los talones, la ranilla y la palma, primero con las manos y luego se darán pequeños golpes al casco, para habituar al potro a los futuros herrajes.

Manipular la cola. Es conveniente habituar al caballo al peinado de la cola y a la manipulación de la cadera. Esto facilitará el manejo tanto del montador como del veterinario.

Avanzar y retroceder en la manipulación de la espalda y de la cadera, así como el contacto continua durante dos a tres minutos por el extremo derecho y por el izquierdo. No es conveniente que el potrillo sea estimulado por el frente, ya que este punto es ciego y no sabrá qué se le está haciendo.

Esto aumentará su temor al hombre. Es importante no detener la manipulación si el potro se rehúsa a aceptarla, pues este comportamiento le quedará aprendido y hará más difícil la realización de futuros contactos con el hombre.

Si el potro está tumbado no se debe permitir que se levante mientras se realiza la manipulación; esto evitará que el animal aprenda a interpretar la huida y a evadir la manipulación. Es importante mantener la postura lateral frente al caballo; en lo posible iniciar por el lado derecho y una vez terminada repetir el mismo procedimiento por el lado izquierdo.

Trabajar al potro en los días siguientes al nacimiento refuerza lo aprendido durante la impronta. Se recomienda manipular de 10 a 15 minutos por día cada, 2-4 días durante las primera semana de vida y posteriormente, una vez por mes hasta los 5-6 meses y luego cada 6 meses hasta los dos años. Esto será suficiente para mantener al animal familiarizado con las personas y sus manipulaciones. Algunos domadores de caballos afirman que será suficiente con una manipulación al momento de la impronta y posteriormente a los 6 meses, ya que el potro necesita de la tranquilidad que le ofrece estar solo con su madre y que, justamente, la impronta queda en la memoria del caballo, sin ser necesaria la manipulación frecuente del animal.

Conclusión

El procedimiento de la impronta es beneficioso tanto para el hombre como para el caballo. La técnica de imprinting disminuye los comportamientos de miedo, rechazo y huida del caballo, debido a la rápida familiarización con la presencia del hombre, manipulaciones y sonidos. Esto le imprime confianza al animal en el ser humano, permite trabajar en equipo y solventa rápidamente los inconvenientes por manejo y experiencias nuevas, tanto para el caballo como también para el hombre. Sin embargo, los errores cometidos durante dicha manipulación y los miedos adquiridos por el potrillo serán difíciles de eliminar, pues quedarán como parte de la impronta.