Un potro con terror

Revista Galope
Lucy Rees
Etóloga galesa reconocida internacionalmente que ha trabajado durante toda su vida para desarrollar una forma diferente de relacionarse con los caballos.


Habituación por inundación
En la habituación por inundación, se introduce todo el estímulo a la vez y se deja al animal suelto hasta que se dé cuenta de que sus protestas no le ayudan y entonces se calme. Esto es usado en una Doma bruta, por ejemplo, a un potro cerril que se le pone una montura con estribos y se lo cincha, soltándolo para que bote hasta que se pare.

Mientras funciona con algunos caballos de poca sangre (y sólo algunos), la mayoría de los de sangre caliente nunca se calman de verdad y tienen más miedo al estímulo la próxima vez que se les presenta, si no se han desplomado por el pánico.

Un domador me mostró un potro Anglo- árabe al cual había puesto la montura así, de golpe, en la cuadra, seis horas al día durante tres días. El potro estaba rígido, con terror, el sudor cayendo a chorros al suelo. Me costó un mes quitarle el miedo: tenía pánico a la vista de una montura, incluso puesta en el suelo y lejos de él.

El domador creía que estaba loco por no tolerar el trato que aguantaban los caballos cruzados españoles a los que estaba acostumbrado. Igual, si le hubiera soltado en el picadero, el potro se habría habituado por inundación, pero así no habría solución.

Un estímulo demasiado fuerte

A veces por error, ponemos un estímulo demasiado fuerte y al potro le entra el pánico. Lo mejor es ignorarlo si podemos, hasta que se calme, es decir, trabajamos por inundación. Si bloqueamos su pánico o consigue quitarse el estímulo, de la última cosa que se acuerda es del miedo, no de la calma y por eso, tiene más miedo cuando lo intentamos de nuevo.

Si montamos a un potro demasiado rápido y nos tira por el pánico que siente, tendrá más miedo la segunda vez que lo montemos y nos tirará por el mismo motivo.
Si se nos escapa un potro dándole cuerda y corre asustado con la cuerda entre sus patas, mejor dejarlo hasta que pare y animarlo a andar con la cuerda todavía en el suelo para mostrarle que no le ataca.

Si corremos asustados gritando y agitando nuestros brazos para arrinconarle, llegará a la conclusión de que corría gran peligro y se asustará cada vez que vea la cuerda en el suelo.

Sorpresas desagradables

La habituación tiene varias características que nos dan sorpresas desagradables si no somos concientes de ellas:

Una es el rebote: si hacemos la habituación, incluso bien, en un período corto como un día y después no la repetimos, resurgirá el miedo. Por eso, si habituamos al potro a varias cosas y después lo dejamos un mes sin trabajar, será mejor que empecemos desde cero, sin esperanza de que se acuerde. Curiosamente, se acordará de otros tipos de aprendizaje mejor

La habituación, como otros tipos de aprendizaje en el caballo, tiene efecto de sitio y de rutina: el caballo concluye que “no le pasa nada” aquí, pero no concluye que sea una regla universal. De la misma manera, hay un efecto de rutina. Es por eso, que enseñamos en el mismo sitio, con la misma rutina, para ayudarle inicialmente. Después, cuando parece que se ha habituado, cambiamos el sitio y la rutina.

Un caballo se habitúa a un estímulo a un lado de su cuerpo pero no sabe que es lo mismo para el otro. Tenemos que trabajar los dos lados por igual. Hay muchos potros que no dan cuerda a la derecha y por ello se acostumbran a vernos casi siempre con el ojo izquierdo. Otra vez nuestro error ha sido enseñarles mal.

Es la repetición la que hace la habituación, más que los premios, aunque a veces los premios nos ayudan a inmovilizar al potro de manera agradable. Por ejemplo, si levanta la mano, la apoya en la nuestra, pero de inmediato la retira, mejor que pelear será tener a alguien que le dé comida en el momento que tenga su mano en la nuestra. Si la retira, también se le retira la comida (funciona muy bien para herrarlo la primera vez). Pelear, incluso si vencemos, es perder, ya que le deja recuerdos desagradables como el castigo Rehabitual a un caballo resabiado es aproximadamente mil veces más difícil que hacer las cosas bien desde el principio. El caballo tiene expectativas tan negativas que protesta incluso a la primera señal de lo que pretendemos.

Por eso, los premios ayudan muchísimo y a veces, un ayudante para administrarlos en el momento exacto, es imprescindible. Trozos de zanahoria son perfectos, ya que son concretos y especiales.

Tenemos que acordarnos que el caballo normalmente no tiene ninguna idea de lo que queremos conseguir y generalmente, por su experiencia, pegarle y nada más.

Quizá no tiene más miedo que un potro sin experiencia, lo que teme es el castigo.

Proceso de acercamiento

Empezamos nuestro camino de acercamiento en un punto tan lejos que sabemos que el caballo no protestará. Lo premiamos y ya cambian sus expectativas. Un centímetro hacia la meta: premio, pausa. Otro centímetro: premio, pausa. Muchas veces es mejor no esperar a hacer todo en una sesión, sólo conseguir más que lo que era posible antes y hacerlo desde cero en días sucesivos llegando más lejos.

Una vez que se da cuenta de que no le pegaremos, el caballo no necesitará los premios. Cuando las respuestas del caballo son peligrosas, por ejemplo en el caso del caballo alto que nos busca para darnos una coz cuando intentamos coger sus patas traseras, podemos usar el método de fatiga: nos colocamos en un sitio seguro y con un palo largo acariciamos su dorso, su grupa, su pierna, tranquila y suavemente.

Cuando dé coces, lo ignoramos, continuando sin parar con toda la calma posible. El propósito es demostrarle que sus protestas sólo le sirven para cansarse. En el momento en que nos deje tocarle sin protestar, lo felicitamos y empezamos de nuevo con la mano.

Cuando un caballo está resabiado, no vale entrar en la misma situación y pelear cada vez, porque confirmamos su resabio. Es mejor evitar el asunto totalmente, pensar en nuevo programa de enseñanza y los preparativos que necesita (amigos, zanahorias) y ponerlo en práctica con imaginación, inteligencia y calma.

Conclusiones a estudio

El caballo es sencillamente un animal que se busca la vida. No tiene ninguna idea de la obediencia, ni de deberes, ni ganas de complacernos. No le gusta tener miedo y cuando le ofrecemos una manera de evitarlo, se lo quita. Cuando las cosas le salen bien, quieren repetirlas. Cuando le salen mal, no quiere saber nada del asunto.

Si un lobo le ataca y le hace daño, pero consigue escaparse, no se quedará quieto la segunda vez que vea un lobo.