Pensamientos Ecuestres

Del libro “Reflexiones sobre el arte ecuestre”
Nuno Oliveira


El esplendor
Si el caballo ha sido iniciado en los aires de Alta Escuela, serenamente, sin nerviosismo, cuando sea necesario obtener más acción y pedir más brillantez, lo podremos obtener sin esfuerzos y sin resistencia.
Los ejercicios efectuados por medio de espuelas de puntas aceradas y duro bocado, no conseguirán dotar de belleza y gracia al caballo.
Mientras más se castiga a un caballo, más se apaga su fuego. La marca de una buena doma son la tranquilidad y la destreza, que se manifiestan en el propio caballo.
Solo un jinete tranquilo, que tenga ayudas discretas y suaves, es capaz de montar un caballo realmente educado.
Si el esfuerzo del jinete es evidente para el espectador, a pesar de pretender lo contrario, el valor, en términos de Alta Escuela, es nulo.
La equitación clásica y académica no es un espectáculo de nerviosismo y torpeza. Es un espectáculo de tranquilidad, en el que debe percibirse el placer del caballo.
Como esto puede entenderse incorrectamente, debo nuevamente enfatizar que el desarrollo artístico obtenido por técnicas superiores deben ir mano a mano con el tacto del jinete y su sentimiento y en la calidad física , moral y de descontracción mostrada por su caballo, que hace posible una gran interpretación del Arte Ecuestre.

La suavidad
No nos debemos dejar engañar por los resultados aparentemente rápidos obtenidos por el uso de la violencia. Sólo la gimnasia racional resolverá cualquier problema.
Con el fin de reducir al mínimo los problemas y las resistencias que se encuentran en el curso del entrenamiento del caballo, es necesario tener paciencia, apostura y alguna inteligencia. El caballo se acostumbrará a las ayudas poco a poco, si se le familiariza con ellas gradualmente.
Así se va preparando para percibir peticiones, que le resultarán más fáciles de ejecutar.
Un caballo nunca debe ser entrenado por el miedo. Aunque el progreso puede parecer lento, es sólo por el trabajo cortés y racional como un caballo puede ser realmente entrenado.
El caballo, cuando ha sido castigado con el fin de forzarle a efectuar un ejercicio que le es incómodo, recordará cada vez que se le pida el mismo movimiento aquel castigo, se pondrá en tensión y a veces se rebelará ante la expectativa de castigo.

El tacto
El jinete que tenga gran tacto premia el más discreto indicio de obediencia por parte de su caballo que responderá entonces serena, confida y gratamente a cualquier otra petición.
El Capitán Beudant decía: “Pedir con frecuencia, contentarse con poco y premiar mucho”.
Un caballo nunca tendrá miedo de un jinete que tenga tacto y sensibilidad porque nunca le llevará por encima de sus posibilidades.
Tacto es el propio descubrimiento, es llegar un día, después de muchas horas de monta, en el que sentimos y percibimos el auténtico significado del tacto ecuestre.
La mayor delicadeza de un jinete debe ser su tacto, con el fin de obtener la mayor flexibilidad y movilidad posibles, resultando una educación física superior.
Cuando hablo de un jinete que tenga finura, no estoy hablando de uno que no ayude a su caballo y no lo mantenga en la ligereza e impulsión o que le exija mantener una posición perfecta.
El jinete debe tratar de llegar a la etapa de tener siempre la sensación de acompañar y ayudar al caballo en cada paso, movimiento o gesto.
Cuando el asiento del jinete es seguro, sus piernas estarán bien estiradas y cuando su caballo alcance un alto grado de obediencia y equilibrio, el jinete lo dominará sin esfuerzo y su estabilidad de asiento le mantendrá en todas las ocasiones sin esfuerzo y contracción.
Es esta total tranquilidad y relajación lo que hace una sola pieza de jinete y caballo, sin impedirles ningún movimiento.

Del libro “Método racional para amansar potros y corregir caballos resabiados”
Coronel José Lepe


El arte ecuestre fue ideado por los hombres para someter y servirse de los caballos. La naturaleza creó a los equinos pero no para ser modelados o contrariados en sus facultades y posibilidades innatas; de ahí la ineludible importancia de proceder inteligentemente al aplicar los preceptos de la Equitación Racional, tendientes a mejorar e incrementar las características físicas y sicosomáticas, tanto en el hombre como en el corcel. Es un error creer que en equitación no impera otra ley que la del dominio por medio de la fuerza para someter al caballo. Las manos fáciles gobiernan los potros difíciles. Cuando hay un caballo verdaderamente resabiado, existe al mismo tiempo un jinete torpe que tiene la culpa. Corregir a un potro cuando se equivoca no es lo mismo que castigarlo cuando por indómito o por malicia se rebela, por lo tanto, el charro debe saber cómo y cuándo, con todo acierto, oportunidad y medida, debe castigar o corregir. Al equino, ser irracional que golpea a una persona, se le llama “salvaje”; al hombre, ser racional que golpea a un caballo, le llaman “valiente”. Nunca la humanidad ha estado más lejos de lo justo. Si tu caballo te teme, teme a tu caballo. Cuando estés plenamente convencido de que tu caballo es una fiera, bájate de él y toma cien clases de equitación antes de volver a montarlo. Al caballo, antes que freno, hay que darle educación. Todos los potros resultan buenos caballos cuando el jinete sabe educarlos. Hay hombres de a caballo que hacen más uso de las espuelas que del talento. No es lo mismo saber montar que ir sobre un caballo. Siempre será difícil convencer a un mal jinete de que él es el culpable de los resabios adquiridos por el caballo que monta. Restarle energías al potro restringiéndole su alimentación, para someterlo sin peligro y más fácilmente, resulta un grave error.