La Coordinación - Resúmen

Juan José Muraro Povea
Académico DEFDER


Algunas materias que el autor trata en este artículo son la coordinación como requisito básico para el posterior rendimiento deportivo y motor, las cualidades que debe tener, con qué medios se pueden desarrollar algunas alteraciones y su relación con el comportamiento afectivo.

La coordinación es la cualidad que ordena, sincroniza y armoniza todas las fuerzas internas de la persona y las pone de acuerdo con las fuerzas externas para lograr una solución oportuna a un problema motriz determinado, en forma precisa equilibrada y económica.

Toda coordinación gestual, supone la organización de diferentes acciones motrices en función de un objetivo preciso. La coordinación es un proceso que desemboca en la producción de un gesto estructurado en el espacio y el tiempo en diferentes fases sincronizadas que deben tener en cuenta todas las acciones musculares bien reguladas en su esfuerzo, su duración y velocidad y además integrarse con otros elementos que participan e influencian la realización de la acción motriz como son, la inercia, el peso de los implementos, los rozamientos, las resistencias exteriores y también la presencia de compañeros y adversarios.

El cerebro recibe continuamente por medio de las percepciones sensoriales, múltiples informaciones sobre el éxito o fracaso de las actividades motrices; esto, obliga a ajustar constantemente los movimientos según los cambios de situación; los impulsos originales tienen que modificarse y reajustarse en la dinámica temporal y espacial adaptándose sin cesara las exigencias del momento.

Con una buena coordinación se logran respuestas más rápidas y precisas, economía de esfuerzo, mejor utilización de la capacidad neuromuscular, gestos más puros y exactos, mejor utilización de otras propiedades físicas como son la velocidad, la fuerza, la resistencia, etc.

La coordinación es el requisito básico para el posterior desarrollo del rendimiento motor y deportivo. Una buena coordinación de movimientos presenta las siguientes cualidades:

1. Precisión del Movimiento: Dominio de la dimensión espacial, movimientos rectilíneos hacia el objetivo, equilibrio corporal seguro.

2. Economía del Movimiento: Equilibrio en el gasto energético, magnitud de inervación moderada con impulsos adecuados a la situación.

3. Fluidez del Movimiento: Equilibrio en la dimensión temporal, impulsos musculares adecuados (ni abruptos, ni retardados, cortados, pesados o lentos).

4. Elasticidad del Movimiento: Equilibrio en la elasticidad muscular, aplicación eficaz y adaptada de la fuerza muscular, aplicación eficaz y adaptativa de la fuerza muscular de tensión y freno para absorber elásticamente los impactos del cuerpo y los objetos, por ejemplo: en los saltos, en la recepción.

5. Regularización de la Tensión: Equilibrio de la tensión muscular, relajación máxima de los grupos antagónicos, cambio rápido entre tensión y relajación.

6. Aislamiento del Movimiento: Equilibrio de la elección de músculos, inervación de los grupos musculares necesarios con seguridad máxima del impulso (evita impulsos fallidos y movimientos superfluos).

7. Adaptación del Movimiento: Reacción sensomotriz equilibrada, buena capacidad de adaptación y cambio según la situación del momento percibida por los sentidos.

A través de muchos pasos evolutivos, primero con el aprendizaje ensayo-error, luego con la valoración de lo que está mal o bien ejecutado, se va consiguiendo una disminución de los errores y se va mejorando en aciertos y exactitud.

Entre el nacimiento y el cuarto año de vida el desarrollo de las cualidades decide sobre la calidad de comportamiento motor. La mayoría de las perturbaciones coordinativas se inician en esta fase. Las mejoras coordinativas experimentan su mejor grado de crecimiento entre los 4 y 7 años, debido a las necesidades del niño de moverse, su curiosidad, los impulsos de jugar, de intentar, de probar; los movimientos superfluos disminuyen convirtiéndose en acciones más claras y bien orientadas.

La etapa escolar posibilita los buenos rendimientos coordinativos porque el niño ha aumentado sus capacidades de percepción y observación lo que le posibilita aprender copiando un modelo. El desarrollo casi completo de su percepción muscular (analizador cinestésico), le permite hacer un seguimiento interno de los movimientos observados siendo capaz de interiorizarlos.

Las capacidades coordinativas, tienen el desarrollo más intensivo hasta el inicio de la pubertad (11 - 12años), después disminuye la disposición para el aprendizaje motor espontáneo a favor de los procesos más racionales en la adolescencia.

¿Cómo se debe trabajar para lograr coordinación?
Ofrecer al niño las condiciones óptimas para la realización de sus ensayos y errores que le permitan descubrir, mediante un "tanteo experimental" la solución más adecuada en el logro de un objetivo, como lanzar una pelota, saltar un obstáculo, etc.

- Hacer repeticiones del gesto que corresponda.

- Conocimiento y representación mental exacta de movimiento a realizar.

- Realizar el gesto en la velocidad y ritmo que corresponda a una situación real (deporte).

- Utilizar sesiones repetidas pero cortas; evaluación de los gestos, corrección y fijación de los esquemas ideomotores.

Los patrones motores "maduros" de locomoción, manipulación y equilibrio revelan una coordinación normal en un niño de 7 - 8 años, ya que desde un punto de vista biomecánico son ejecutados con armonía, precisión, equilibrio, fluidez, elasticidad y ahorro de energía.

Una "mala coordinación o debilidad de coordinación", constituye una modera alteración cualitativa de los movimientos que produce una disminución leve en el rendimiento motor, debido a las diferencias individuales o también a una lenta maduración en el sistema nervioso o trastornos cerebrales leves y que puede ser corregida con ejercicios especiales dentro de la clase de Educación Física.

La "incoordinación", es una grave alteración patológica de la capacidad del movimiento y causa de un gran deterioro del rendimiento motor; debe ser evaluada por un médico especialista que indicará un tratamiento adecuado.

Correr, saltar, escalar, trepar y salvar obstáculos no ejercitan sólo los órganos y la musculatura, constituyen al mismo tiempo realizaciones fundamentales de coordinación temporal, espacial y dinámica. Todos los ejercicios de resistencia y velocidad surten al mismo tiempo un efecto "temporal coordinativo", la fuerza explosiva obra en "forma dinámico coordinativa", y los ejercicios de precisión del movimiento de un modo "espacial coordinativo".

Por lo anterior, trabajar la coordinación en un niño, debe seguir una secuencia de crecientes exigencias coordinativas que corresponden a la diferenciación próximo distal y céfalo caudal de la motricidad humana, que va desde el dominio de los movimientos amplios hasta la motricidad de precisión en un espacio reducido.

Primero hay que aprender a dominar el cuerpo en el espacio amplio antes de poder controlarlos movimientos de los miembros en un espacio pequeño. Primero los ojos tienen que dominar la tarea de llevar al cuerpo, con seguridad, a través del espacio y sus obstáculos y adaptar sus movimientos a las cambiantes circunstancias espaciales (coordinación ojos cuerpo).

Mucho más tarde se desarrolla el control visual sobre los movimientos de los miembros (coordinación ojos - manos - pies). Sólo con una suficiente aptitud funcional lograda por variadas experiencias motrices en conjunto con el desarrollo de los sentidos en lo visual, acústico, táctil, podrá formarse una representación precisa del propio cuerpo; esa conciencia del propio cuerpo es a su vez condición previa para el desarrollo de una "conciencia espacial".

Quien no ha logrado un esquema diferenciado del cuerpo y no sabe distinguir entre derecha o izquierda o arriba y abajo tendrá dificultades con la coordinación de la motricidad de todo el cuerpo.

Una buena coordinación depende en gran medida de la capacidad para organizar los movimientos en el tiempo y en el espacio.

El sentido de la vista va ayudar al niño a orientarse en el espacio y su relación con respecto a los demás, a sí mismo ya los objetos.

Las nociones de arriba y abajo, izquierda y derecha, adelante y atrás, deben estar ciaras para el niño de 6 - 7 años tomando su propio cuerpo como referencia, y hacia los 8 años con respecto a los demás y a los objetos.

La apreciación de distancias e intervalos en que el niño logre las nociones de corto - largo, junto - separado, cerca - lejos se traducirá en la ejecución de un adecuado gesto global.

La apreciación de trayectorias y velocidades tanto de los objetos como de los compañeros y de sí mismo son claves para una buena coordinación dinámica de todo el cuerpo o de ojo - manos y ojo - pies.

El oído es el sentido que permite apreciar junto con los analizadores cinestésicos, tiempo, sucesión, ritmo y medida. La estructuración temporal no sólo actúa a nivel perceptivo sino también en el plano de la ejecución motriz. En lo que respecta a la coordinación del movimiento, la importancia de la "ordenada sucesión de los tiempos, la duración y ritmo", son fundamentales.

La secuencia evolutiva a seguir en el proceso enseñanza - aprendizaje debe respetar la consumación de niveles funcionales de la biología evolutiva; cada uno de estos niveles constituye la base del siguiente:

-La experiencia sensorial (conciencia visual acústica y táctil).

-La experiencia corporal (capacidad de representación estructural de¡ tronco, cabeza, miembros).

-Experiencia del espacio amplio (coordinación corporal de la motricidad gruesa especialmente).

-La experiencia del espacio reducido (coordinación de los miembros, primordialmente motricidad fina).

Los ejercicios de coordinación simultánea de miembros y cuerpo, con la necesidad de una concentración doble o múltiple, implican enormes exigencias para el sistema nervioso central. La coordinación es un "rendimiento nervioso" propiamente dicho; acelerar el rendimiento en los niños saltándose etapas sólo puede provocar inquietud, irritabilidad y desencanto; aquí es donde valen los antiguos principios metodológicos, de lo fácil a lo difícil, de lo simple a lo complicado. Primero con globos, luego con pelotas de espuma liviana, para seguir con pelotas de voleibol, y por último, de tenis o las superpelotas de gran rebote.

Los distintos rendimientos deportivos o de expresión motriz de coordinación de un niño dependen ampliamente de sus estados de ánimo y de sus emociones. El entusiasmo causado por vivencias de éxito, incrementa el rendimiento; la depresión, inseguridad y angustia, a consecuencia de fracasos, producen lo contrario.

Tareas de movimiento que requieren precisión, estabilidad direccional y equilibrio, y, por ende, una gran concentración, se ven perturbadas por emociones tales como: furor, enojo, excitación, tristeza, nostalgia o demasiada alegría. Esas emociones impiden la concentración, o provocan tensiones musculares en caso de la ira, o flojedad muscular por la tristeza y nostalgia, afectando la coordinación.

En los niños poco coordinados y al mismo tiempo psíquicamente inestables el movimiento no es para ellos una fuente de alegría y confirmación de éxitos; además, deben tolerar que sus compañeros se burlen de ellos por su torpeza, inhabilidad y sus evidentes inhibiciones, lo que va en desmedro de su personalidad; al contrario, el niño estable emocionalmente y coordinado en sus movimientos que tiene éxito en los deportes logra un estado de ánimo alegre y sereno lo que le da seguridad en sí mismo, aceptación por parte de los demás, es requerido y respetado, tiene prestigio social.

Frente a toda expresión motora débil o descoordinado en el niño, se debe asumir una "actitud pedagógica benévola prescindiendo de toda calificación" (poner notas), procurándoles una atmósfera de despreocupada alegría y contento donde los "inhibidos" se sentirán animados a emprender sus primeras y tímidas tentativas de participación.

Precisamente, cuando tienen la sensación de no ser observados aparecen espontáneamente expresiones de movimiento placenteras; más tarde, cuando hayan recuperado lo que les faltaba y esté fortalecida su auto confianza se les debería exigir rendimiento.

Los niños "desinhibidos" impertinentes, perturbadores, que muchas veces se tratan de engañar a si mismos y a los demás demostrando, más conscientemente que inconscientemente, una actitud fanfarrona, payaseando, hablando demasiado, chocando con los demás y contra todo obstáculo, son también motivo de preocupación especial del educador, pues detrás de todas estas manifestaciones, en que además se nota una falta de dirección motriz y coordinación de movimientos, hay inseguridad, miedo, desesperación a causa de numerosas vivencias de fracaso. El educador debe saber reconocer esa debilidad y vulnerabilidad íntima del desinhibido si quiere ayudarle a vencer su actitud fallida.

De esta manera tanto el "inhibido" como el "desinhibido" alcanzan valor y auto confianza a través del paulatino rendimiento individual, impuesto por un educador sensible y afectivo, logrando la estabilización de las funciones de coordinación motriz que a su vez, contribuyen a equilibrar su comportamiento afectivo. La torpeza y la falta de dominio del movimiento ceden el lugar al logro de una amplia gama de éxitos motrices, primer paso al autocontrol, autodisciplina y confianza en sí mismo.

Estos niños ajenos o lejanos, excluidos, de repente llegan a ser interesantes y útiles; la comunidad los necesita como hábil jugador de fútbol, arquero seguro, buena bailarina o veloz corredor; por eso los respeta, los estima y los reconoce con igualdad de derechos, su prestigio social aumenta cada vez más. El niño problemático, aislado, se transformó en una pequeña personalidad armoniosa, integrada a la comunidad de sus compañeros.

Referencias bibliográficas
Le Bouch J.- El movimiento en el desarrollo de la persona. Editorial Paidotribo, Barcelona, 1997.
Kiphard, Ernest. - Insuficiencias de movimiento y coordinación en la Escuela Primaria. Editorial Kapeluz, Buenos Aires, 1976.