Objetivos Esenciales del Adiestramiento:
Regularidad, cadencia y franqueza


Revista Galope
Mercedes Gonzáles Cort
Profesora de equitación, diplomada de Honor por la Escuela de Equitación de Viena
Primer jinete en la REAAE

La regularidad de los aires, la franqueza y la cadencia son términos difusos y poco comprensibles, pues son el resultado de las diferentes etapas del entrenamiento y forman parte de un todo, cuyo resultado es una visible mejora de la calidad de los aires y la ejecución de los ejercicios.

No pueden contemplarse como elementos aislados, pero deben practicarse de forma específica. Un movimiento, aire o ejercicio no debe considerarse satisfactorio si no conlleva estas cualidades en su ejecución, siendo imprescindible su presencia si se pretende llegar un resultado óptimo del desarrollo del movimiento y el potencial del caballo.

La regularidad

La regularidad de las batidas en los tres aires es de suma importancia para el entrenamiento sistemático. Es el objetivo prioritario para el Adiestramiento básico, porque permite fijar los aires y la velocidad para desarrollar el movimiento hacia delante, mejorar la soltura y la descontracción para acrecentar el empleo del dorso y los posteriores.

No hay que confundir ritmo con regularidad, puesto que se puede tener ritmo en un aire, pero si no es continuo, a veces es más rápido y a veces más lento, no existe regularidad.

La regularidad de los aires sólo es posible si existe coordinación natural y soltura del movimiento.

Para que la regularidad se mantenga se debe empezar por practicarla en los círculos, donde se puede ayudar al caballo a ordenar su equilibrio y se controla mejor la velocidad.

En los caballos jóvenes es habitual que en cuanto haya pérdida de equilibrio se altere el ritmo y se pierda la regularidad.

A su vez, cuando la regularidad no es constante, es normal que el contacto sea variable, dificultando aún más fijar un ritmo regular.

Establecer un contacto regular con el grado adecuado, incide directamente en la regularidad de los trancos.

Los caballos que aún no dominan los cambios de dirección y las transiciones, experimentan alteraciones de ritmo para remediar su pérdida de equilibrio o de impulsión, siendo cuando más difícil les resulta conservar la regularidad.

Primero el caballo tiene que aprender a efectuar leves giros sin perder la regularidad.

Pasar del círculo a la línea recta y de la línea recta al círculo es un ejercicio en el que hay un cambio de dirección leve y progresivo, sin inversión de incurvación, en el que el caballo puede empezar a mantener la regularidad al mismo tiempo que efectúa el cambio de dirección.

El siguiente paso es practicar el cambio de dirección con cambio de incurvación sin perder la regularidad.

A primera vista es un ejercicio que se desprecia por su aparente simplicidad, pero que no es válido si no se ejecuta dentro de las condiciones de equilibrio, flexibilidad, impulsión, rectitud y regularidad.

El jinete no debe introducir ejercicios de mayor dificultad mientras que el caballo pierda la regularidad en los más simples.

En todas las etapas del entrenamiento del caballo, no hay que olvidarse de incidir en la regularidad.

El trote es el aire más indicado para fomentar la regularidad , porque es el aire en el que el caballo lleva más impulsión que en el paso y encauza su equilibrio mejor que en el galope.

La cadencia

En Adiestramiento, la cadencia es la palabra sublime. El concepto de cadencia implica principalmente cualidades de la estética de la armonía y proporción del movimiento.

La regularidad no es suficiente para que el aire del caballo sea correcto.

Un caballo puede desplazarse con un aire regular y un ritmo uniforme, pero si sus trancos son rígidos, carecen de expresión, son lentos o rápidos, es porque carece de cadencia. La cadencia es la bondad del ritmo.

Para que la cadencia de los aires se produzca, se requiere la presencia de muchos elementos en su grado justo: calma, regularidad, impulsión, empleo de dorso y posteriores, equilibrio, fluidez y contacto. Cuanto mayor sea el tiempo de vuelo de cada extremidad, así como mayor sea el tiempo de apoyo y empuje, será más fácil alcanzar un aire cadenciado y obtener mayor expresión del movimiento.

La colaboración del jinete debe extenderse al crecimiento de ambos, al tiempo de vuelo y al tiempo de apoyo y empuje, ya que si uno aumenta en detrimento del otro el efecto resultante es un aire artificial con una falsa cadencia. Trabajar los tres aires en cadencia proporciona coordinación y entrenamiento muscular, y desarrolla el empleo correcto de todo el cuerpo del caballo en beneficio de la producción del movimiento.

No hay que confundir un caballo cadenciado con un caballo dormido. El caballo dormido utiliza el mínimo de energía posible, va despacio, apagado y sin impulsión, mientras que el caballo cadenciado permanece relajado, enérgico y expresivo.

Cada caballo tiene su ritmo y su cadencia óptima.

El jinete tiene que saber escuchar y medir sin forzar, para colaborar y ayudar eficazmente a su caballo a desarrollar su cadencia óptima.

La franqueza

La franqueza denota el agrado y la buena disposición del caballo al trabajo, la facilidad de ejecución y la complacencia a los deseos de su jinete y la utilización de su energía sin esfuerzo aparente, la difícil facilidad.

La franqueza es la obediencia y aceptación a las ayudas, la prontitud de respuesta y la voluntad de ejecución con naturalidad, destreza y comodidad.

Significa estar exento de resistencia, estorbo o impedimento. La falta de franqueza en el caballo se hace patente cuando existe cualquier tipo de rigidez o resistencia, cuando falta atención y confianza del caballo en su jinete o cuando el caballo se hace el remolón para cumplir al mínimo de las órdenes del jinete.

En el Adiestramiento, la franqueza se expresa de una forma más sutil y por lo tanto, más difícil de evaluar, la presencia de otras cualidades a veces puede enmascarar la insuficiencia de franqueza.

En el Salto, la franqueza se manifiesta con más claridad sobre todo en la acometida del salto, ya que el caballo franco aborda el salto con determinación y rectitud respondiendo a las ayudas del jinete, mientras que si existe cualquier resistencia o incertidumbre, si el avance hacia el salto es irregular o dubitativo, es indicativo de falta de franqueza.

La franqueza sólo se consigue aplicando las ayudas y las correcciones en la intensidad correcta y en el momento oportuno en todas y cada una de las fases de la enseñanza. Cualquier ayuda o corrección mal administrada proporciona un impedimento a la franqueza en el caballo.

Conseguir la franqueza sólo es posible cuando el jinete no comete errores en el análisis de sus resultados y aplica en cada momento la no intervención, la cesión o la intervención idónea, requiere la perfección de las acciones del jinete. Un caballo franco es el exponente del buen hacer de su jinete.

Faltas comunes

No se puede plantear la franqueza, la cadencia o la regularidad como algo que se consigue en una lección.

El jinete no puede plantearse en un día y una lección determinada que “hoy voy a conseguir” la franqueza, la cadencia o la regularidad, cuando lleva utilizando durante bastante tiempo un método carente de estos conceptos, porque sólo se ha ocupado de desarrollar otras áreas.

Es una equivocación olvidar estos conceptos con la excusa de conseguir en menos tiempo unos resultados más llamativos.

Por ejemplo: conseguir un trote largo más espectacular recurriendo a una precipitación inicial de los trancos con pérdida de regularidad y de cadencia, o forzar la incurvación de un caballo para vencer una resistencia o arrancarle la ejecución de un ejercicio provocando la carencia de franqueza.

La impulsión, ligereza y elasticidad, la obediencia a las ayudas practicadas día a día es lo que permite alcanzar la cadencia y la franqueza que acrecientan la función y expresión máxima de cada caballo.