2) Pasaje de la Introducción del libro "Yo frente a mí: lo invisible de la vida y el lado mágico de los caballos"



Graciela Arroyo de Bofill
Lic. en Psicología
Amazona de primer nivel, Máximas Exigencias (Adiestramiento)
Instructora de nivel Avanzado de la Federación Ecuestre Argentina y Coach Level One de la Federación Ecuestre Internacional


Es sabido que el milenario símbolo Yin-Yang tiene un carácter universal, ya que sus cualidades son comunes a todos los fenómenos del Universo.

Yin-Yang “es la dinámica polar inherente a todas las cosas existentes, es la forma dual en que se explicita la Unidad Primordial en el campo del Ser”, como acertadamente lo plantea la Asociación argentina de Kendo-Iaido.

Cuando el jinete logre con su caballo manejarse en forma idéntica a estas dos energías que obran de ejemplo, descubrirá como el caballo es ese ser que puede ayudarlo a hallar su unidad con el otro, a encontrar que se puede ser algo más que un binomio, término de uso frecuente en el quehacer hípico.


La definición de binomio es la siguiente: “Conjunto de dos personas o elementos que suelen actuar juntos o en colaboración por su afinidad”.

El binomio resultante de un caballo junto con un jinete correctamente centrado y alineado, respondería entonces a la definición de binomio recientemente dada pues ambos conforman de esta manera, un conjunto constituido por dos seres que actúan juntos debiendo trabajar en forma colaborativa entre ambos.


El jinete, que literalmente es la carga transportada por el caballo, puede ser considerado como una mochila que el animal lleva sobre sí. Dicha mochila trasladada sobre su lomo, tiene un centro de masa, que es el punto donde se centra el peso de dicho objeto (el jinete-mochila). Según en qué lugar se encuentre colocado, podrá coincidir o no el centro de masa del cargamento con el centro de gravedad corporal del caballo.

Si ambos centros coinciden, la mochila-jinete, será transportada con mayor facilidad por el caballo.

Mal o bien situada, la mochila-jinete igualmente es transportada, pero la diferencia radica en que cuando está correctamente colocada, el caballo no deberá realizar esfuerzos extras, pudiendo resultar su andar con un mejor movimiento de calidad superior en cualquiera de sus aires, gracias al correcto lugar de ubicación de la carga.



El centro de masa es el punto donde se centra el peso del objeto. La mochila será cargada con mayor facilidad cuanto más cerca se encuentre del centro de gravedad del sujeto.



Cuando la carga (jinete = mochila) se encuentra situada habiendo coincidido su centro de gravedad con el del portador, es transportada con facilidad.



A: lugar habitual del centro de gravedad
B: lugar que ocupa el centro de gravedad al ser correctamente montado
Mediante el entrenamiento, que coloca al caballo más sentado sobre sus posteriores alivianándolo en el anterior a través de la reunión, el centro de gravedad del caballo retrocede, pudiendo entonces ubicarse en forma coincidente con el del jinete.



Gregor Romaszkan, en su libro “Equitación” grafica un caballo en equilibrio en distintas circunstancias, a saber: en galope tendido, en trote mediano, en galope corto, en trote corto y en corveta.

José Manuel Sales Pons, experto profesor de equitación y entrenador de exitosos jinetes, cita en su artículo “Mochila inteligente”, a la obra “Comprendre l’Equitation” de Jean Saint-Fort Paillard, quien hace mención de tres leyes, dos de las cuales, la segunda y la tercera, son el basamento primordial de una Equitación correcta.

El citado autor dice que: “El hecho, para cualquier ser, de llevar una carga, pronto acaba siendo normal y no altera apenas su equilibrio, a condición de que cumpla estas tres condiciones:

  • Que el peso (del jinete) sea lo suficientemente proporcional a la fuerza del portador (el caballo).
  • Que los puntos de aplicación del peso (la posición del jinete y el equilibrio consiguiente) estén situados funcionalmente. De esta manera, alude a un perfecto equilibrio y a una posición y asiento correctos que resultan ser lo más ergonómico para el caballo, o sea que han sido consideradas las necesidades, aptitudes y limitaciones de cada caballo.
  • Que el peso sea sentido siempre de la misma manera, es decir, que la masa transportada (el jinete) sea perfectamente solidaria de la masa transportadora, el caballo”, haciendo clara referencia al equilibrio y coordinación de movimientos del jinete para nunca estorbar el andar del caballo que de esta manera, se moverá cómodamente y sin gasto inútil de energía.
Lo ideal es pensar en una mochila con alforjas colmadas con igual carga para tener en cuenta una distribución uniforme del peso de ambas piernas colgando en forma pareja a ambos costados del caballo.



El concepto de binomio mencionado, resalta un estado ideal en la acomodación del jinete y del caballo para nada refutable, pero sólo está haciendo referencia al acople de los centros de gravedad de ambos, formando así uno nuevo y único, lo cual es perfecto e indiscutible, pero que solamente así planteado, queda reducido a la mera “organicidad” del acople de esos dos cuerpos, sin tener en cuenta los aspectos que a continuación trataremos en este estudio.

Con los avances en lo referente a la formación espiritual, resurgen conceptos milenarios llenos de sabiduría, que correctamente seleccionados nos pueden llevar a amalgamar a estos dos seres, jinete y caballo, haciendo entonces de la Equitación un goce que va más allá de simplemente practicar un deporte dado que a la vez de esta manera, nos colma y enriquece en el aprendizaje de elevarnos como personas espirituales que somos, combinando nuestro placer con el de nuestro caballo, que deja entonces de padecernos, para compartir nuestra dicha.
Justamente la definición de amalgamar es la siguiente: “mezclar cosas de distinta naturaleza”.

También con referencia a ello, Eva Wong menciona en su libro de Feng-Shui: “La ancestral sabiduría de vivir en armonía con el entorno” lo siguiente: “El día que el hombre comprenda de una vez por todas que la integración va más allá de lo que nosotros pensamos, se dará cuenta de que todo está ligado energética y molecularmente. Por ende, todos somos UNO”.

Los humanos generalmente estamos acostumbrados a contemplar todo por separado al estudiar las cosas en forma aislada, diferenciando por ejemplo en su clasificación de los seres vivos, distintos reinos, siendo los más conocidos el reino animal y el reino vegetal entre otros. Pero esta forma fragmentada de pensamiento impide reconocer la conexión y la relación energética existente entre todos los reinos, impidiendo tener fácilmente una visión de conjunto.

Si por el contrario fuéramos capaces de aceptar la totalidad, resultaría de esta manera más sencillo cooperar que competir.
El hombre no escucha a la Naturaleza. Los caballos, por el contrario, permanecen atentos a ella y se encuentran motivados por la resonancia de los campos energéticos del Universo, careciendo de la idea de separar energías, brindándonos por tal motivo, una ocasión para poder comprender cómo fundirnos con el Todo.


De acuerdo a esto, primeramente, deberemos por lo tanto reconocer que todo ser vivo es mucho más que un mero un cuerpo físico, sino que es además un ser de energía y que su campo magnético no sólo interactúa entre sí sino que además lo hace con el ambiente.

Desde el campo energético personal de un sujeto, las emociones, pensamientos y acciones pueden identificarse como descargas de energía provenientes de dicho campo.

El problema que se nos presenta a los humanos es llegar a comprender lo antedicho para darnos cuenta entonces lo fácil que sería ser uno con nuestro caballo, así como somos uno con el Universo, conectados a través de la energía y sabiendo hacer un adecuado uso y manejo de la misma.



Planteadas así las cosas, pasaríamos a formar un binomio no solo “orgánico” con centros coincidentes de gravedad, sino que además sería posible establecer una conexión profunda a un nivel sumamente sutil y no solamente corporal.

Aquí es donde es posible hacer referencia a llegar a asemejarse a un Centauro, puesto que la comunión entre ambos resulta mucho más comprometida que al hablar simplemente de conformar un binomio.

Si bien no nos es posible transformarnos en mitad humano y mitad caballo, sí nos es posible compartir energías y ser uno en este aspecto. Ambos siendo un Todo, como una unidad indivisible y complementaria, donde dos energías diferentes pero no opuestas se suplementan para dar vida al arte del movimiento equilibrado, descubriendo una conexión asociativa y significativa entre ambas especies, equina y humana. El Centauro simboliza entonces la conexión entre ambos resultando una fusión de ambos espíritus.

Comprendiéndolo así, como una interpretación más amplia del concepto Yin- Yang, nos es permitido acercarnos a la posibilidad de entender a través del caballo, que es posible ser Uno con el Universo, siendo la situación de montar en esta concepción, una muestra significativa de cómo todo se encuentra relacionado entre sí aunque no se trate de cosas semejantes.

El caballo nos ayuda entonces a elevarnos espiritualmente dado que justamente la espiritualidad hace a la necesidad de pertenecer a una totalidad mayor, a una conexión universal, al Todo.



Este símbolo representa las dos energías denominadas Yin y Yang que emanan del Tao, que es el principio generador de todo lo existente, como si se tratara de un embrión generador de la Unidad, siendo el caballo quien permite ensayar al hombre, una unión más concreta y comprensible entre ambos facilitando la posterior unión del individuo con el Universo todo.

Esta relación vivenciada a partir de ambas energías Yin y Yang y de su interrelación es mucho más significativa cuando se tiene la oportunidad de montar.