Aprender con los libros o con los caballos?

Revista Galope
Víctor Álvarez
Jinete internacional
Entrenador nacional desde 1977
Juez nacional de Doma Clásica desde 1978


Mientras montamos recibimos, a medida que abrimos nuestra mente, montones de información llena de matices que nos transmite el caballo. Esa cantidad infinita de sensaciones, tanto más rica cuanto mayor sea nuestra sensibilidad para captarlas, nos crea el problema de cómo reaccionar ante ellas.

La reacción debe producirse de inmediato y con la intensidad adecuada. Además debe ser la que corresponda en cada situación. Y todo ello es perfectible hasta donde nuestra capacidad, que aumenta durante toda la vida, alcance.

Los libros pueden enseñarnos con qué medios contamos y para qué sirven. Pero la oportunidad, la intensidad, la duración con que aplicarlos es algo que pertenece a la destreza, y la destreza, como la sensibilidad, de cultiva.

La función del profesor de equitación es fundamentalmente, la de cultivar primero nuestra sensibilidad para que podamos, también con su ayuda, ir aumentando nuestras habilidades.

Quien más y mejor nos va a enseñar es el caballo mismo. Nuestro profesor nos va a ayudar a entender las reacciones de nuestros caballos y a analizar las distintas situaciones en el entrenamiento del día a día.

Si tenemos nuestra mente despierta, atente y viva en todo momento, el mismo caballo nos va a decir qué debemos hacer. El gran truco es escucharlos, hablar con ellos, entenderlos, aprender a hablar en su idioma.

Viendo muchas veces a grandes maestros de la equitación trabajar con potros o con caballos ya domados, podemos observar que a menudo la solución a un problema determinado es de lo más lógica y simple posible.

Y al decirnos la solución a un problema en concreto automáticamente pensamos: es evidente, cómo no se me ocurrió?.

Esa evidencia que cuando se está empezando en el mundo del caballo no aparece por sí sola, la mayoría de las veces es lo que separa a los grandes maestros de los aprendices del mundo del caballo.

Evidencias fáciles que sólo surgen del conocimiento del caballo desde distintos puntos de vista: como un ser vivo, como un caballo como atleta, del caballo como un animal que puede llegar a pensar, a sentir, a vivir, a compartir con nosotros su vida, etc.

Estas distintas visiones mezcladas entre sí según el tipo de caballo con el que estemos trabajando, nos ayudarán a decidir qué camino coger y qué decisiones tomar.

No podemos pedirle a un caballo una serie de ejercicios si no está preparado para hacerlos, ni física ni psicológicamente. La enseñanza del caballo debe ser progresiva, su adiestramiento, su código de comunicación con nosotros, será más o menos complejo según cada caso en particular.

Lo importante al final es pensar que el caballo va a tener las mismas facilidades o dificultades que podamos llegar a tener nosotros ante una serie de ejercicios físicos que alguien nos obliga a hacer.

Si ese preparador físico que tiene el caballo, que van a ser los jinetes, se ocupa de prepararlo, de muscularlo, de relajarlo después de las sesiones de trabajo, de pasearlo por el campo, de trotar en subidas y bajadas, de trabajar a la cuerda, de alimentarlo correctamente, cuidar los herrajes, etc…, no deberíamos tener problemas en avanzar su nivel de trabajo.

Es apasionante aprender con los caballos en el día a día. Ello nos va a mantener vivos con mucha energía y nos va a enseñar cómo tratarlos. No por el hecho de tener mucha técnica de equitación vamos a ser mejores jinetes, lo que en verdad nos va a mejorar como jinetes y como profesionales es tener siempre la mente muy abierta y poder comprender en todo momento lo que nos está diciendo nuestro caballo mientras lo estamos montando, duchando, dándole la comida, limpiándolo, etc.

Quien piense que con los libros se puede aprender a montar a caballo creo que se equivoca. Un libro puede darnos ideas que nos ayuden en un determinado momento, o aclararnos los conceptos que debemos manejar cuando montamos, pero nunca podrá, por muy prolijo que sea, sustituir al profesor.

Y la razón principal es que el profesor va a estar ahí en el momento preciso para decirnos si la intensidad es la adecuada, si la ayuda es la correcta, si el momento es el preciso y si la respuesta del caballo ha sido suficiente o no. Todos esos matices y muchos más sólo se pueden analizar en presencia del caballo.