Más allá de las palabras y las cosas, hacia el despertar de uno mismo


De: “El Zen simple, el arte de vivir el momento presente”
C. Alexander & Annellen Simpkins


El Zen es el despertar de uno mismo más allá de las palabras. Cuando uno se orienta hacia su propia naturaleza tiene una experiencia que no se puede expresar por medio de conceptos; va directo al núcleo de la existencia, lo cual implica el conocimiento intuitivo antes que el análisis interpretativo.

En el Zen, las palabras se utilizan como mapas que señalan un área, pero son sólo un mapa, una mera abstracción.
La experiencia directa nos remite directamente a la verdadera naturaleza de la vida, de la realidad y de nosotros mismos.

Señalar el camino

En vez de instruir de manera didáctica, los maestros Zen guían a los estudiantes de manera indirecta, por medio de acciones o de historias, e incluso a través del silencio.
Como una barca que nos ayuda a cruzar un río, el lenguaje descriptivo puede acercarnos a la orilla. Pero luego debemos dejar la barca e internarnos a pie en el bosque.

Las historias que se utilizan para la enseñanza funcionan en muchos niveles. La primera lectura de un cuento Zen nos muestra un panorama de la experiencia Zen a través de la ventana de la imaginación.

Si dejamos de lado el análisis racional, es posible que esta escena traiga a nuestra mente un recuerdo personal, un momento en nuestra vida en el que de repente comprendimos algo que alguien intentaba enseñarnos.

Quizás quien nos enseñaba dijo o hizo algo que provocó que el mensaje se hiciera comprensible en aquel preciso momento.

La percepción emana de la intuición. Uno percibe un destello de la mente del otro y este destello inspira el entendimiento: transmisión de mente a mente, como la del Zen.