1) Pasaje de la Introducción del libro "Yo frente a mí: lo invisible de la vida y el lado mágico de los caballos"



Graciela Arroyo de Bofill
Lic. en Psicología
Amazona de primer nivel, Máximas Exigencias (Adiestramiento)
Instructora de nivel Avanzado de la Federación Ecuestre Argentina y Coach Level One de la Federación Ecuestre Internacional


Introducción

Los textos son las hojas del árbol; lo que hay que buscar es la raíz - Taisen Deshimaru
  • El significado del símbolo Yin-Yang y su validez en la relación hombre-caballo
  • El caballo como facilitador de la integración universal
Símbolo Yin-Yang

Este símbolo taoísta representa la comprensión filosófica ancestral china de cómo es el funcionamiento de todas las cosas en el Universo a través de dos energías que se denominan Yin y Yang y que emanan del Tao, que es el principio generador de todo lo existente.

El matiz filosófico con el que se encara esta obra sobre el quehacer hípico, coincide ampliamente con el símbolo Yin-Yang, ya que lo que se encuentra en él graficado nos revela la existencia de esas dos energías diferentes que no podrían existir por separado, tal como hípicamente hablando, es posible al hacer referencia a la energía del hombre y a la energía del caballo cuando la monta es la expresión sutil del más perfecto entendimiento entre ambos en todos los planos.



El Yin-Yang resulta útil para comprender a la Naturaleza en lugar de someterla y avasallarla.

Nos brinda la posibilidad de llegar a entender el flujo de energía permutable que existe entre esos dos elementos diferentes.

A grandes rasgos podemos referirnos a Yang (parte blanca) como la energía espiritual y a Yin (parte negra) como la energía terrenal.

Si bien estas dos energías son diferentes, no son opuestas sino complementarias la una de la otra y permanecen continuamente equilibradas en una dinámica y constante relación recíproca, denotando siempre la armonía existente entre ambas. Por ejemplo el día no puede existir sin la noche sucediéndose en una alternancia rítmica de transformación de uno en el otro, al igual que la respiración en su fase de inhalar y de exhalar, pudiéndose dar muchos ejemplos más de este tipo.

Estas energías diferentes que interactúan entre sí, pueden mutar una en otra y la interacción entre ambas genera la vida, de allí que el movimiento no sería posible sin la existencia de estas dos fuerzas, ni de la vida.

Representan por lo tanto la dualidad y que todo es relativo y no absoluto.



De esta manera, aprendemos que debido a que nada es absoluto, invariablemente todo se encuentra sometido al permanente cambio dado que la energía se mueve a modo de espiral y todo va transformándose siempre.

Cuando una de las energías alcanza su mayor preponderancia, se produce entonces el comienzo de la mutación en el contrario. De allí el dinamismo en el equilibrio del símbolo que deja en claro que el Yin y el Yang no son entidades fijas y estables dado que si uno aumenta, el otro disminuye, restableciéndose siempre el justo equilibrio.

El símbolo Yin-Yang establece la igualdad de estos dos aspectos que lo conforman y que encerrados en el círculo exterior que los contiene, denotan la inseparable unidad del Universo como una manifestación de totalidad.

El círculo externo representa al “Todo” mientras que las formas blanca y negra que están dentro, representan la interacción de ambas energías, causantes de todo lo que acaece, como ya dijéramos.

Los puntos que se encuentran delimitados en el interior de cada uno (blanco en el negro y negro en el blanco), representan el germen contrario que yace en sí mismo, mostrando como le es posible transmutar en su contrario, no siendo nada totalmente de una manera u otra, dado que nada es absoluto.

La energía existe en todas las cosas por más ínfimas que éstas sean y por supuesto en todos los seres vivos. Todo está hecho de energía más sutil o menos sutil.

El Universo es pura energía y en todo momento estamos obrando con ella.

El ser humano también es capaz de percibir el nivel energético de los demás seres y del mundo circundante, pero sucede que el proceso de socialización ha alejado su conciencia de este aspecto incapacitándolo para percatarse de ello.

Cada planta, cada animal y cada persona tienen su propio campo de energía que intentan mantener en equilibrio, ya que cuando el mismo se pierde, se enferma y se muere o se desintegra.



Nuestro campo de energía se encuentra permanentemente interactuando con otros campos de energía ya sean humanos, animales, minerales, bosques, playas, montañas, ríos.

Cuando no existe armonía en la interrelación de los campos energéticos, el sujeto sufre las consecuencias del desequilibrio que produce la colisión entre su propio campo energético y el ajeno, en lugar de poder incorporarlo de manera conciliada.

El poder captar la energía entendiéndola de esta manera, nos posibilita comprender el mundo físico de otra forma, ya que se aprende a advertir algo que, previo a este conocimiento, posiblemente fuera impensado, como ser que nuestros pensamientos, sentimientos y comportamiento quedan expuestos a nuestro caballo cuando uno entra en su campo de energía, porque para ellos comprender la energía es parte también de su lenguaje, de allí que puedan percibir nuestras intenciones como instrucciones.