La Equitación Duele

Por Dr. Thomas Ritter, 1999
Traducción del sitio web Classical Dressage.com.
Colaboración de la Sra. Claudia Kaussel L.


Este es un artículo muy "motivador", tanto para Maestros, Profesores, como Alumnos y jinetes en general. Habla de lo que es la "esencia" de la equitación, nos ayudará a entender palabras muy importantes y que oiremos a menudo; Perseverancia, Continuidad, Paciencia y lo más importante, creer firmemente en lo que debemos hacer.

Muchas veces, con la mente queremos hacer algo, pero el cuerpo , en un reacción espontánea, hace otra cosa, recordándonos, que se "observa mejor" desde abajo (maestro), que de arriba (Jinete), algo que no todos los jinetes están dispuestos a aceptar... la critica constructiva del maestro... relación Maestro - Alumno.

También, es una guía importante a considerar por los maestros y profesores.
En resumen, nos pone con los pies en la tierra y nos enseñará a ser más humildes... de ahí el título.

Primero que nada, cuando digo que la equitación duele, no quiero decir que duela todo el tiempo, obviamente, pero esos dolores ocasionales (tanto físicos como mentales) son parte integral del crecimiento. (Cf. Sherry Ackerman, Dressage en la 4ª dimensión, p28: "No hay conocimiento sin dolor".

Nadie puede tener buenas actuaciones todo el tiempo. Cada actuación de alta calidad tiene que ser ganada por muchas sesiones de práctica que nos llevan cara a cara con nuestras limitaciones y actuales falencias. C.A. Huang & J. Lynch citan el proverbio budista; "La flecha que pega en el ojo del buey es el resultado de cientos de desaciertos" en su libro "Mente pensante, cuerpo danzante" (1992,93).

Esto captura muy bien la esencia de lo que trato de decir. Cada media parada ejecutada correctamente, por ejemplo, es el resultado de muchas otras en las que el tiempo, coordinación e intensidad de las ayudas, fueron incorrectas, lo que llevó a resultados completamente distintos de los que buscábamos.

P.T. SUDO habla del mismo fenómeno en su libro "Guitarra Zen" (1998,44) "La frustración ocurre cuando el cuerpo no hace lo que la mente ordena, o la mente se confunde acerca de lo que quiere hacer el cuerpo"....... Estas confrontaciones son parte integral del entrenamiento.
Nos llevan cara a cara con nuestras motivaciones y limitaciones: ¿Porqué nos dedicamos todas estas horas a practicar?, ¿Porqué deseamos lo que deseamos?, ¿Estamos deseosos de hacer el sacrificio necesario para progresar?, ¿Le estamos pidiendo a nuestro cuerpo más de lo que puede hacer?...

Estas dos citas, dejan en claro que la angustia mental a la que me refería, tiene poco o nada que ver con el profesor, ni es exclusiva de la equitación. Esta nace de nuestra preocupación, nuestra pasión por lo que hacemos, en nuestro caso particular, la equitación. Los jinetes serios y me refiero sólo a los que quieren aprender a montar en el sentido más estricto, deben compararse a sí mismos todo el tiempo con el ideal que persiguen y esto es a menudo frustrante.

Mis momentos más humildes, incluso humillantes, siempre tuvieron relación con los caballos, no con las personas. Sentarse en un caballo de Grand Prix correctamente entrenado, y darse cuenta que uno no tiene el control sobre el caballo, es dolorosamente vergonzoso. Entender cuán difícil es ejecutar algo tan simple como un pasaje de ángulos correcto (mis profesores usan "correcto" como sinónimo de "perfecto"), círculo, giro o transición, te hace humilde.

Esta frustración no nace de ser incapaz de llevar a cabo algo difícil, de ser sobrepasado. Nace de darse cuenta que no importa cuan avanzados pensemos que estamos, todavía no somos maestros de los básicos. Una vez que somos maestros de los básicos, somos maestros del arte ecuestre (Por básicos se entiende la aplicación de la Escala de Entrenamiento, a saber: Ritmo, Soltura, Contacto, Impulsión, Rectitud y Reunión). Cada vez que este darse cuenta nos pega por casa, nos hacemos un poco más humildes, mirando de reojo cuánto más lejos todavía tenemos que ir.

El dolor emocional viene de querer montar tan bien, tanto, que pasa a ser lo más importante en la vida de uno. En esta búsqueda, alcanzamos techos en nuestro progreso, "mesetas" que parecen durar para siempre (incluso aunque duren unos pocos días o semanas. La única manera de mejorar es reexaminar (y cuestionar) todo lo que hacemos, mantener las cosas buenas, descartar las malas, y reemplazarlas con una manera mejor.

La razón de esto es que cada vez que encontramos un problema, ya sea que somos incapaces de llevar a nuestro caballo en la rienda, o que nuestro caballo levanta una diagonal más alta que la otra en el piaffe, la razón subyacente está siempre en algún lado en los básicos, en la pirámide de entrenamiento, y más allá, en nuestro asiento, y el tiempo, intensidad y coordinación de las ayudas. Si encontramos el error que estamos cometiendo en nuestra monta, qué está causando la falta en la pirámide de entrenamiento, el problema original desaparecerá. Encontrar este error requiere de una seria búsqueda del alma. Tiene que empezar por la admisión de que no somos tan buenos como pensábamos que éramos. Debemos estar deseosos de cuestionar todo lo que hemos logrado, todo lo que pensábamos que sabíamos. Y el dolor que causa este proceso, y la honestidad que es indispensable para esto, es probablemente mayor que el dolor que cualquier entrenador puede infligir. Sherry Ackerman (1997,28) lo expone bien: "El dolor de destruir el ego personal no puede ser imaginado o descrito, está más allá de las palabras."

Por otro lado, como debemos ganarnos cada progreso con tanto esfuerzo, atesoramos incluso el éxito más pequeño. Es algo que nadie nos puede quitar. Lo hemos ganado, y en esos momentos en que logramos una salida y experimentamos el balance y la armonía con los que soñábamos, nos ponen por encima de los momentos en los que parecía no haber un camino correcto.
No hay nada como el sentimiento de logro y paz interna, que se crean por un avance en nuestra manera de montar.

Las "mesetas" tienen el hábito de recurrirse periódicamente, y traen la necesidad de re-evaluarse con ellos cada vez. Al principio los ajustes necesarios pueden ser dramáticos. Mientras más progresamos, se vuelven más sutiles. Desde el momento en que tratamos de hacer algo que no es natural o fácil para la mayoría de nosotros, puede que nos pongamos peor en el comienzo, hasta que estemos confortables con la nueva manera (de sentarse por ejemplo).

Al final, la nueva manera nos llevará más allá de la última "meseta" (si estamos en el camino correcto). Con el tiempo, llegaremos a una nueva "meseta" y el ciclo comienza de nuevo. Tal como Sysyphus, volvemos abajo, al pie de la montaña para poder empezar a subir el cerro de nuevo. Tan pronto como pensamos que hemos llegado a la cima, la piedra rueda abajo, y nos damos cuenta de que tenemos que empezar de nuevo.

No creo que este ciclo termine alguna vez, no importa cuán avanzados estemos.
La diferencia entre los ciclos es que cada vez estemos un poco más avanzados, un poco más entendidos, y ojalá un poco más sabios que la vez anterior.

P.T. SUDO (1998,155) lo describe de esta manera: "La primera regla de la maestría es ésta: Los que se piensan a sí mismos maestros no son maestros. No puede haber abandono del estudio, no importa cuan lejos hayas llegado. Incluso los sacerdotes más altos del Zen se dicen a sí mismos, mi zai: "No todavía". No has aprendido todo lo que puedes saber. No has dado todo lo que puedes dar. No has alcanzado la cima. Vacía tu taza y sigue andando. La misma montaña, más alto".

Puesto de otro modo, cada vez que alcanzamos una meta, nos damos cuenta que hay otras metas detrás de ésta, y otras detrás de aquellas, y otras más, más allá, sin fin. Probablemente todos hemos tenido montas "malas", después de las cuales pensamos que nunca íbamos a aprender a montar, porque las cosas no funcionaban. Al principio no podemos ver las razones. Pero si seguimos analizando y volviendo a pensar en estas "montas malas", eventualmente nos daremos cuenta. Esto es terrible porque no hay un arreglo rápido, un atajo, un camino fácil, sólo la práctica diligente de los básicos correctos. También es maravilloso, porque la práctica diligente siempre trae éxito al final. La equitación es muy democrática en este sentido. No podemos comprar un buen asiento, tacto, entendimiento y conocimiento. Tenemos que ganarlo.
Mirando hacia atrás, creo que he aprendido más de mis peores montas, porque me desafiaron a ser brutalmente honesto conmigo mismo, y a cambiar la manera en que pensaba y la manera en que montaba. Mientras que trataba de luchar contra la "meseta", evitando encarar la necesidad fundamental de re-evaluarme, el problema continuaba. Tan pronto como me admitía que no sabía nada, era capaz de hacer progreso de nuevo. En este sentido la frustración y el dolor que surgen de los errores no sólo son inevitables, son catalizadores en nuestro aprendizaje. Son oportunidades, las cuales debemos aprovechar.

Lo que es importante aquí, es que el profesor les dé confianza a los alumnos. A pesar de lo mal que monté, a pesar de lo mucho que luchaba contra mi propia incompetencia, mis profesores siempre creían que podía superar las dificultades, que era sólo cosa de tiempo y práctica diligente. Yo trato de hacer lo mismo por mis alumnos.
Cuando tú crees profundamente dentro de ti que lo puedes hacer y sigues buscando honestamente, siempre vas a progresar.

El profesor cumple una función importante en mostrarle al alumno la discrepancia entre su verdadera actuación y el ideal que perseguimos, lo que crea frustración. Pero el profesor también tiene que inspirar confianza en el alumno de que las dificultades pueden y van a ser superadas si el alumno está dispuesto a hacer lo que sea necesario. Esta es una diferencia entre los antiguos maestros y muchos entrenadores modernos. Los maestros nunca comprometían sus estándares. Ellos exigían ejecuciones perfectas de las cosas simples y en el tiempo, el trabajo más avanzado surgía de esto.

Esto requiere de mucha paciencia de parte del profesor. Implica recordar al estudiante de las mismas cosas una y otra vez, hasta que haya ganado suficiente control sobre su cuerpo para ser capaz de sentarse correctamente y de aplicar las ayudas correctas. Este tipo de trabajo es a menudo tedioso, toma un tiempo largo, pero una vez que se enraíza el progreso es fenomenal. Hoy en día muchos jinetes y entrenadores no quieren estar sujetos a esta disciplina. Se saltan a la "parte entretenida" sin haber nunca maestreado los básicos, con el resultado que el trabajo más avanzado es fundamentalmente fallido.

Alguien dijo que el profesor debe ser una inspiración para el alumno. Probablemente el profesor más inspirador que tuve es Thomas Fatejsek. El era capaz de motivarme como nadie más, conjurando una visión de perfección y haciéndola parecer a mi alcance (además de entregarnos un brillante ejemplo de cómo debían verse juntos jinete y caballo).

Por el otro lado, el exigía cada milímetro de esfuerzo que podíamos entregar y más (no hay "suficientemente bueno" cuando se trata del jinete). El me dijo más de una vez (sólo medio en broma): "No me importa si te mueres tratando, pero primero VAS A MONTAR, después te puedes morir"....

Recuerdo una lección en particular, muchos años atrás, en que pensé que había dado todo lo que podía entregar. Entonces él me gritó al tope de sus pulmones (lo que era poco común, en todo caso) y descubrí que todavía tenía algo de energía, después de todo. Esto llevó al caballo a través del umbral y nos sobrepasamos a nosotros mismos en ese momento. Si hubiera sido menos exigente, nunca habría tenido esta experiencia de éxito y logro. Thomas Faltejsek tiene el poder de hacer montar a sus alumnos un par de niveles más arriba de su habilidad normal, por esta mezcla de aliento y exigencia.
Sin embargo, no todos los alumnos quieren aprender a montar. El también se quejaba conmigo de la gente que se le acercaba diciéndole que querían aprender a montar. Cuando él les daba la oportunidad de aprender, estaban reacios a hacer el esfuerzo necesario. Así que se sentía engañado y traicionado.

Esto está en el corazón de las anécdotas que Jessica y Annette contaban del Dr. Klimke.
Hay muchos jinetes que quieren una niñera, alguien quien los arrulle verbalmente y les tome la mano mientras van por una serie de trampas. Estos alumnos nunca aprenderán a montar, aunque algunos puedan ser capaces de ejecutar algunos movimientos del nivel superior con algunos caballos.

En lo que se refiere al dolor físico, pensaba en mis propias experiencias. Muchos años atrás pasé por una etapa en la cual montar sin estribos al paso y al trote era extremadamente doloroso, porque el solo peso de mis piernas estiraba los músculos de mi rígido abductor, a tal grado, que a veces sentía que alguien me estaba sacando las piernas. Esto era sólo por el propio peso de la pierna, sin siquiera tratar de estirarla activamente. Con el tiempo los músculos se hicieron más flexibles y el dolor se fue. Puede que yo sea muy bien un caso extremo, pero pienso que todo el que monta seriamente ha experimentado alguna molestia y dolor muscular en algún momento. No creo que haya algún atleta exitoso o alguna bailarina de ballet que haya llegado a la cima sin sentir nunca fatiga muscular, sin sentir nunca molestia o incluso dolor. El progreso solo es posible estirando los propios límites, abandonando nuestra propia zona de confort.

Una de las actitudes que uno encuentra más y más a menudo en estos días es que; "montar se supone que debe ser un ENTRETENIMIENTO" y fácil, sin molestias o dolor, sin frustración. Esta actitud se origina en el mito de que puede haber maestría sin esfuerzo, lo que es completamente falso.

P.T. SUDO se refiere a este tema en un contexto completamente distinto, por ejemplo, tocar la guitarra (1998,75): "Muchos de nosotros hoy en día queremos la gratificación instantánea. Queremos la recompensa sin el trabajo. Queremos que piensen por nosotros.

Queremos entender algo al tiro o que no nos molesten. Esta actitud le quita significación a aquellos que son verdaderos maestros."

El ser maestro en una habilidad no se puede lograr con complacencia y una búsqueda superficial, sino solamente con un estudio serio por un período de muchos años.

Esto es algo de lo que muchos jinetes no se dan cuenta o se niegan a saber. Richard Waetjen, uno de los dos principales profesores de Egon von Neindorff, lo pone de esta manera (Dressurreiten, 6ª ed. 1989, 19): "Es solo el amor por el trabajo en sí mismo, lo que puede ayudar al jinete a atravesar por los muchos años, por las muchas decepciones y lo que le da la fuerza para no desesperarse sino para continuar tratando. La corona del arte de la equitación puede obtenerse solo por las décadas del trabajo y la experiencia, y con gran paciencia, que excluye los arrebatos y cualquier violencia."

Si incluso un gran maestro como Richard Waetjen experimentó la frustración y el dolor emocional de aprender a montar, sería irreal de nuestra parte pensar que podemos encontrar una manera más fácil. Hay dos expresiones en la cita de Waetjen que probablemente son la clave para esta discusión: "el amor por el trabajo en sí" y "la corona del arte de la equitación". Esa gente que enfatiza la importancia de pasarlo bien, generalmente no está interesada en lograr el ideal clásico, ni ama realmente el proceso de trabajo.

Más que buscar "entretenimiento" en la equitación, el jinete debería disfrutar del proceso de aprender (P.T.SUDO; 1998, 39f. "Hay felicidad en la lucha"), incluyendo todos los altos y bajos. Cuando estamos tratando de lograr algo significativo en cualquier aspecto de la vida; un arte, un deporte, una ciencia, es imposible hacerlo sin una cierta cantidad de dolor y frustración. Las experiencias negativas son las que le dan importancia y significado a las positivas.

Estas son las que nos hacen seguir buscando una manera mejor. El éxito raramente permite esto. Sin la lucha, no valorizaríamos nuestro progreso de la misma manera. Siempre tiene que haber un balance.