Vivir una vida de excelencia

Autor: Proyecto Salón Hogar


La excelencia como forma de vida, parte de principios simples y de reglas rígidas, un profundo sentido del liderazgo y la capacidad de reinventarse a uno mismo.

Si alguna vez en la intimidad has sentido la necesidad de hacer un cambio en tu vida porque estás insatisfecho, aprovecha este impulso y dirige ese cambio.

Algunas veces la necesidad de cambiar surge de la necesidad de estar llenos y de alejar el vacío existencial o (falta de realización).

Ese vacío o (falta de realización) es insatisfacción, nace de nuestra incapacidad de vivir con excelencia y nos llena de frustración, que nace de nuestro egoísmo caprichoso.

La plenitud es vivir la excelencia, es estar satisfecho de uno mismo, es saberse el dueño del imperio de uno mismo. Es amarse a sí mismo y consagrarse al servicio de los demás, especialmente a los que tenemos más cerca, padres, hermanos, algún día hijos, familiares, los amigos y aquellos a los que apreciamos, incluso a los extraños.

El cambio es una constante de vida, la vida es un movimiento constante, pero el tiempo y el destino están en nuestras manos, el cambio debe ser dirigido por nuestra propia voluntad.

La dirección que tomemos puede acercarnos ó alejarnos de los demás, si el cambio es bueno, nos acercará, si es malo nos alejará.

Nuestra capacidad de reinventarnos es nuestra capacidad de cambiar, estar más cerca de los demás implica una capacidad de ser deseados a los ojos de las personas; si damos lo mejor de nosotros seremos apreciados y deseados, extrañados y amados, nos habremos reinventado a los ojos de los demás.

Cuando la gente nos acepta con alegría es porque somos agradables, positivos, asertivos, proactivos, útiles; la gente desea que estemos cerca porque damos soluciones y nuestra presencia irradia satisfacción, ilusión, alegría, porque somos auténticos y nos mostramos como somos, esto nos acerca a los demás.

La prueba de fuego llega cuando miramos hacia adentro de nosotros mismos, cuando nos buscamos a nosotros, ahí dentro debemos buscar los impulsos que nos animan.

Si dentro de mi he descubierto lo que me anima, entonces he descubierto quien soy yo, porque lo que me anima es lo que yo soy, si lo que me anima es la pasión por ser excelente entonces seré excelente, es la capacidad de ser mejor. Si lo que me anima es la avaricia y el egoismo entonces seré eso mismo, un avaro, egoísta, amador de mí mismo que no piensa en los demás.

El rumbo de la excelencia está trazado por los valores, la verdad, la bondad, la belleza, la superación personal y el bien común. La intención de cambiar no es suficiente, el cambio debe pasar del corazón a las manos, para entregar a todos lo mejor de uno mismo, para crear entre todos una cultura de excelencia.

Los hábitos de excelencia deben ser adecuados y consonos a las necesidades de aquellos con quienes convivimos. En el darnos a los demás está la excelencia, en el hacerlo hasta que duela ese desapego propio, en gozarnos de la felicidad ajena, en el servir, en el hacerlo todo con amor, con pasión e ilusión.

La excelencia es una manera permanente de ser, es hacer las cosas bien hechas con actitud y voluntad de servir.

El liderazgo comienza con nuestro propio convencimiento de que buscamos la excelencia como forma de vida, por el bien que nos otorga a nosotros mismos y los que nos rodean.

Si nos convencemos de adoptar la excelencia como forma de vida, con amor y pasión, entonces ya está en nosotros la capacidad de ser líderes. La perfección no existe, no es propia de los hombres, pero la excelencia y la mejoría continua son capacidades a nuestro alcance.

El cambio empieza por nuestras actitudes, pero si cambiamos de actitud nos acercamos al cambio de hábitos. Esta es la clave para ser líderes del siglo XXI.

Los siete hábitos de la excelencia

Los siete hábitos de excelencia son los siguientes:


1. SABER ESCUCHAR: para acercarnos a los demás, el primer paso es tener la capacidad de escuchar, las personas desean ser escuchadas. La gente va por la vida buscando un confidente, pero todos pretendemos hablar y nadie dedicarse a escuchar.

La calidad humana empieza por escuchar, por el puro interés de servir. Nuestra capacidad de estar cerca de los demás depende de nuestra capacidad de escucharlos.

Cuando sabes escuchar, la gente nos admira y nos busca porque les damos confianza.

2. SABER HABLAR: si sabes escuchar ya dimos el primer paso, ahora nos toca saber como utilizar las palabras, es decir, el saber hablar y decir las cosas con sinceridad pero sin ofender la dignidad ajena.

Para lograr una comunicación excelente es necesario estar siempre alertas, estando siempre conscientes de lo que decimos. La pérdida de la excelencia en la comunicación nos lleva a ofender a las personas y apartarnos de ellas.

El decir las cosas con belleza, respeto y excelencia nos acerca al máximo don humano: el amor al prójimo.

3. SABER MOTIVAR: es consecuencia de los dos primeros hábitos, si en verdad sabemos escuchar y sabemos qué decir, la motivación será lo más fácil. Motivar en realidad es fácil, pero con control de nosotros mismos, sin excesos. Para ser admirados por la gente necesitamos motivar.

4. SABER DOMINARSE: la maestría en el dominio surge en la práctica de los tres hábitos anteriores, pero el auténtico, profundo y verdadero dominio surge con la continuidad. Vivir de instante en instante es excelencia, es dominarnos a nosotros mismos. Ser coherentes y consistentes con lo que pensamos, decimos y hacemos, predicando siempre con el ejemplo.

5. SABER CRECER Y APRENDER A VIVIR: el que se domina y vence a sí mismo está lleno de sabiduría interior.

El verdadero sabio, amante de la excelencia, va por la vida aprendiendo de los demás, dispuesto a escuchar y a hablar con excelencia. La norma básica de la sabiduría es la humildad. Cuando nuestros conocimientos por muy amplios que sean no están provistos de valores, entonces carecemos de humildad. El sabio ni ofende, ni humilla, porque es generoso con el que no sabe.

Nuestros conocimientos deben acercarnos a las personas. La clave es compartir con los demás lo que sabemos para que todos lo sepan. Si no perdemos nuestra capacidad de aprender, seremos humildes.

6. SABER TRABAJAR: el trabajo es mucho más que una necesidad. Todos tenemos una vocación: ser padre, madre, maestro, político, sacerdote, militar, todos debemos seguir el llamado interior que nos impulsa a realizar nuestras vidas. Todos tenemos aficiones.

Pero llevamos una vida tan orientada a nosotros mismos que no sabemos vivir. El trabajo es una esclavitud y trabajamos sin voluntad, mecánicamente, observamos quebrantados nuestros sueños de la infancia ó de la juventud, por perder la capacidad de la superación personal. Solo la calidad humana nos ayudará a superarnos. La búsqueda de excelencia en el ámbito laboral, moral, social; es estar juntos, trabajar en equipo con sentido de pertenencia y amor al grupo, a la familia ó a la nación, solo así haremos del trabajo reservado a los hombres un privilegio.

7. SABER IR AL INTERIOR: cuando logremos vivir los seis hábitos anteriores, estaremos preparados para recorrer un camino más profundo.

Es la práctica de la reflexión interior y del diálogo interno en dónde nos conocemos a nosotros mismos. En ese viaje interior nos daremos cuenta si estamos satisfechos con lo que hacemos y con nosotros mismos.

De mi depende ser el dueño de mi propio destino, dirigir mi propia vida como dueño absoluto de mi voluntad, de mi mente y de mi cuerpo por el camino que yo decida, guiado por los valores que conducen a la excelencia. Debemos crearnos buenos hábitos y ellos crearán nuestras vidas.

Pasión por la excelencia

La pasión por la excelencia es nuestra capacidad de amar los valores de orden superior para orientar nuestra conducta en busca de la excelencia. Las personas pueden ser temidas o amadas, el amor y el temor son emociones; por ello el papel de las emociones es tan importante en la lucha por la excelencia.

La pasión pone sabor a nuestra vida, ¡qué seríamos sin pasión y sin emociones! El poder de la emoción es el que tiene capacidad de mover el tiempo, el espacio y hasta la voluntad de las personas.

La pasión nos hace disfrutar de la vida, nos da placer y pone a nuestro alcance motivos para hacer las cosas. En la pasión esta la motivación por la que hacemos.

La pasión es entusiasmo.

La pasión es vida, darle pasión a lo que hacemos es hacerlo nuestro, es entregarnos, poner en ello nuestros cinco sentidos. Sin motivos, la vida no existe, si no logramos trabajar y vivir apasionadamente, no seremos capaces de superar el dolor.

La pasión es excelencia porque es amor y es motivación.

El líder debe ser líder con pasión y transmite emociones, emociona verlo, emociona hablar con él.

La búsqueda de la excelencia es buscar motivos en la pasión y darle emoción a lo que hacemos, controlando nuestros estado de ánimo a través de una visión, una misión, y unos valores que dan sentido y pertenencia a lo que hacemos.

Los líderes saben que la motivación es la esencia de toda organización, el líder debe ser dueño y señor de sus estados de ánimo.

La pasión es el mejor aliado de la excelencia, es el amor y la fuerza para superarse; sin pasión la vida pierde sentido humano.

Gobernarse a uno mismo es ser un líder, dominarse para poder aconsejar, es ser maestro de la vida y maestro de uno mismo para estar cerca de los demás y ser aceptado por todos como el mejor guía y el mejor consejero, es ganarse un espacio en la vida y en el corazón de cada uno de los que le rodean.

Video: La excelencia expresada en el arte del movimiento!!