Para entender a los caballos hay que comunicarse con ellos

Revista Galope
Víctor Álvarez
Jinete internacional
Entrenador nacional desde 1977
Juez nacional de Doma Clásica desde 1978


El “ego” es justo lo contrario de tu verdadero ser. El ego no eres tú, sino el engaño creado por la sociedad para que te entretengas con esa baratija y no te plantees preguntas sobre lo verdadero. Naciste con tu auténtico ser. Después empezaron a crearte un falso ser: eres cristiano, eres católico, blanco, alemán, perteneces a la raza elegida por Dios, estás destinado a dominar el mundo, etc.
Crean una falsa expectativa de quien eres. Te ponen nombre y en torno a ese nombre crean ambiciones, condicionamientos.

Con estas palabras empieza el último libro que estoy leyendo. Se llama “El libro del ego” y curiosamente el subtítulo es “Liberarse de la ilusión”, escrito por Osho.
Según el prólogo, el autor no ofrece soluciones, sino herramientas para que cada persona las encuentre por sí misma.
Osho ha sido descrito por el Sunday Times como uno de los mil artífices del siglo XX y se le ha puesto a la altura de personajes como Ghandi, Nehru y Buda.

Pero vamos a hablar de caballos. No nos hemos vuelto locos de repente. La vida engloba muchas y distintas facetas y el caballo es una de ellas, que para la mayoría de los lectores invade nuestra vida en un porcentaje muy importante, por suerte para nosotros.

Valoración del lenguaje

Uno de los grandes huecos en el mundo profesional ecuestre a mi entender, es la valoración del lenguaje de los caballos, la etología está muy poco utilizada y no se emplea como herramienta para desarrollar nuestro trabajo con los caballos, sea cual sea nuestra disciplina.

Creo que en un porcentaje muy importante, no entendemos lo que nos dicen los caballos, no entendemos si están tristes, si tienen hambre, si se sienten “amenazados” por otro semental que acaba de llegar a la cuadra, por qué se vuelven agresivos, por qué esos cambios bruscos de carácter; a veces están muy atentos y a veces no hay quien los concentre.

Por qué no somos capaces de distinguir la timidez en un caballo con el miedo que pueda tener a algo que tampoco sabremos qué es?
Por qué se nos ha olvidado que los caballos están vivos, tienen sentimientos, sufren, se alegran, están de buen humor o les duele el estómago?

De dónde habrá salido esta “cultura ecuestre” que nos enseña a tratarlos como bicicletas que se aparcan el domingo por la tarde en un box para volver a darles la paliza el siguiente fin de semana galopando sin cesar en el campo hasta agotarlos?
Por qué obligarlos con tres años de edad con serretas, bocados, riendas auxiliares a que sufran el sometimiento del ser humano abusando de su buena fe?

Podría acabar este artículo con preguntas para las que la respuesta va a ser siempre la misma: falta cultura ecuestre, falta de comunicación, falta de entendimiento del lenguaje de los caballos, falta de experiencia en ese tipo de comunicación con los caballos y falta de técnica.
Parece fácil, pero es tremendamente complicado. Cuando más crees saber, más preguntas surgen, cuando más experiencia tienes, más distinto es cada ejemplar y las pequeñas diferencias se pueden apreciar con claridad.
Cada caballo es un ser vivo y hay que mirarlos como a un individuo distinto a todos. Único, en lo bueno y en lo malo!

Educación

Todos los padres y los sistemas educativos son violentos, porque no se tiene en cuenta al individuo. Los recién nacidos son sencillos, pizarras en blanco en la que los padres, profesores, educadores, escuelas, universidades, etc., no paran de escribir.
Todo el mundo se empeña en que seas alguien importante en la vida, si no, no habrá valido la pena vivir.

Lo mismo sucede con los potros. Llegan con dos años y medio a la cuadra de algún profesional y hay que empezar a escribir encima. Hay que empezar a embutir la información lo más rápidamente posible.
Hay que trabajar a la cuerda sin pensar si su dorso y su mente están preparados para ello.

El dueño quiere verlo ya montado en la pista a los tres aires, redondo y sin problemas y hay que ir rápido para que el propietario esté contento con el resultado.
De nuevo, situaciones producidas por desconocimiento del caballo como ser vivo.
Nos empeñamos en hacer del potro algo que quizás no va a llegar a ser nunca.

Pero quizás podría ser otra cosa muchísimo mejor que no tiene nada que ver con los planes que nos trazamos ese día que lo vimos nacer en la cuadra.
Pobre potro!, nadie le ha preguntado si eso es lo que quiere hacer. Como dice Dany Pevsner, especialista en Técnica Alexander y muy conocedor de la mente del caballo: “El caballo no tiene ambición de ser montado”. Cuánta razón tiene! De entrada, el caballo ve “violada” su intimidad. Le imponemos una serie de normas preconcebidas, porque hay que pasar por ahí para llegar a ser un buen caballo de Adiestramiento, de Rejoneo, de campo, de paseo, etc.

Alguien nos ha dicho que un potro debe hacer todo eso para que esté bien domado.
De repente, gente a la que apenas conoce en un sitio al que acaba de llegar, lo sacan a la pista con un montón de artilugios, trallas, fustas, gritos, arreones que no entiende y debe sobrevivir.

Debe intentar entender qué pasa. Los caballos con mucha clase son los que más sufren esta falta de experiencia y esas órdenes, que en la mayoría de las ocasiones, suelen ser contradictorias.

Preguntas más frecuentes

No nos hemos parado a pensar ni a analizar primero cómo es ese caballo, qué medios tiene, cómo es su dorso, si tendrá fuerza en los riñones y en sus espaldas, cómo son sus espaldas, tendrá buenos cascos, me entiende o se lo repito de otra manera?
A la edad que tiene, está formado suficientemente para hacerlo trabajar o nos esperamos unos meses?
Salimos al campo a muscular el dorso o sigo en la pista peleando con él para que se reúna en el galope?
Y su cabeza, como está psicológicamente hablando? Está receptivo, está enfadado? Nos entiende? Puede entender todo lo que le estoy diciendo que haga? Tiene fuerza en la cabeza en su físico para hacer lo que le pido?
Tantas y tantas preguntas de nuevo con la misma respuesta.

Estoy cansado de ver cuidadores que enseñan a los potros de la mano con una serreta agresiva, a un ayudante con un látigo arreando al caballo desde atrás y sujetando al caballo al trote impidiendo que vaya hacia delante con la mano, no vaya a ser que se escape o que trote, azuzando con el látigo por detrás para que lo haga con expresión.

Eso sí, bien adobado con gritos, ruidos raros y plásticos blandos para que el pobre animal esté más brillante.
Suele hacerse con caballos españoles, ya que tienen tan buen carácter que es en la única raza que se suele ver este trato.

Me gustaría ver a esos mismos cuidadores tratando de la misma manera a caballos de Pura Sangre, caballos alemanes u holandeses con clase. Acabarían estampados en la copa de un pino y seguramente intentarían aprender de ello.

Siempre he creído que la buena cabeza del caballo español es un arma de doble filo. Ello ha estancado a la inmensa mayoría de cuidadores de ganado en una “cultura ecuestre” desprovista de cualquier cultura.

Sólo analizando lo que nos dice el caballo, teniendo la mente abierta a ello, pensando lo que puede estar pensando, teniendo en cuenta que es un animal vivo, mejoraría el trato con los animales en todas partes.

El “ego” es justo lo contrario de tu verdadero ser. El ego no eres tú, sino el engaño creado por la sociedad para que te entretengas con esa baratija y no te plantees preguntas sobre lo verdadero. Naciste con tu auténtico ser. Después empezaron a crearte un falso ser: eres cristiano, eres católico, blanco, alemán, perteneces a la raza elegida por Dios, estás destinado a dominar el mundo, etc.
Crean una falsa expectativa de quien eres. Te ponen nombre y en torno a ese nombre crean ambiciones, condicionamientos.

Lo hacemos con nosotros mismos y también con los caballos. Por qué no abrimos nuestras mentes para intentar hablar con ellos, comunicarnos con ellos, entender su lenguaje?