De peatón a jinete o amazona

Juan Manuel Sales
Profesor de equitación de reconocimiento internacional, conocedor de distintas domas
Revista Galope


El niño empieza por su sistema motor, seguido por el sistema emocional y finalmente interviene el sistema racional (primero practica y luego conoce).

En cambio, el adulto, alumno pensante, aprende primero utilizando su sistema racional y a continuación el sistema emocional y el motor (primero conoce y luego practica).

La equitación es ante todo comunicación entre hombre y caballo, a través del equilibrio y el tacto (uno de los sentidos menos educados).

La relación hombre-caballo es una relación entre:

  •Dos seres vivos: ni el caballo está hecho para llevar al hombre, ni el hombre está hecho para montar a caballo.

  •El caballo necesita aprender a llevar al jinete y el jinete necesita aprender a montar a caballo.

  •Dos masas: una transportadora y otra transportada, sujetas a leyes mecánicas y psíquicas. Somos una mochila inteligente para el caballo.

  •Dos equilibrios: uno horizontal y otro vertical que además, se manejan de forma diversa.

  •El hombre requiere un solo movimiento para el cambio de equilibrio, sin embargo el caballo necesita dos.

  •Dos voluntades: una quiere hacer, la otra debe hacer. Al principio no suelen ser coincidentes.

  •Dos sentidos del tiempo: el caballo con sentido del presente y el hombre, además, con el sentido del futuro. El caballo busca su bienestar inmediato y el jinete monta con objetivos pendientes de conseguir en un futuro más o menos próximo.

  •Dos maneras instintivas de reaccionar: una depredadora (se agarra), la otra de presa (reacciona huyendo). En una sola sesión de monta, instintivamente nos agarramos muchas veces y el caballo reacciona buscando huirnos otras tantas veces.

  •Dos capacidades: el caballo nace con unas capacidades que con el tiempo puede mejorar y un poco ampliar, El hombre necesita aprenderlo todo.

Gestos correctos

“Mantén el oído abierto a las necesidades del caballo y un corazón abierto a sus limitaciones físicas y mentales”. Kart Mukolka

En la equitación, el sistema emocional condiciona en todo momento la relación entre hombre y caballo y la gran dificultad estriba en ser capaz de dejar de reaccionar continuamente a cada uno de los estímulos que percibimos.

No hay que olvidar que la forma de comunicación más antigua y universal es la emocional, es decir, la manifestación corporal y facial de nuestro estado de ánimo.

Esa manifestación, en equitación, se hace evidente a través del músculo, convertido en órgano parlante de la ansiedad.

Los fundamentos que hay que aprender/enseñar desde el principio y perfeccionar a lo largo de ambas vidas (jinete y caballo) son:

  •equilibrio
  •propulsión y dirección
  •el “arre” y el “so”
  •girar sobre equilibrio
  •Estadios de aprendizaje de la equitación

En nuestra relación con el caballo:

Pasajero sobre su caballo: equilibrarse a caballo
Período de descubrimiento de las habilidades. Combatir el miedo. Aceptar los riesgos de la pérdida de equilibrio. Aprender a equilibrarse mejor. Adaptación física y psíquica. Emociones de supervivencia.

Conductor del caballo: equilibrarse con el caballo
Estabilización de las habilidades. Ser capaces de coordinar ayudas. Sentir las acciones y reacciones del caballo. Emociones de complacencia.

Domador de su caballo: equilibrar al caballo
Período de afinamiento y explotación de las habilidades. Presentir acciones y reacciones del caballo, adelantarse a ellas y ser capaces de i9ntervenir. Estar activo. Emociones sublimes.

En nuestro comportamiento a caballo:

Se trata de una pedagogía por objetivos: saber dónde se está y lo que falta por aprender (se aprende mejor sabiendo a dónde llegar y sobre todo, cómo llegar).

El trabajo más duro del aspirante a jinete, que durará toda la vida, consiste en cambiar los reflejos del peatón que somos por la técnica del jinete que queremos ser.
Paso de una estabilidad dinámica sobre pies a otra sobre el asiento. Como peatones estamos sometidos a la fuerza de la gravedad y como jinetes hay que añadir las fuerzas puntuales del caballo.
Perder el hábito de servirse de las manos para agarrarse y mandar y aprender a utilizar fundamentalmente las piernas. La pierna que envíe a la mano.

La posición básica

1- La base del equilibrio está en la pierna del jinete: la rodilla relajada, el pie debajo de la cadera, pisando el estribo hacia atrás apoyado sobre la parte ancha del pie y los dedos de los pies abiertos (el talón del peatón hace de propulsor y el talón del jinete de amortiguador).
La pierna envía al caballo a la mano y nunca la mano se agarra al caballo.

2- El asiento (puntos de aplicación sobre la montura): ni sobre las nalgas ni sobre el pubis. Siempre y únicamente sobre los isquiones. El cambio de equilibrio no debe suponer cambio de asiento. Dicho cambio únicamente debe efectuarse desde la cintura. El asiento, sobre los isquiones, inamovible.
El asiento inteligente: de él recibimos la información, en lugar de las plantas de los pies. Sin un buen asiento (que da un buen equilibrio), no puede haber buena mano ni buenas piernas.

3- Manejo de riendas: con los brazos y los dedos. Del brazo depende el ángulo de la rienda y de los dedos la tensión (y no al revés). Las riendas siempre permanecen tensas y el caballo debe sentir por igual mis dos manos en todo momento.
No tirar, resistir y/o cambiar ángulos. Por ello:
Músculo a proscribir por el jinete: el bíceps (produce movimiento balístico que es el más nocivo para la boca y la mente del caballo). El caballo que tire de mí y no yo de él.
Codo inteligente: no se usa el bíceps. Mucho más importante que la tensión de la rienda es el ángulo desde el cual la hacemos actuar.

4- Sobre las articulaciones del jinete y del caballo: utilizar todas las articulaciones un poco y no unas mucho y otras bloqueadas.
Las dos articulaciones más difíciles de controlar por el jinete son el codo y la rodilla.
Se debe abrir el codo o la rodilla manteniéndolos elásticos y ello lleva mucho tiempo. Instintivamente hacemos lo contrario.
La articulación más importante del caballo es la de la mandíbula. Tan importante como la anterior y difícil de controlar: la cérvico-torácica, o sea, la cruz.